Pedro Javier Gutiérrez, psiquiatra colombiano, publicó en la Web un artículo que versa sobre la creencia que tenemos que siempre habrá tiempo... hasta que un día no lo tenemos. “Qué frágil es la vida, nos levantamos cada mañana convencidos que habrá un mañana.
Hacemos planes para la próxima semana, para las próximas vacaciones, para cuando tengamos más tiempo, más dinero o menos preocupaciones. Vivimos instalados en la ilusión que la vida nos debe otro día. Hay personas con las que hablamos hoy, sin imaginar que esa será la última conversación. Hay abrazos que damos sin saber que son despedidas.
Hay mensajes que dejamos para después, llamadas que aplazamos y palabras que guardamos porque creemos que tendremos otra oportunidad. Y a veces, esa oportunidad nunca llega. La muerte de un pariente, de un amigo no solo duele por su ausencia, duele porque nos enfrenta a todas las cosas que damos por sentadas, nos recuerda que nadie está aquí para siempre. La muerte tiene esa capacidad brutal de poner las prioridades en orden.
De repente dejan de importar muchas discusiones, los egos, los orgullos y las razones que tanto defendíamos. Lo urgente se vuelve insignificante, y lo verdaderamente importante aparece frente a nosotros con una claridad dolorosa. Entonces uno entiende que la vida nunca fue la reunión que teníamos pendiente, ni el negocio que queríamos cerrar, ni la meta que perseguíamos.
La vida era esa llamada que no hicimos, era ese abrazo que dejamos para después, era ese te quiero que pensábamos que la otra persona ya sabía. Era esa visita que seguimos aplazando. Escribo estas líneas para recordarte que si hay alguien a quien amas, lo llames hoy. Que si hay alguien a quien extrañas, le escribas, que si tus padres aún están vivos, los abraces un poco más fuerte. Que si tus hijos están en casa, dejes el teléfono a un lado y les regales tu tiempo.
No sigas aplazando la vida, porque la tragedia más grande no es morir, la tragedia más grande es descubrir, cuando ya es demasiado tarde que olvidamos vivir”.