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Nuevas reglas flexibles de viaje despiertan esperanza cubana


Funcionarios cubanos han indicado durante años que podría darse un cambio, pero el sistema burocrático que limita los viajes sigue intacto.

27.05.2012

En su ordenado departamentito en esta ciudad, Niurka sueña con visitar Miami algún día para ver la casa de su hijo y la escuela donde estudia medicina.

También añora decirle adiós a su difunto padre junto a su tumba y conocer a los hijos de su hermano mientras todavía son pequeños.
“La necesidad económica ha separado a nuestra familia”, dijo. “Quiero reunirla”.

Sin embargo, dar el salto de 30 minutos a Florida no será fácil para Niurka, una doctora de 45 años, cuyo hermano salió de Cuba hace una década, seguido por su padre y, luego, hace cinco años, por el hijo de 24 años de Niurka.

Como todos los cubanos, necesita permiso para salir, pero como un elemento del celosamente resguardado cuerpo médico del país, es posible que la obliguen a esperar años para obtener un permiso de salida, si es que se lo otorgan alguna vez.

Así es que Niurka, quien pidió que no se usará su nombre completo para no arruinar sus posibilidades de viajar, espera ansiosamente una reforma prometida a la normativa migratoria de Cuba por la cual se ha controlado durante medio siglo quién puede salir de la isla, quién puede regresar y cuánto tiempo pueden estar fuera.

Cualquier flexibilización en los controles sería un paso adelante en la eliminación de una de las restricciones a la libertad más profundamente resentidas y un hito en la marcha gradual hacia las reformas económica y social del presidente Raúl Castro.


Funcionarios cubanos han indicado durante años que podría darse un cambio, pero el sistema burocrático que limita los viajes sigue intacto.

Si se vuelve más fácil para los cubanos salir legalmente de la isla, la reforma podría estimular la migración económica y profundizar los vínculos entre la isla y los dos millones de miembros de la diáspora, cuyo dinero y experiencia de negocios puede ser vital en los planes gubernamentales para agrandar drásticamente al sector privado.

“Si tienes un cambio significativo en la ley de migración, será un parteaguas”, dijo Arturo Lopez-Levy, un académico nacido en Cuba que salió de la isla hace 10 años y dicta conferencias en la Universidad de Denver.

“Podría desatar el potencial de todo el programa de reformas y podría empoderar a los actores que prefieren la reconciliación entre los cubanos en la isla y la diáspora”, dijo. “Se trata de una coyuntura crítica”.

Cientos de miles de cubanos se han ido al exilio o migrado en las últimas cinco décadas, y muchos de los que han llegado a Estados Unidos lo han hecho en parte porque la política estadounidense promete residencia a los cubanos que logren desembarcar.

Se cree que miles han muerto tratando de cruzar el estrecho de Florida en lanchitas. Aunque muchos cubanos hoy pagan a contrabandistas para que los lleven a Estados Unidos vía México, la Guardia Costera estadounidense sigue encontrando aspirantes a inmigrantes en el mar. Este mes, elementos de la Guardia Costera recogieron a más de 50 cubanos en las costas de Florida y los devolvieron a Cuba.

Hubo un aumento en la esperanza por la nueva normativa para viajar en agosto pasado, cuando Castro dijo al parlamento que el gobierno trabajaba en “la actualización” de la ley.

Después, en una entrevista publicada esta primavera, Ricardo Alarcón, el presidente del parlamento, dijo que el gobierno planeaba una reforma “radical y profunda” en los próximos meses. El viceministro de relaciones exteriores Dagoberto Rodríguez dijo en abril, durante una videoconferencia con cubanos en ultramar, que hay “avances” en el tema.

En filas en la oficina de migración, en blogs y en conversaciones entre isleños y miembros de la diáspora, los cubanos cuestionan si el gobierno se deshará de semejante burocracia lucrativa o se arriesgará a permitir la salida de los trabajadores de la salud cuyas misiones fuera del país permiten que Cuba gane miles de millones de dólares cada año.

“Una cosa es que un país extranjero no permita que entres y otra que tu propio país no te deje salir”, dijo Amparo García, una vendedora de joyas, cuya hija de 23 años está tramitando un permiso para visitar a su padre en Angola.

Cubanos y analistas dijeron que cualquier tipo de cambio provocaría interés en viajar, pero sería poco factible que generara un éxodo masivo porque muchos países restringen la cantidad de cubanos a la que permiten entrar, al exigir que obtengan la visa con antelación.


Estados Unidos exige una visa para viajar legalmente; no obstante, los cubanos que se presenten en un retén fronterizo o que logran llegar a la costa estadounidense pueden quedarse y, después de un año, buscar la residencia permanente.

Según la normativa actual, los cubanos que quieran ir al extranjero enfrentan un conjunto apabullante –y costoso– de permisos y disposiciones.

Es frecuente que para obtener una visa de salida de Cuba, se tenga que presentar una carta de invitación del país al que se quiere visitar, con lo cual el costo de todo el proceso sube por encima de los 300 dólares –una suma significativa en un país donde el salario promedio es de unos 20 dólares mensuales (los cubanos también reciben una gama de subsidios y servicios del Estado).

Muchos cubanos obtienen el permiso para salir en días o semanas, pero el gobierno restringe rigurosamente el viaje de niños, personal médico y otros profesionales, así como a elementos de las fuerzas de seguridad.

A Niurka, por ejemplo, el Ministerio de Salud Pública debe “liberarla” del deber para que pueda solicitar un permiso de salida.

Pueden perder derecho a la ciudadanía

El gobierno también niega a menudo permisos para viajar a disidentes o críticos, como el activista y bloguero Yoani Sánchez, quien ha escrito sobre las 19 veces que lo han rechazado.

Una vez en otro país, los cubanos deben pagar en el consulado cubano más cercano si se quedan más de 30 días.

La tarifa es de alrededor de 60 dólares mensuales en Europa y 150 dólares mensuales en Estados Unidos. Después de 11 meses fuera, los cubanos pierden, por lo general, el derecho a ser ciudadanos.

El gobierno ha insinuado que mejorará la disposición sobre los 11 meses, lo cual mejoraría su relación con los cubanos en el extranjero.

Los funcionarios han suavizado su lenguaje otrora cáustico contra los cubanos en otros países y ha promovido conversaciones con ellos sobre su papel en el futuro de la isla.

Los cubanos que viven en ultramar, en particular en Estados Unidos, envían al menos mil millones de dólares –algunas estimaciones son del doble– en remesas cada año. Invierten dinero en familiares, negocios y, furtivamente, compran casas y automóviles en la isla.