Jalisco, México.- El 22 de febrero se ha convertido en una fecha que ha quedado marcada en la historia del crimen organizado en México: la captura en 2014 de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, líder del Cártel de Sinaloa y uno de los narcotraficantes más buscados del mundo, y, doce años después, la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), dentro de un operativo militar en Jalisco.
El 22 de febrero de 2014, fuerzas especiales de la Secretaría de Marina-Armada de México, con apoyo de agencias de Estados Unidos, capturaron en Mazatlán, Sinaloa, a Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”, considerado jefe del Cártel de Sinaloa y uno de los criminales más buscados por las autoridades mexicanas y estadounidenses después de más de una década prófugo.
La detención se logró a las 6:40 a.m. en un operativo con elementos de la Marina Armada de México, la DEA y los Marshalls de Estados Unidos, en un condominio de Mazatlán, sin que se registrara un solo disparo, según indicaron fuentes oficiales.
Guzmán había estado escapando tras su fuga de la prisión de Puente Grande en 2001 y se le atribuía el crecimiento del Cártel de Sinaloa, considerado en su momento la organización de tráfico de drogas más poderosa en el mundo.
La captura fue descrita por el entonces fiscal general de Estados Unidos, Eric Holder, como un “logro histórico” en la lucha contra el narcotráfico, que cerró 13 años de intensa persecución internacional.
La muerte de "El Mencho"
Exactamente doce años después, el 22 de febrero de 2026, las fuerzas federales mexicanas abatieron a Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder máximo del CJNG en un operativo táctico en Tapalpa, Jalisco.
Este capo era considerado el narcotraficante más buscado por México y Estados Unidos, responsable de una gran parte del tráfico de fentanilo, metanfetamina y cocaína hacia territorio norteamericano y uno de los criminales con mayor estructura de poder en el país.
La operación, ejecutada con apoyo de inteligencia mexicana y estadounidense, desencadenó reacciones violentas en varios estados del país, con bloqueos en carreteras y enfrentamientos que llevaron a autoridades a declarar código rojo en la región.
Ambos hechos, separados por doce años, representan dos de los golpes más significativos propinados por el Estado mexicano y sus aliados internacionales al crimen organizado.
La captura de “El Chapo” puso fin a uno de los periodos más largos de fuga de un narco, mientras que la muerte de “El Mencho” podría generar un aumento de violencia debido a las luchas internas del CJNG o que, por represalia, se sumen carteles aliados como los del Golfo, Juárez, Tijuana o grupos como "Los Chapitos".