Comayagüela, Honduras
La frase ¡Bienvenidos!, escrita sobre la pared de la entrada, hace sentir hasta al más extraño en casa.
El logo que representan las montañas y el cielo de Honduras, la cobertura del Espíritu Santo, la Biblia abierta y los bigotes del misionero Harms, es un pasaporte al cielo para muchos hondureños de tierra adentro.
Esta es la Casa David, un lugar cálido, pensado y dedicado exclusivamente al servicio de los familiares de los pacientes del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS).
Creación
Ubicada a una cuadra del IHSS del barrio La Granja, Casa David abrió sus puertas en febrero pasado, pero el sueño de crearla nació hace 20 años en el corazón de Marvina Hooper.
Ella y su esposo Howard vinieron en calidad de misioneros a trabajar con estudiantes universitarios de la capital.
Marvina, de origen estadounidense, con visión futurista y con un carisma -que no permite quedarse de brazos cruzados ante las necesidades de los demás o ser indiferente a las desgracias del prójimo- fue testigo de una problemática que marcó su vida.
Constantemente vio cómo a los centros asistenciales llegaban pacientes de tierra adentro cuyos familiares, ante la falta de recursos, no tenían con qué sufragar los costos que implicaban la comida y el hospedaje.
Hacia las necesidades de estas personas era donde quería llegar Marvina y con este sueño retornó a su país. Pasaron los años pero este ideal nunca se apartó de su mente.
Hace unos meses atrás, mientras leía un libro, encontró lo que buscaba a través de frases que cayeron como semillas en tierra fértil.
“Que es el sueño que Dios ha puesto en tu corazón, del que nunca has hecho nada y que no lo puedes lograr si Dios no lo hace por medio tuyo; leer esto fue determinante para mí y pensé sobre el sueño que tenía para Honduras”, expresó.
Para la honra de Dios, como ella misma afirma, en Comayagüela se instaló un pedacito de cielo denominado Casa David, además un refugio de esperanza. Con personería jurídica propia y sostenida a través de ayudas que vienen del extranjero, este lugar, que honra la memoria del misionero David Harms, se rige bajo tres principios: la excelencia en el servicio, la transparencia financiera y dar a conocer a Cristo y el amor de Dios.
En Casa David, cuya capacidad es para 26 huéspedes y un bebé, se brinda a las personas, desayuno y cena, también kits de limpieza y sobre las camas bien ordenadas encontrarán la Biblia y un devocionario.
Sobre las paredes de cada habitación está plasmada la Palabra de Dios, que se vuelven inspiración, aliento y esperanza.
El sueño que Marvina y su esposo Howard Hooper concibieron en sus corazones hace 20 años es realidad en Honduras, y particularmente en Comayagüela.
El propósito es que dentro de dos años Casa David logre ser autosostenible y que los hondureños sientan propio este hogar y refugio celestial.