Estados Unidos.- El pequeño Orlín Josué Hernández Reyes, de tan solo dos años de edad, murió luego de quedar bajo el cuidado de un familiar mientras su madre, Wendy Hernández Reyes, una migrante hondureña, permanecía detenida por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Estados Unidos.
Hernández Reyes llegó a Estados Unidos en 2022 junto a su hermana de manera irregular, mientras se encontraba embarazada.
Según una publicación de The Washington Post, la mujer huyó presuntamente de situaciones de violencia en su país, por lo que solicitó asilo en territorio estadounidense, donde nació su hijo.
Años después, Hernández Reyes fue detenida en Alabama durante un operativo migratorio y posteriormente trasladada a un centro de detención en Luisiana, antes de ser deportada a Honduras en enero de este año.
Muerte del pequeño Orlín
Tras su detención, el pequeño Orlín quedó bajo el cuidado de su tío, identificado como Samuel Maldonado Erazo, también hondureño; una de sus propias hijas declaró que Maldonado Erazo era conocido por consumir alcohol en exceso y por agredir físicamente a sus propios hijos.
De acuerdo con las investigaciones, el menor fue encontrado sin vida en marzo y las autoridades del condado de Escambia, en Florida, informaron que Orlín presentaba múltiples lesiones graves.
La autopsia reveló costillas rotas, quemaduras y otras señales de violencia severa, además de posibles indicios de abuso sexual.
Por el caso del pequeño, Maldonado Erazo fue acusado formalmente de asesinato, aunque se declaró inocente ante la justicia estadounidense; el médico forense determinó que la causa de muerte fueron múltiples traumatismos provocados por agresiones reiteradas.
Declaraciones de su madre
Todd Lyons, director interino de ICE, aseguró que Hernández Reyes “decidió dejar a su hijo con un asesino violento”, lo que generó fuertes críticas de organizaciones defensoras de migrantes.
No obstante, la defensa legal de Hernández Reyes asegura que ella solicitó en repetidas ocasiones llevarse a su hijo antes de ser deportada, pero sus peticiones no tuvieron respuestas.
“¿Cómo iba a abandonar a mi hijo, si era el amor de mi vida?”, declaró la hondureña a The Washington Post.
Concluyó: “Lo hacía todo por mi hijo. No soy una mala madre por haberlo dejado con un asesino”.