El devastador paso del huracán Sandy por Estados Unidos
tocó a la comunidad hondureña radicada en esa nación del norte de América.
La zozobra y el pánico se apoderaron de la familia Safner Lagos, un matrimonio conformado desde hace 12 años por una hondureña y un estadounidense.
Ericka Merary de Sadner describió a EL HERALDO los días horribles que han pasado desde el anuncio del gobierno de la tormenta combinada con un frente frío y un vendaval.
“Ha sido horrible, espantoso. Las copas de los árboles han caído sobre los techos de las viviendas y los vehículos uno tras otro”, relató aún en medio del asombro.
Ericka, sus tres hijos y su esposo, viven en Bayonne, Nueva Jersey desde hace 12 años y asegura que nunca había experimentado un fenómeno tan fuerte como la ya degradada tormenta Sandy.
La noche del lunes, esta familia hondureña no durmió. Los estruendos que provocaban la caída de árboles sobre las casas vecinas les arrebataron el sueño.
“Acá las ventanas son grandísimas y estamos totalmente expuestos a que un árbol rompa los cristales. Es espantoso”, contó.
Desde las 10:00 de la noche del lunes, todo el poblado quedó sin energía eléctrica y los comunicados oficiales han dicho que se podría restablecer el servicio hasta diez días después.
“Mi familia que vive en la colonia Torocagua estaban preocupados por nosotros, pero gracias a Dios ya logramos comunicación”, comentó.
Hasta este martes no había transporte público y algunos túneles viales estaban inundados, informó.
“Hay mucho pánico, es como vivir de nuevo el Mitch”
Justo en el 14 aniversario de la desgracia de Honduras y a solo 20 minutos de Washington DC, la familia López-Pestañer revivió y tropicalizó en Estados Unidos las duras imágenes del huracán Mitch.
“Había mucha zozobra y temor porque sucediera lo peor. Para nosotros los centroamericanos es como que estuviéramos viviendo de nuevo el paso del Mitch”, relató Karla López, una hondureña que desde hace ocho años radica junto a su familia en el estado de Maryland.
La connacional que labora para el Banco Mundial describió ciertos parajes de desastre causado por Sandy en su zona, en la cual nadie está autorizado y tampoco se atreve a salir aún de sus viviendas, a menos de que se trate de una emergencia.
“Mis hijos preguntan por qué no se puede salir. Yo les digo que por el frío para no alarmarlos”, comentó.
En los alrededores hay muchos árboles caídos, sótanos de viviendas inundadas y con severos daños en techos, patios y cercados.
“He pasado la tormenta viendo las noticias las 24 horas y pegada a mi ventana, observando la destrucción de afuera”, contó.
Desde las primeras informaciones de la tormenta, esta familia buscó abastecerse de alimentos. Para el domingo ya había escaseado el agua en las tiendas y supermercados.
“Estamos asombrados. Había visto tormentas, pero nunca como esta de fuerte, que ha sido devastadora para Estados Unidos, sobre todo para el este”, externó.
La actividades escolares y laborales permanecen paralizadas hasta nuevo aviso.
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“No nos pasó nada, pero en los alrededores es un caos”
Para la familia de Rosa Idalia Reyes, el manto del Señor y las acciones preventivas fueron vitales para que la desgracia de la tormenta Sandy no tocara las puertas de su casa.
EL HERALDO hizo contacto con esta hondureña, madre de siete hijos, cuatro de ellos en Honduras y los tres restantes en Estados Unidos. reside en el barrio Jamaica, Queens, Nueva York, desde hace aproximadamente ocho años.
“Por fortuna no pasó nada, estamos tranquilos, pero afuera y en los alrededores hay casas inundadas, negocios cerrados, el tren subterráneo suspendió operaciones y no hay paso por los túneles hasta el día de hoy”, detalló la señora.
Relató que la noche de la tormenta la pasó encerrada junto a dos de sus vástagos, Brandy y Erick, de 7 y 27 años, respectivamente, pero en una relativa calma.
No así su otra hija, Ninoska, quien vive en Nueva Jersey, uno de los sectores más golpeados.
En vista de las alarmas, Ninoska, de 19 años, se vio orillada a trasladarse a Nueva York para garantizar la protección de su hijita de cinco años, Asheley.
La señora Reyes se mostró aliviada porque la sombra de la tragedia no se asomó por ninguna esquina de su casa, aunque en las zonas aledañas resultaron decenas de ciudadanos evacuados e interminables domicilios inundados.
A pesar de que al principio tuvieron problemas para comunicarse con su familia en Juticalpa, Olancho, lograron hacer contacto a tiempo para descartar cualquier temor.