Pese a que conoce muy bien su discurso, porque es su historia, la historia que aún le arraca lágrimas, ningún momento preparó a José Luis Zelaya para contarla ante un grupo selecto de estudiantes de la Universidad de Harvard.
'Este chavito que creció en las calles de Honduras, que no tenía dónde acostarse, ahora estaba en una de las mejores universidades del país, del mundo e iba a tener la oportunidad de compartir su historia', recuerda José Luis en entrevista con ElHeraldo.hn.
Su comparecencia ante una de las mejores universidades del mundo el viernes pasado es una de varias satisfacciones que ha recibido gracias a su tesón por salir adelante.
José Luis es un soñador que desde la miseria ha ido tejiendo su futuro y ahora comparte la historia de su vida para inspirar a niños y jóvenes a seguir adelante.
Durante mucho tiempo, su principal fuente de ingresos ha sido la elaboración de varios accesorios de crochet, con lo que logró llegar a estudiar en la universidad y ahora está a un paso de terminar su maestría.
Este hondureño dejó el anónimato cuando llegó a contar su historia en el programa Despierta América de Univisión, donde lo sorprendieron cuando le entregaron el documento que le concedía el permiso para quedarse y trabajar en Estados Unidos, en el marco del programa de los Dreamers que aprobó el presidente Barack Obama.
Durante la conversación, su voz se quiebra al recordar su vida, llena de dolorosos momentos que han formado su carácter no sólo para salir adelante, sino para que otros puedan creer que también que cuando se quiere se puede.
Y es que su historia tiene de todo, problemas familiares, pobreza, deseo de seguir adelante y sus propias heroínas, su madre y su abuela, a quienes ama y protege, pero mantiene su hermetismo al contar detalles sobre ellas.
Pero quizá los recuerdos más dolorosos son los de ese trayecto hacia los Estados Unidos, en el que vio tanta violencia y abuso, y que aún permanecen en su corazón como una herida recién abierta.
El escenario y la audiencia varían, pero José Luis es el mismo, la historia es la misma, igual de dura, igual de inspiradora, donde él mismo demuestra sus dotes haciendo crochet para dar a conocer que 'el arte nos puede ayudar a educarnos'.
Desde niños de primer grado hasta universitarios, José Luis se ha vuelto un verdadero motivador, con fe en Dios y quiere que otros logren sus metas.
'El chiste no es contar una historia triste, no es contar una historia que le dé a la gente pena, sino que el chiste es poder contar la historia porque muchos niños en Honduras y otros países siguen viviendo mi propia historia'.
Quizá esta sea su principal motivación, ser un maestro y enseñarles a sus alumnos a no rendirse y animarlos a 'hacer la diferencia'.
Su deseo de tener su propio salón de clases lo motivan aún más y tiene una meta clara.
Comenzar enseñando a adolescentes, para luego trabajar con jóvenes y finalmente regresar a la Universidad de Texas A&M, para instruir a aquellos que luego se convertirán en maestros como él.
Su visita a Harvard lo ha impresionado porque 'gente que conoce tanto, aplaudan tu historia, la historia de mi país, de mi mamá, de mi familia y digan que te admiran significa mucho para mí'.
'No sólo me lo dicen a mí, lo dicen a todo lo que represento y una de las cosas que represento es mi país'.
Pero no sólo es contar su historia, es hacer que aquellos que lo escuchan hagan algo para ayudar a la sociedad, porque 'los jóvenes son el futuro de la sociedad'.
Reforma migratoria
'Hay veces que voy manejando y veo una ambulancia o tal vez miro a un policía, siempre me da ese temor, pero confío en que no ando haciendo nada malo'.
José Luis tiene un permiso de trabajo, pero aún siente el temor que tienen todos los indocumentados de ser detenidos, de estar en una celda a la espera de la deportación y finalmente dejar Estados Unidos con las manos vacías.
Su historia también fue escuchada por el Grupo de los 8, que conforman la comisión bipartidista que prepara la propuesta para la reforma migratoria, que beneficiaría a 11 millones de indocumentados.
Sin embargo, lamentó que con al deportación de personas trabajadoras se está separando familias, sin importar si los bebés acaban de nacer.
'Una reforma migratoria simplemente nos daría la oportunidad de ser tratados como lo que somos, como humanos, que tengamos la oportunidad de trabajar, de educarnos y servir a la comunidad'.
Además Zelaya ha visitado y compartido su historia con aquellos que están en contra de la reforma, para que comprendan la necesidad de legalizar el estatus de los millones de indocumentados.
Redefinir al hondureño
Su propia historia no le permite decirle a las personas que no viajen a los Estados Unidos, pero lo único que hace es aconsejarle que confien en Dios.
'Que Dios los bendiga, que Dios los guarde en el caminos, planeen antes de venir acá, no puedo decirles que no hagan lo que yo hice, porque si la gente se va es
porque las condiciones en la que está viviendo en su país no son las mejores'.
Pero además les recuerda que la situación también es difícil allá y tienen que esforzarse para salir adelante.
Sin embargo, para lo hondureños que permanecen en Honduras, reflexiona que lo mejor es 'redefinir' lo que es el hombre hondureño.
'El hombres no es el que le pega, es el que respeta a su mujer, que es educado, con buenos modales', señala.
E insiste en la necesidad de continuar en la escuela, de estudiar, de prepararse, de no ceder a la presión de las pandillas, de no dedicarse a actividades ilícitas.
'Si un chavito que creció debajo del puente la hizo, ellos también pueden hacerlo'.