Liberan a Carmen Mejía, hondureña que venció una condena injusta de 22 años en EE UU
Tras ser sentenciada a cadena perpetua en 2003 por un crimen que no cometió, la hondureña Carmen Mejía salió de prisión en Texas y no será deportada
- Actualizado: 11 de marzo de 2026 a las 11:36
La madrugada de este miércoles 11 de marzo, la hondureña Carmen Mejía dio sus primeros pasos a la libertad absoluta, ya que finalmente fue liberada tras permanecer 22 años y siete meses en prisión por un crimen que nunca cometió en Texas, Estados Unidos.
La compatriota fue recibida entre lágrimas y abrazos por sus abogados de Innocence Project.
"Fui fuerte, creí que me iba a morir allá. Fui fuerte, yo creí en Dios", fueron las primeras palabras de Carmen Mejía tras cruzar el umbral de la prisión.
La tragedia de Mejía inició cuando fue señalada de haberle quitado la vida "intencionalmente" a un bebé de diez meses que ella cuidaba.
En aquel entonces, los peritos aseguraron que el hecho fue provocado, lo que llevó a un jurado a declararla culpable. Sin embargo, décadas después, la ciencia y la persistencia legal demostraron que la verdad era otra: fue un accidente doméstico.
Shabel Castro, abogada de la organización Innocence Project, explicó que el testimonio de los expertos en el juicio original era incorrecto. "Hemos podido llegar a la verdad con nueva evidencia de que lo que dijeron era testimonio incorrecto", señaló la jurista, destacando que la Corte más alta de Texas finalmente reconoció que el crimen simplemente no ocurrió.
A pesar de que un juez del Condado Travis anuló su condena y la declaró legalmente inocente, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) pretendía tomar su custodia para deportarla a Honduras, debido a que su estatus migratorio se perdió tras la sentencia injusta.
No obstante, la movilización de defensores y la presión legal lograron un segundo milagro: ICE retiró la orden de detención migratoria impuesta en 2009, confirmando que Mejía podrá permanecer legalmente en los Estados Unidos, bajo su estatus de TPS, permitiéndole reconstruir su vida en el país que la encarceló.
Durante su tiempo en cautiverio, Carmen enfrentó no solo la soledad de la celda, sino también una dura batalla contra la salud. "Él me ha hecho muchos milagros, me sanó de cáncer y ahora me hace libre por medio de ellos y por medio de mi juez. Mi juez es un ángel", relató visiblemente conmovida.
Su rutina de supervivencia espiritual consistía en la oración constante y escuchar música. "Orar, poner mis rodillas en el piso, escuchar música. Mi música favorita es cristiana, en ella me daba fe, amor. Y yo estaba llorando, porque mi corazón es humilde", confesó al describir cómo mantuvo la esperanza cuando creía que todo estaba perdido.
Antes de alejarse de los muros de la prisión, Mejía dejó un mensaje de aliento para las mujeres que dejó atrás. "A mis compañeras que están de por vida: que no pierdan la fe, porque Dios se demuestra en el más débil, ahí está él", dijo entre lágrimas ante los medios presentes.
Su liberación ha causado conmoción en Estados Unidos y Honduras, pues el sistema judicial finalmente le devolvió el nombre y la libertad que nunca debió haber perdido.