Hondureños en el Mundo

'Hago todo lo que no hacía en mi casa: cocino y aseo”

'Espero que mi familia me mire allá por EL HERALDO, estoy contento, les pido que se cuiden mucho, siempre pienso en ellos”, cuenta el catracho.

11.07.2012

El buen humor y su nueva pasión por el arte culinario son las características que mejor describen a Francisco Serrano, un catracho beneficiado con este programa de trabajo temporal.

Nació en La Virtud, Lempira, y lleva siete meses en Canadá, donde lo más importante para él es el buen compañerismo.

Él es uno los hondureños que trata de dar ánimos y fuerzas al resto de los compañeros para soportar las inclemencias del clima, lo duro del trabajo y la lejanía de la familia.

“Estamos acostumbrándonos, porque es duro estar fuera del país y de la familia, pero estamos haciendo un esfuerzo para salir adelante con nuestras familias y nuestros hijos a ver si reparamos un poquito nuestras viviendas”, dice.

Francisco es uno de los chefs del grupo. A pesar de que su esposa no le dio ninguna cátedra culinaria antes de dejar su pueblo, sus compañeros dicen que cocina bien.

“Aquí le hacemos de cocineros para preparar y ayudar a nuestros compañeros... aquí también barremos, trapeamos... cuando comenzábamos a agarrar las escobas nos ampollábamos porque no podíamos ja, ja, ja”, bromea Francisco.

La buena actitud con la que este connacional ve la situación en Canadá es una muestra de que este grupo de hondureños no se achicopala tan fácilmente.

“Hoy hasta quiero poner un restaurante en La Virtud, de tanto que he aprendido aquí quiero poner un negocio”, vuelve a bromear Francisco.

Una de las especialidades de Francisco es el pollo con salsa y papas cocidas. “Las tortillas también las hago, frijolitos y huevitos... aquí servimos de todo... llevo una buena experiencia para contarles a mis hijos, quiero darles el buen ejemplo”.

Si Honduras fuera mejor

En Honduras sembraba la tierra “era un campesino mal pagado sembrando milpa y frijolar”, relata.

A veces, detalló Francisco, cuando no encontrábamos trabajo en Honduras “nos cruzábamos a El Salvador a ganar cinco o seis dólares diarios”.

“Es duro estar aquí, pero vale la pena porque yo comparo esos seis dólares por día que ganaba en El Salvador con los 10.50 que gano por hora acá en Canadá, pienso que puedo hacer mucho”.

Francisco envía cerca de 200 dólares semanales a su familia, la mitad para que compren comida y lo demás para ahorrarlo en la cuenta de banco.

“Uno nunca sabe cuándo puede necesitar el dinero, por eso ahorramos la mitad de lo que ganamos”.

A Francisco le gustaría que en Honduras se viviera igual que en Canadá donde “usted puede dejar dinero en estos apartamentos y no se pierde, uno camina con libertad por las calles sin miedo a que le quiten el celular de las manos, esto aquí es bonito, no le ponen el puñal a uno por una papada”.