Hondureños en el Mundo

Campesinos catrachos exploran el idioma inglés

De los 800 campesinos hondureños que están trabajando en Leamington, varios están decididos a crecer profesionalmente estudiando inglés. Esto, dicen, les podría abrir más puertas laborales.

11.07.2012

La maestra Rachel Ginsberg entra al salón de clases, saluda a sus alumnos en inglés y luego les explica el objetivo de la lección de ese día en español.

No es una clase de la mejor escuela bilingüe de Tegucigalpa impartida a los hijos de la clase pudiente de Honduras. Se trata de una clase para campesinos hondureños de las zonas más pobres del país que hoy acceden a aprender inglés gratuitamente.

Esta oportunidad tuvo que surgir en el exterior, en Canadá, porque en Honduras a duras penas se imparten cerca de cien días de clases anuales.

Las noches en Leamington tienden a ser un poco largas. El sol, en la época de verano, se esconde cerca de las 10:00 de la noche.

Es por eso que después del trabajo, hay muy pocas cosas que hacer para los hondureños y mucho tiempo para invertir. Por eso, muchos creen que pueden aprovechar al máximo ese tiempo y han decidido aprender inglés.

Junior Omar Gutiérrez es uno de los estudiantes hondureños, él es originario de Reitoca, Francisco Morazán, y cuenta que en ese lugar estudió estructuras metálicas pero nunca tuvo la oportunidad de estudiar inglés.

A pesar de que es nuevo en el curso, con apenas dos asistencias a la clase, expresa sentirse motivado por aprender este idioma, pues su estadía en esta nación ha sido de cierta forma complicada y de mucha dependencia de aquellos que de cierta forma pueden decir al menos unas “palabritas” en inglés.

“Quiero aprender, es difícil aprender, me está costando... he venido a trabajar pero se dio la oportunidad de que nos vienen a dar clases, entonces allí estamos, a ver si aprendemos”.

La maestra del curso declaró que “yo doy clases a estas personas desde el inicio de este año, pero también el año pasado di clases en nombre de mi organización”.

Ella trabaja con una organización sin fines de lucro, que le paga a ella para dar las cátedras de manera gratuita a estos trabajadores.

“Es la creencia de nuestra organización que la educación es un derecho humano y por eso es importante enseñar a otras personas que no tienen la oportunidad de aprender en las escuelas o que trabajan en partes retiradas de la ciudad, es una manera de empoderar a las personas”.

Los hondureños, junto con los otros trabajadores reciben dos horas de clases cinco veces a la semana.

Las clases se imparten en varias granjas. “Habemos dos maestras más dando otras clases en otras granjas a personas como ellos”, contó Ginsberg.

“Los hondureños se portan muy bien, han aprendido bastante y esperamos que no desistan”, responde cuando se le pregunta por la conducta de los catrachos.

Mientras tanto, Junior confiesa que no puede decir muchas frases completas en inglés, pero ha avanzado con los pronombres personales y los verbos ser, estar y tener.

Pese a eso se despide de EL HERALDO de una forma muy original: “Thank you my friend por la entrevista... ja ja ja”.