La insalubridad reina en el municipio de Oropolí. Los promontorios de basura y aguas grises se observan en diferentes puntos de la comunidad.
Lo más grave es que ríos y quebradas se han convertido en los sitios predilectos para depositar los desperdicios.
Los olores pestilentes que emanan de la quebrada San José son la prueba del daño que ha sufrido el riachuelo.
El caudal se encuentra a unos metros del barrio La Ronda, en el lugar hay desde zapatos en mal estado, sillas, botellas y bolsas plásticas hasta cartón y utensilios domésticos.
El lugar se ha convertido en el sitio idóneo para la proliferación de moscas, zancudos y ratones, situación que genera riesgo para la salud de los pobladores.
José Luis Mendoza, director de la Unidad Municipal Ambiental, manifestó que este problema se presenta desde hace varios años en el sector.
Tren de aseo
En la comunidad funciona el servicio del tren de aseo una vez a la semana, pero no es suficiente para recolectar los desechos que genera la comunidad.
El pago mensual por el servicio es de 10 lempiras en la categoría domiciliar, mientras las pulperías y mercaditos cancelan de 20 a 30 lempiras.
Según el entrevistado, en varias ocasiones se han aplicado multas a las personas que lanzan los desechos en lugares prohibidos, pero la práctica continúa. Las sanciones económicas van desde los 500 a los 1,000 lempiras.
Tratamiento de la basura
Las cinco toneladas de basura que recolecta el tren de aseo son depositadas en un botadero improvisado, ubicado a unos dos kilómetros del casco urbano.
Las autoridades de la Alcaldía, unos cuatro años atrás, adquirieron un predio para construir el botadero municipal, pero por falta de 40,000 lempiras no se ha habilitado.
Alcantarillado
Sumado a los malos hábitos de los pobladores de tirar la basura en los ríos y quebradas, el problema ambiental se agudiza aún más por falta del alcantarillado público.
Los pobladores se ven obligados a botar las aguas grises en los solares, calles y quebradas. A nivel urbano se cuentan 500 viviendas. Ubalda Chávez, de 51 años, vecina, manifestó que el alcantarillado es un sueño para todos. La señora se ve obligada a recolectar las aguas grises en un recipiente para luego verterlas.
En la localidad el 35 por ciento de las viviendas poseen servicios sanitarios con pozo séptico, otra cantidad igual tiene letrinas y el resto de habitantes realizan sus necesidades fisiológicas al aire libre. De acuerdo con un estudio de la comuna se necesitan 8,000,000 de lempiras para ejecutar el proyecto de alcantarillado en el casco urbano.
Marvin Barahona, médico asignado al centro de salud de la comunidad, explicó que aunque en el consultorio reciben una cifra baja de pacientes con diarrea no significa que no haya un porcentaje alto.
“Lo que sucede es que las personas utilizan remedios caseros para curarse de las enfermedades gastrointestinales generadas quizás por contaminación”, dijo el galeno.
El entrevistado confirmó además que en la comunidad también se han presentado casos de dengue clásico.