Tegucigalpa, Honduras.- Hasta hace poco, las calles de Tegucigalpa, Danlí, Trojes o Choluteca eran un espejo del drama migratorio que también se vivía en el resto del continente. Familias enteras durmiendo en aceras, estaciones migratorias desbordadas y carreteras convertidas en ríos humanos que avanzaban sin descanso hacia el norte.
Hoy, ese paisaje ha cambiado, el tránsito persiste, pero ya no avanza con la misma fuerza; ahora, muchos de los que cruzan Honduras lo hacen de regreso hacia el sur.
Los datos oficiales del Instituto Nacional de Migración (INM) confirman lo que a simple vista ya se percibe: la migración irregular de extranjeros por territorio hondureño se ha reducido de manera drástica en el último año.
Entre 2022 y diciembre de 2025, Honduras registró más de 1.2 millones de migrantes irregulares, una cifra que, vista en conjunto, esconde una transformación profunda del fenómeno.
El punto más alto se alcanzó en 2023, cuando el país contabilizó 545,043 personas en tránsito irregular, convirtiéndose en el año de mayor presión migratoria en la historia reciente.
En contraste, para 2025 el número cayó abruptamente a 39,087 migrantes, una reducción que redefine el papel de Honduras dentro del corredor migratorio regional.
El comportamiento por años revela un patrón claro; en 2022, el flujo ya era significativo, con 188,858 migrantes, pero aún manejable frente a lo que vendría después.
El estallido ocurrió en 2023, impulsado por crisis políticas, económicas y humanitarias en varios países del Caribe, Sudamérica y África.
Para 2024, aunque el número bajó, Honduras seguía siendo uno de los principales territorios de paso. No obstante, 2025 marcó un quiebre: el tránsito irregular se redujo en más de un 89 % respecto al año con más registros.
Este descenso no fue uniforme durante el año. El análisis mensual muestra que 2025 inició con 8,341 migrantes en enero, pero a partir de febrero y marzo las cifras comenzaron a caer de forma sostenida. Octubre y noviembre mostraron ligeros repuntes, antes de cerrar diciembre con apenas 2,434 personas, el mes con uno de los registros más bajos de todo el período analizado. Este comportamiento mensual contrasta fuertemente con 2023 y 2024, cuando hubo meses que superaron los 90,000 migrantes, reflejando un flujo continuo y masivo.
País de origen
Del total acumulado entre 2022 y 2025, los migrantes provenientes de Venezuela encabezaron la lista con 473,548 personas, seguidos por Cuba con 308,033 y Haití con 159,694. Estas tres nacionalidades concentraron más de la mitad del flujo total.
Sin embargo, cuando se observa únicamente 2025, el mapa migratorio cambia radicalmente. Ese año, Cuba con 18,698 y Haití con 12,379 dominaron el flujo, mientras que Venezuela cayó a apenas 1,656 migrantes.
La migración irregular por Honduras ha sido, mayoritariamente, joven y en edad productiva. El rango de 21 a 30 años concentró 484,953 personas, seguido por el grupo de 31 a 40 años con 342,857. En conjunto, estos dos rangos representan más del 65 % del total, confirmando que la migración sigue siendo impulsada por jóvenes que buscan oportunidades económicas o escapar de contextos de inestabilidad.
Aun así, los datos también revelan la persistencia de una migración familiar. Más de 119,978 niños de 0 a 10 años y 146,253 adolescentes de 11 a 20 cruzaron Honduras de manera irregular entre 2022 y 2025.
El análisis por sexo muestra una composición relativamente equilibrada, aunque con predominio masculino. En el período completo, los hombres representaron alrededor del 50 %, seguidos por mujeres y grupos familiares.
Hoy, el país ya no observa multitudes avanzando hacia el norte, sino grupos más pequeños, muchos de ellos retornando al sur o desistiendo del viaje.
Las cifras del Instituto Nacional de Migración no solo documentan una reducción histórica, sino que marcan el cierre de un ciclo migratorio que transformó a Honduras en uno de los escenarios clave del drama humano continental y que ahora, lentamente, comienza a quedar atrás.
Acciones migratorias de Estados Unidos
Para la defensora de derechos humanos y experta en migración Itsmania Platero, la reducción del paso irregular de personas por Honduras no puede entenderse como un fenómeno aislado ni espontáneo.
A su criterio, el descenso del flujo responde principalmente a una contención regional coordinada, impulsada por políticas migratorias más restrictivas de Estados Unidos y replicadas por los gobiernos de la región.
“Todos los presidentes se alinearon”, sostiene, al señalar que Honduras terminó por sumarse a una estrategia de control que ya estaba operando en México, otros países de Centroamérica y Sudamérica.
Platero subraya que las políticas migratorias impulsadas durante la administración de Donald Trump, aunque calificadas en su momento como pasivas, sí tuvieron un impacto real en el terreno.
El cierre de fronteras, el endurecimiento de controles y los acuerdos bilaterales, como los vinculados al TPS y al concepto de “tercer país seguro”, contribuyeron a frenar el tránsito masivo.
“Honduras fue el último eslabón que se planchó enormemente”, afirma, al explicar que el país dejó de ser el punto donde se desbordaba un flujo que ya había sido contenido en el resto de la región.
Sin embargo, la experta advierte que la reducción no significa la desaparición de la migración irregular, sino su transformación.
Las grandes caravanas prácticamente desaparecieron, pero fueron sustituidas por un “flujo hormiga” constante, menos visible y más disperso.
En este nuevo escenario, muchos migrantes ya no avanzan hacia Estados Unidos, sino que quedan varados en países de tránsito o se repliegan hacia el sur, especialmente tras el cierre efectivo de la frontera estadounidense, que Platero estima en más del 90 % de contención.
Desde su análisis regional, Panamá y México emergen como piezas clave del nuevo mapa migratorio. Panamá, señala, se prepara para nuevos flujos debido al recrudecimiento de la violencia en Haití y otros países, mientras que México ha comenzado a posicionarse como país de destino y acogida, no solo de tránsito.
Platero insiste en que el descenso del flujo no implica que las causas estructurales de la migración hayan desaparecido. Por el contrario, afirma que estas se han profundizado.
A su juicio, el migrante se ha convertido en un “negocio” para los Estados, mientras la respuesta humanitaria se debilita y las personas quedan atrapadas en sus propios países o en territorios de tránsito sin protección.
En ese contexto, la defensora considera que Honduras enfrenta ahora un desafío distinto: atender mejor a una población migrante menor en número, pero con necesidades más urgentes.