Humuya y Lauterique, ejemplo de convivencia en un país golpeado por la violencia

Los valores morales que ha logrado practicar y heredar su población, y el apego a las religiones católica y evangélica, es parte de los elementos que han llevado a estos dos pueblos a vivir en paz

  • Actualizado: 28 de julio de 2026 a las 00:00
Humuya y Lauterique, ejemplo de convivencia en un país golpeado por la violencia

Tegucigalpa, Honduras.- “Aquí vivimos tranquilos. No hay gente maleante que ande haciendo daño. Es un municipio sano; hechos de violencia no se miran”, expresa con notoria amabilidad, don Celso Solano, mientras transita montado en su burro por las calles del pacífico pueblo de Humuya.

El municipio de Humuya, en el central departamento de Comayagua, se destaca por ser uno de los 298 municipios de Honduras con menos homicidios ocurridos en la década entre 2016 y 2025.

Sus estadísticas son tan favorables, referente a índices de violencia, que en ese período de tiempo, en los 54 kilómetros cuadrados que comprende su territorio, solo se registró un homicidio, en el año 2017, o sea, hace casi 10 años.

El Observatorio Nacional de la Violencia (ONV), adscrito a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), junto a las instituciones que conforman la Mesa Interinstitucional de Validación de Muertes por Causa Externa, posiciona a Humuya como el segundo municipio con menos homicidios en esa década, sitial de orgullo que comparte con Lauterique, perteneciente al departamento de La Paz.

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Esta evidente armonía, sus pobladores la atribuyen a que casi toda su gente se conoce entre sí, sabe quién es el vecino, interactúan con él, y a que han aprendido a vivir bajo los consejos sanos de antaño.

Las actividades relacionadas con la ganadería y la agricultura son visibles en las calles de Humuya. Don Edgardo Lara transita con su carreta halada por bueyes.

“Yo ando tranquilo, sin temor de nada, porque aquí hemos convivido, nos hemos criado; la gente del pueblo nos conocemos y somos familia casi todos”, cuenta don Celso Solano.

Abel Solórzano, alcalde municipal de Humuya, resalta que el pueblo que él dirige como autoridad civil, es bendecido por tener este clima de paz.

“Ha sido un municipio, digamos, cero violencia. Se ha debido, desde tiempo atrás, a que las familias de aquí casi todas somos conocidas y a que hemos tratado de mantener alejadas a personas de otros lados”, explica el edil.

Una de las medidas tomadas, para evitar que foráneos de dudosa reputación lleguen a vivir a Humuya, es solicitarles cuál fue su último domicilio y las razones por las que decidieron ir a vivir, en especial, a su casco urbano.

“Siempre hemos mantenido esa cultura. Les pedimos las constancias de vecindad de las personas para tratar de mantener un municipio sano”, asegura el alcalde Abel Solórzano.

El respeto a lo ajeno

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A unos metros del parque municipal, vive don Mario Lara. Con el azadón en sus manos, limpiando una pequeña milpa en el patio frontal de su casa, relata otro de los elementos que ha sido fundamental para vivir con la calma que se pasan los días en Humuya.

Don Mario Lara limpia su pequeña milpa de maíz, en pleno centro del pueblo de Humuya. Asegura que vive feliz.

“Este es uno de los pueblos más sanos que hay en Honduras. Puede dejar sus bicicletas o motos frente a la casa y no pasa nada. Una vez, para una feria, dejaron una moto botada; estuvo un mes allí, y no le pasó nada, hasta que la vinieron a traer. Tal vez de otro lado es que pueden venir, pero aquí no le tocan nada”, relata don Mario.

En la misma línea se refiere Edgardo Lara, un campesino dedicado a realizar fletes de arena y productos agrícolas en su carreta halada por bueyes. “Aquí todo es paz y tranquilidad, y cualquiera se lo va a decir. Nos llevamos casa por casa, nos conocemos todos”.

La serenidad de la que gozan los habitantes de este pequeño pueblo les ha permitido tener una población que alcanza la longevidad, al no tener que lidiar con el estrés que deriva de la inseguridad.

Doña Enriqueta Vallecillo, una anciana de 80 años de edad, se enorgullece de la quietud con la que a vivido toda su vida en este municipio. “Vivimos tranquilos nosotros. Aquí no hay delincuencia, ni nada”, reconoce, al tiempo que asegura que son privilegiados de vivir en este municipio.

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Don Antonio Martínez es propietario de una de las unidades de transporte de la ruta Humuya-La Paz, y destaca la tranquilidad con la que ejerce su labor, sin el temor de ser asaltados.

Los murales pintados en las paredes de las casas de Humuya, reflejan los dos rubros a los que se dedica su gente y de los que se sienten orgullosos: la ganadería y la agricultura.

"Aquí es bien tranquilo, el pueblo es bien tranquilo, la ruta no tiene ningún problema, nada de asaltos, ni nada. Tenemos seis años de tener esta unidad (de transporte) y nunca hemos tenido problemas", al referirse a extorsiones y asaltos, según Martínez.

El transportista recuerda que han pasado muchos años sin saber de una muerte violenta en su zona, cosa que los hace sentir orgullosos de vivir en esta tierra.

Humuya está ubicado a 33 kilómetros de la cabecera departamental, Comayagua; el séptimo municipio con más homicidios en la actualidad; pero, la cercanía con esa urbe no ha hecho mella en las buenas costumbres de Humuya.

Y es que la escasa incidencia no sólo es con relación a consumarse un homicidio. También es en las pocas acciones de violencia que ocurren en su territorio. Erick Gómez, doctor del Centro de Salud de Humuya, detalla que “en los tres años que yo tengo de estar laborando aquí en el centro de salud, y no se ha atendido ningún caso de heridos, ya sea por arma blanca o por arma de fuego. Es prácticamente nula”.

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Tampoco hay registro de asaltos a mano armada o hechos parecidos, circunstancias que los convierte en un pueblo de paz.

Tal y como lo dice el mural que da la bienvenida al casco urbano de Lauterique, su gente vive feliz, sin incidencia de homicidios y otros hechos violentos.

Valores arraigados

En la misma zona, muy cerca de Humuya, está Lauterique, al sur de La Paz; es otro de los denominados “municipios blancos”, por parte del Observatorio Nacional de la Violencia (ONV), al contabilizar pocos hechos violentos, entre estos, los homicidios.

Entre 2016 y 2025, este pequeño poblado de unos 3,250 habitantes solo registró un homicidio: ocurrido en el año 2021; esta situación apacible, según sus moradores, se debe a los valores arraigados que profesan quienes viven en este término municipal.

“Hay muchos factores para que exista ese clima de tranquilidad en nuestra comunidad. En primer lugar: la integración familiar; las familias están siempre unidas. También el temor de Dios que hay en el sector. Siempre se habla mucho de la palabra de Dios”, comparte José Hernán Gómez, servidor de la iglesia católica de este pueblo.

“Es muy raro que haya un homicidio; tal vez algún caso aislado podría darse, pero normalmente es un pueblo tranquilo. No se miran esos hechos como las masacres que se miran en otros lados, robo y otro tipo de violencia”, exterioriza don José Gómez.

De los visitados por EL HERALDO, Lauterique es uno de los municipios que no cuenta con una estación o posta policial; sus pobladores aprendieron a vivir sin ella, lo ven como algo normal, aseguran que no existe esa necesidad.

El transitar de sus pobladores por las calles de Lauterique, devela la tranquilidad en medio de la que vive su población.

Osbin Gómez, jefe municipal de Lauterique, es del criterio de que los índices de violencia en su municipio se deben a que su gente es dedicada al trabajo, que lucha en el campo, en la ganadería y en la producción de granos básicos y café.

“Para mí es de mucha satisfacción, que nuestro municipio, y según yo tengo conocimiento, en los últimos 17 años hemos aparecido en la medición que hace el Observatorio de la Violencia de la UNAH, como uno de los municipios con menos incidencia de problemas de muertes violentas”, argumenta el servidor público.

El edil resalta que “es posible que las enseñanzas de nuestros padres y de nuestros abuelos hayan incidido en la formación de la gente que actualmente habita en nuestro municipio y que también ha cambiado esa mentalidad de ser violentos”.

Gómez reconoce que la parte educativa, aportada por los maestros en los centros educativos, ha contribuido a que haya esos índices en materia de seguridad. “Hay una característica importante del pueblo: es que la gente es bien religiosa”, revela Osbin.

Alegres de regresar

Con un poco más de 36 kilómetros cuadrados de superficie, el más pequeño de los municipios con menos homicidios en el país, Lauterique se distingue por el ambiente de paz en el que viven. Tanto así, que quienes nacieron ahí, pero salieron por distintas razones, regresan a menudo a visitar su terruño y a sus parientes.

En Lauterique son de la tesis que el asistir a misa o a un culto, ha llenado de valores morales y religiosos a su gente.

Es el caso de Nelbi Amaya, abogada de profesión, empleada del Poder Judicial, en la capital, quien en sus vacaciones aprovecha para ir de visita donde sus padres. “Tengo casi 30 años de viajar desde Tegucigalpa a Lauterique, y vengo tranquila. Nunca me ha pasado nada, dejo mi vehículo aquí estacionado, transitamos las calles de Lauterique, y todo normal”, relata.

La profesional del derecho también atruibuye esta cualidad a inculcar en su gente, tanto la religión católica, como la evangélica. "Somos temerosos de Dios. La gente acude a las iglesias, tanto católica como evangélica; entonces, por eso pienso que hay menos violencia".

Karol Amaya, juez de paz de Lauterique, confiesa que, como en todo pueblo, siempre hay problemas de convivencia, pero mínimos. “Los casos que más conocemos son por faltas y a veces violencia doméstica. Llegan a pedir una orientación, qué se debe hacer en cuanto a eso, más que todo faltas”.

Agrega: “Es mínimo. Durante el año se atienden unos 30 casos, que llegan a conciliarse, no pasan a más”, asegura que viven en un pueblo sano, y las cifras del ONV avalan su postura.

La jueza considera que "es uno de los municipios menos violentos del país, debido a que, quizás, los valores morales y espirituales todavía están en énfasis en cada familia. Se hace hincapié en el temor a Dios se les ha infundido mucho la actividad religiosa".

Con sólo dos homicidios en la década entre el 2016 y 2025, estos dos municipios están en lugar de honor, por los principios de su gente y la paz en la que viven.

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Javier Flores
Javier Flores
Periodista

Licenciado en Periodismo, egresado de la UNAH. En la actualidad realiza la cobertura de la temática judicial para EL HERALDO. Profesional con 15 años de experiencia en el plano nacional.

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