Firmar un acuerdo para que haya una tregua entre la Mara Salvatrucha (MS-13) y la 18, es un proceso complicado y muy difícil.
Monseñor Rómulo Emiliani, obispo auxiliar de San Pedro Sula, dialogó ayer con EL HERALDO y estas son sus consideraciones.
¿Cuál es la propuesta que tiene monseñor Emiliani en relación a las personas integrantes de maras?
Ellos han pedido poder expresar ante la sociedad su deseo de una reconciliación con el pueblo hondureño y piden espacios para poder rehabilitarse dentro de los presidios y fuera de los presidios, e inclusive una oportunidad para trabajar.
Lógicamente haciendo hincapié de que las personas que tengan delitos y se les compruebe que los paguen en el presidio, pero ellos quieren una buena impresión en la sociedad. Realmente este es un proceso complicado, difícil y delicado, pero el primer paso es muy bueno de parte de ellos. Yo creo que mañana (hoy) probablemente se pueda dar, pero no sé qué es lo que van a decir ante la opinión pública.
¿Será fácil poner a tono los dos grupos por la cantidad de personas que los conforman?
No es nada fácil. Es bien complicado y muy difícil y yo lo he dicho en varias ocasiones que a nivel humano no estoy muy optimista, sino que lo veo todo desde el punto de la fe, allí es donde uno mantiene la esperanza y es donde Dios puede intervenir.
Pero humanamente hay muchas complicaciones y sobre el tema de una tregua entre ellos es un asunto difícil y ningún grupo ha manifestado claramente que quieren la tregua, sino que tienen el deseo, pero todo esto es un proceso bien extenuante, agotador, de mucha paciencia y de muchas frustraciones.
Usted es una persona que ha estado en contacto casi permanente con los mareros.
¿Cuál es el verdadero deseo que estas personas tienen? Muchos quieren dejar la actividad delictiva y muchos quieren cambiar, pero saben que no es tan fácil, porque hay muchos compromisos entre ellos.
Ellos (los mareros) están muy atados por su misma dinámica delictiva y lo he visto en Támara, en San Pedro Sula, que han dicho, queremos dejar de hacer esto, por nuestros hijos y queremos dejar nuevos espacios de convivencia y lógicamente es lo que desean y puede ser que no sean todos ellos porque hay psicópatas que están muy enfermos y quieren seguir en sus cosas.
Debemos tener un tipo de negociación y concederles algo, porque algo tenemos que dar a cambio, porque lo que no queremos es que sigan cometiendo delitos.
Yo sé que muchos de ellos no quieren más delitos, porque han muerto muchos de sus compañeros y no quieren continuar este camino.
¿Qué es lo que deben hacer las personas que toman decisiones en este país?
Se les debe dar un programa de rehabilitación en los centros penales, eso es fundamental y eso es clave. Ya cuando estén libres, he pensado crear una especie de colonia donde vivan, supervisados por la Policía y que puedan estudiar y poco a poco integrarlos, pero que también paguen sus delitos. Pero hay que presentar una oferta.
Para que puedan ser insertadas en la sociedad, ¿qué procedimiento se debe seguir?
Deben cumplir con su pena y pagar lo que le deben a la sociedad. Pero los que están prontos a salir, deben reubicarlos y dentro de los presidios realizar procesos de rehabilitación espiritual, psicológica y prepararlos para un oficio.
A cualquier persona que mira en la calle a otra tatuada con un número 13 o 18 le provoca temor.
¿Cómo quitarle eso a la población?
Buena pregunta, porque esa es la reacción normal de la sociedad y de la comunidad. Aunque se quiten las marcas, siempre quedan las cicatrices y es difícil que una persona lo quiera emplear en una microempresa o una maquila.
Eso no es tan fácil. En San Pedro Sula se intentó una vez y no ha resultado y es una cuenta pendiente que tenemos todos. Pero cómo cambiar la opinión del público cuando la gente está resentida, golpeada por el impuesto de guerra, muertes y la gente no es tan fácil que perdone, por lo que hay que hacer un acto humanitario de perdón de parte de nosotros como sociedad cristiana, si en verdad es que somos cristianos.
¿Cree que hay voluntad política para que llegue a un feliz término lo que usted pretende?
El Presidente de la República me habló hoy (ayer) y dice que está dispuesto en apoyar. Lo que pasa es que le quedan tan pocos meses de gobierno y no sé si podrá hacer mucho. Pero sí me dijo, pero le queda poco tiempo y tiene tantos temas que lo desbordan, que no tienen ni el tiempo ni la energía para trabajar en este tema que es delicado, pero que serviría para que venga la paz a Honduras.
¿Qué les puede decir en este momento?
Lo que les puedo decir es que dejen la actividad delictiva y que sean conscientes de que no pueden continuar con esto y se los digo a unos y a otros, porque esto es un camino que nada más lleva a la cárcel o a la muerte y no hay escapatoria de esto. Y le están dejando a sus hijos una mala herencia porque muchos de ellos tienen hijos y que piensen en su familia, que piensen en su futuro.
¿Usted platica con los familiares de los pandilleros?
Intento ayudar en lo que yo puedo, sobre todo en el campo de la mediación y tampoco tengo mucha injerencia en las pandillas porque es un mundo muy privado, es un mundo misterioso y no es tan fácil abordarlo.
Cuando entró por primera vez al penal, ¿sintió temor al ver a los jóvenes tatuados? Hace 12 años cuando entré por primera vez al presidio ellos me llamaron y me hicieron entrar a su pabellón. No tenía mucha conciencia de lo que era una pandilla, pero poco a poco me he involucrado con ellos.
¿Cómo considera usted a estos dos grupos?
Ellos son jóvenes como cualquier otro, nada más que se metieron a un camino de delincuencia y nunca he podido entender por qué ese odio a muerte entre ellos. Todos son hondureños muy pobres que jugaron en los barrios.