La masajista abre el portón de la clínica a uno de sus clientes. Previamente, las personas que visitan estos lugares llaman por teléfono para que estén prestos para dar el ingreso al establecimiento.
No todas las clínicas de masaje tienen rótulos, pero muchas de estas funcionan sin permiso de operación y la Alcaldía ha hecho poco por poner control. Aquí cuando una de las masajistas, vistiendo por debajo de la bata una sensual prenda y con zapatos de tacón en mano, espera la llegada de un cliente.
La proliferación de clínicas de masaje está a la vista de todos, se observa cuando las servidoras entran y salen de los negocios, pero extrañamente a la autoridad, tanto la Fiscalía como de la Alcaldía del Distrito Central, esto no es indicio suficiente para investigar esta situación.
En uno de los centros de masaje visitados por EL HERALDO, siempre hay un hombre que entra y sale del establecimiento y presumiblemente es el que da seguridad a las masajistas. En la imagen se muestra a una de las chicas custodiada por el guardia.
Como norma principal, las casas de masaje están ubicadas en sitios escondidos y con una apariencia que despista a las autoridades.