Honduras

Honduras: Fieles reviven la pasión y la fe con el Vía Crucis bíblico

Problemas sociales son cuestionados en cada estación. En la capital, miles de devotos católicos evocaron el recorrido de la Pasión
y Muerte de Jesús. Las escenas fueron dramatizadas en varias colonias.

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07.04.2014

El camino a la cruz que vivió Jesús antes de resucitar se vivió este año a la luz de las sagradas escrituras. Y es que (contrario a otros años) el cardenal Óscar Andrés Rodríguez presidió el Vía Crucis bíblico.

Este nuevo recorrido se basa en los relatos de los evangelios según San Mateo, Lucas y Juan. Las escenas revividas en cada estación recuerdan lo que el Salvador del Mundo pasó previo a su muerte.

Lo novedoso de esta celebración -que se aleja del tradicional Vía Crucis- es que se cambian algunas estaciones, aunque quedan para la devoción de los fieles por arraigo popular, las tres caídas, el encuentro de Jesús con su madre y con la Verónica.

En cambio se recuerdan la oración de Jesús en el huerto de Getsemaní, la traición de Judas, la condena del Sanedrín, la negación de Pedro, María y Juan al pie de la cruz, entre otras.


Fue el papa Juan Pablo II, quien estrenó en el Coliseo de Roma esta nueva forma de evangelizar y recordar el camino del Hijo de Dios hacia el Gólgota.


Recordar el sacrificio del Redentor del Mundo permitió además analizar la realidad que vive el país, desde los problemas sociales y ambientales hasta los políticos y religiosos.

Primera Estación: Acompañamos a Jesús en el sufrimiento

En esta Primera Estación que comenzamos nuestro Vía Crucis los hondureños queremos acompañarte, Jesús, en este doloroso camino de la cruz.

Escogiste un huerto como espacio de oración, un lugar apartado que escogiste para comunicarte con el Padre y es el punto de inicio de este tortuoso camino.

El Hijo de Dios sabe de forma perfecta que lo que viene no es nada fácil, las gotas de sudor que resbalan sobre su piel, ese sudor de sangre, evidencian la ansiedad humana frente a la cercanía de lo inevitable. Emerge una súplica desesperada que parece provenir no de la garganta, sino de los confines más recónditos del alma.

“Padre, aparta de mi este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Cuánta fortaleza necesitas Señor Jesús, cuánta valentía requerirás para emprender este doloroso camino, cuánto amor para perdonar estas injusticias.

En este Viernes Santo, Señor, queremos unirnos a tu sufrimiento. Queremos que nos enseñes a comprender que sin crucifixión no hay resurrección, queremos caminar contigo para limpiar tus heridas en el hermano que sufre, en aquel asesinado de manera injusta por la violencia que nos abate. Para saciar tu sed en el sediento y tu hambre en el hambriento, permítenos caminar a tu lado, Señor Jesús.

El pueblo hondureño te acompaña, bien sabes que nosotros también cargamos con la cruz de la pobreza, de la inequidad, de la corrupción, de la injusticia y de la calumnia.

Bien sabemos que nuestras cruces no son tan pesadas como la tuya, concédenos reflexionar en cada una de las estaciones de este santo Vía Crucis y abrir las compuertas de nuestros corazones al amor, al perdón, a la reconciliación. Escucha la voz suplicante de este pueblo que deseamos de manera ferviente sea transformado con el poder divino de tu misericordia. Por eso, oremos juntos al Señor.

Tras la primera reflexión del cardenal Rodríguez, la feligresía católica capitalina elevó plegarias establecidas por las autoridades católicas. Se oró por todos aquellos que recuerdan el sacrificio del Señor, para comprender que su amor no tiene límites. Por todos aquellos que se acercan a la Iglesia en esta semana, para que les haga comprender que la fe se debe alimentar cada día. Pidió iluminar a quienes viven en la injusticia, sacarlos del pecado.

Por todos aquellos que confunden a los fieles católicos con predicaciones engañosas, para que dejen atrás sus deseos de dividir y enajenar con falsas doctrinas.

Segunda Estación: Con nuestros pecados traicionamos a Jesús

Un beso ha sido utilizado para traicionar al Hijo del Hombre.

Aquella suave caricia de dos mejillas que se juntan es utilizada para ejecutar una traición. Hoy, este gesto de amor se desvirtúa, se corrompe.

Judas ha entregado al Señor de forma tan contradictoria.

Con un beso has enseñado a los verdugos quién es el cordero manso para el sacrificio. Con un beso has señalado a aquel sobre cuya espalda no reposa ninguna culpa. Con un beso delatas al hombre que no a hecho otra cosa diferente que vivir amando y amar viviendo.

Hoy dirigimos nuestras miradas sobre la humanidad del Iscariote y nos preguntamos al mismo tiempo, ¿cómo pudiste hacerle esto a Jesús? Sin embargo, es hora de hacer un alto en el camino y reflexionar respecto de nuestro propio pecado.

No estamos llamados a ser los jueces del traidor. No estamos llamados a justificar nuestras propias faltas, estamos llamados a ser conscientes de aquellas ocasiones en que mediante nuestro propio pecado también estamos traicionando al buen Jesús. Ahora sabemos que los nuevos traidores somos nosotros cuando te besamos con falsedad para disfrazar las verdades que no deseamos que se sepan.

Cuando en vez de depositar nuestra confianza en ti, acudimos al horóscopo, a la lectura de las cartas, a la adivinación o a la brujería. Cuando decimos que amamos la vida, pero aceptamos el aborto, cuando hacemos alarde de nuestra intachable rectitud mientras llevamos en la frente la señal imborrable del engaño y de la mentira.

Señor Jesús, permítenos depositar a tus pies todos nuestros pecados, todas nuestras debilidades. No queremos ser los Judas de este tiempo, no queremos entregarte con el beso de la traición, no queremos alejarnos más de ti.

Por eso, oremos. Ten misericordia de nosotros y perdónanos, Señor.

Al repetir esta oración que delegó el cardenal Óscar Andrés Rodríguez, la feligresía pidió por los que han escogido el camino de la violencia y sicariato, la venganza y el rencor, en vez de amar. Por las mujeres que insisten en defender el aborto al desconocer el valor de la vida. Se oró por los ingenuos que se dejan engañar con las falsas esperanzas que depositan en adivinaciones y brujerías en vez de depositar su confianza en Jesús.

Se oró por quienes mediante el chisme y la calumnia, muchas veces tarifadas en medios de comunicación, acaban con la reputación de las personas, entidades o la Iglesia. Por quienes traicionan al pueblo hondureño beneficiándose de las riquezas de la nación.

Tercera Estación: Hondureños condenados por los corruptos

También muchos hondureños son condenados a muerte por el sanedrín de la corrupción.

Queremos recordar ese momento triste de Jesús cuando será crucificado, esta Tercera Estación nos ratifica lo que Jesús mismo nos había anticipado, que tenía que sufrir mucho y hacerse Él mismo víctima de expiación por los pecados del mundo entero.

El camino hacia El Calvario lo conduce no solo hacia su propia muerte, sino al sacrificio de amor más grande y maravilloso que jamás se haya visto en la historia de la humanidad.

Una sola gota de su preciosísima sangre habría bastado para salvarnos a todos, sin embargo, Él ha querido derramarla toda.

Hoy, luego de casi dos mil años de su santo sacrificio, muchos hermanos hondureños siguen viviendo el vía crucis del hambre, de la sed, de la pobreza, de la inseguridad y de la violencia.

Los más humildes y vulnerables son expuestos a un camino de tortuoso dolor a causa de la inequidad y de la insaciable corrupción.

En esta Estación, oramos por ustedes, aquellos corruptos de nuestra sociedad hondureña, no para señalarlos con ningún dedo acusador. No para condenarlos con severidad, no para amenzarlos con juicios temerarios.

Les llamamos a que reconozcan el plan de salvación de Dios, que también los incluye a ustedes. Les rogamos, conviértanse, crean en el Evangelio.

Los millones de lempiras que año tras año se pierden sin dejar huella no le concederán la salvación a nadie, porque a Dios no se le compra con el dinero. Al Señor le importan nuestros actos de amor y nuestras buenas obras de caridad y misericordia.

Queridos hermanos o hermanas, hondureños que se han dejado tentar por el dinero fácil y mal habido, que han caído en la tentación de lucrarse con lo que no les pertenece o que se dan vidas de lujos escandalosos sin que conmueva su corazón el hambre que acaba con la existencia de tantas niñas y niños y hombres y mujeres y ancianos en nuestro país, este mensaje es para todos nosotros y para ustedes.

El amor de Cristo les llama a la conversión, no se pierdan en las tinieblas de la avaricia, no cierren las puertas de sus corazones a quien dio la vida en el madero de la cruz para la salvación de sus almas.

Por eso, oremos con el Evangelio diciendo: Conviértanse y crean en el Evangelio.

Bajo la coordinación del Cardenal, la feligresía elevó sus oraciones por los corruptos de Honduras, quienes por su sed de poder y dinero alejan al país del progreso, del bienestar social. Por aquellos que llenan sus bolsillos con dineros del Estado, para que comprendan que el amor de Cristo enseña a compartir. Por quienes los beneficios personales están por encima del bien común, los que enseñan el odio, la división y la discordia.

Cuarta Estación: “Danos el privilegio de tu mirada comprensiva”

Al igual que Pedro, nosotros también hemos negado a Jesús, y se vislumbra la tristeza en el rostro de aquel que no solo una ni dos, sino tres veces has negado a tu maestro.

¿Acaso no fuiste tú el que le dijo tres veces que lo amabas? ¡Vaya contradicción!, pero al igual que no pudimos señalar al Iscariote, no podemos señalarte a ti, Simón Pedro.

También nosotros hemos negado al Redentor, cuando hemos sido antitestimonio de la fe que profesamos, bien sabemos que la manera de dar testimonio de ti es amando como tú nos lo enseñaste. Sin embargo, son tantas las maneras de negarte, cuando afirmamos que solo decimos mentiras piadosas, como si el pecado pudiera ser sinónimo de piedad, te estamos negando Señor.

Cuando maltratamos física o de forma psicológica a nuestros niños, como si la violencia fuera una forma de educar.

Cuando desamparamos a nuestros ancianos, como si ellos no hubieran trabajado largos años por nosotros.

Cuando admitimos la posibilidad del aborto, como si no fuera un pecado en contra del don de la vida.

Te negamos, Señor, cuando pensamos solo en nuestros beneficios personales dejando de lado el bien común. Cuando somos malcriados con nuestros padres, como si ellos no hubiesen dado lo mejor de su vida por el bien de sus hijos.

Pero a pesar de nuestras múltiples y permanentes negaciones sabemos que siempre estás dispuesto a darnos una nueva oportunidad. Sabemos que todos los días nos llamas incansablemente a la conversión.

Danos, Jesús, el privilegio de tu mirada comprensiva, y tus palabras de aliento, aquellas que tanto necesitamos para no desfallecer a pesar de nuestras debilidades. Aquellas que tanto necesitamos para no negarte, en el itinerario de nuestras vidas. Cúbrenos con el bálsamo de tu comprensión bendita, para que sintamos que tu amor no se disipa frente al descaro de nuestras repetidas infidelidades.

Míranos con el mismo amor con el que miraste a Pedro, quien te negó tres veces, que también nosotros cubramos nuestro rostro como producto de la profunda vergüenza y nos duela el corazón tanto como él porque también te hemos negado. Concédenos, Señor, preferir de hoy en adelante que se nos paralice la mano derecha y se nos pegue la lengua antes que volver a negarte.

Quinta Estación: “No nos lavemos las manos ante los graves problemas del país”

Así como Pilato, muchos prefieren lavarse las manos frente a las injusticias de nuestro país y del mundo.

Pilato no ha encontrado ninguna razón para condenar a Jesús (qué mal ha hecho se pregunta), sin embargo, frente a la presión de quienes están allí decide entregarlo para complacerles.

Su corazón le dice que Jesús es inocente, la razón le dice que lo entregue para evitarse inconvenientes de tipo político, para él Jesús sería un crucificado más, es preferible entregar a uno a la muerte en la cruz que provocar una revuelta.

Es preferible que muera uno aunque sea inocente antes que hacer peligrar el puesto, parece que las fichas ya casi todas están armadas, el macabro rompecabezas ya va tomando forma, se vislumbra de forma anticipada el triunfo de quienes le han tendido aquella trampa al buen maestro.

Un delincuente ha recobrado su libertad y un inocente ha sido condenado. La realidad de nuestra amada Honduras no es muy distinta, aquí en nuestro país muchos inocentes son condenados, y muchos culpables caminan libres sin dar explicaciones a nadie de sus delitos.

No nos lavemos las manos para desentendernos del embrollo de nuestro país, ensuciémonos las manos para llevar esa cruz en los hombros, para construir una sociedad sobre los cimientos del respeto por la vida, la equidad y la justicia.

Si es verdad que nos conmueve el sacrificio de nuestro Redentor no podemos ser permisivos con los aspectos que degradan nuestros valores más puros al interior de nuestra sociedad hondureña.

No podemos decir que seguimos al buen Jesús si estamos en contra del amor al que nos invita.

El ser parte del inmenso grupo de los hijos de Dios por el sacramento del bautismo nos obliga a estar comprometidos con la justicia, el amor, la búsqueda incansable e incesante de la paz.

Esa misma paz a la que nunca podremos llegar si no nos constituimos en entes de transformación de nuestra Honduras, cansada del derramamiento de sangre inocente, así como de la generalizada y escandalosa desigualdad social, por eso unámonos a la intención de pedir a Jesús que transforme nuestros corazones con la fuerza de su amor.

En las oraciones de petición se solicitó a Cristo por quienes han segado la vida de 20 periodistas asesinados en los últimos tres años y se mantienen impunes aún sabiendo lo grave y profundo de sus pecados, para que no vuelvan a cometer ninguna falta en contra de la vida.
Por los narconegociantes para que, iluminados por el espíritu de Dios, renuncien a segar la mente de los jóvenes con sustancia alucinógenas.

Por quienes acaban con la vida de los hondureños para que en lugar de desangrar nuestra amada patria la nutran con el trabajo honrado y la búsqueda incesante de caminos de paz.

Por los miembros de las instituciones policiales que no están comprometidos con las causas que son la razón de ser de las entidades que rigen, para que se conviertan en constructores de una sociedad mejor.

Por los políticos desorientados que trabajan por sus intereses personales y a ejemplo de Pilato entregan al pueblo a los azotes del hambre y la cruz de la miseria, para que se consoliden como verdaderos líderes de la esperanza.

Sexta Estación: “Apiádate del país flagelado por la violencia y espinado por la pobreza”

Apiádate, Señor, de esta Honduras que ha sido flagelada con la violencia y coronada de espinas con la pobreza y desigualdad.
Ahora contemplamos lo doloroso de tu sacrificio, ahora sabemos mejor que nunca lo que significa para ti beber ese trago amargo, tu sangre empieza a ser derramada en cada uno de los azotes que te propinan quienes al tiempo de agredirte se burlan de ti.

¿Hasta qué punto puede llegar la crueldad del ser humano? ¿Por qué el sacrificio del cordero sin mancha resulta tan divertido para quienes se regocijan con tu dolor? ¡Si fuera posible ayudarte a pagar esta deuda!, sabemos que ninguno de nosotros es redentor, sabemos que este sacrificio solo a ti te compete.

En esta estación del Vía Crucis permítenos acompañarte, Señor, que nuestra compañía sirva para que sepas que tu dolor no ha sido en vano.
Concédenos, ¡oh, Jesús!, decirte que luego de 2,000 años todavía recordamos tu sacrifico y te damos gracias por él.

Valió la pena, Señor, valió la pena por cada ser humano que quiere seguirte, testimoniarte, amarte y ser testigo presencial de tu amor desbordante.

Hoy te acompañamos en tu camino de dolor como un pueblo que también conoce el sufrimiento. Permítenos, Señor, colocar a tus pies los dolores de nuestra patria.

Y de la misma manera que con tu sacrifico perdonaste el peso de nuestras faltas, ayúdanos a superar el dolor que tanto nos aqueja.

En tus santas y adoloridas manos colocamos a los azotados por la pobreza que emigran a otros países para buscar un salario digno y mejores condiciones de vida.

A aquellos que también sufren por las espinas que encuentran en su largo caminar, observa misericordiosamente a aquellos que han sufrido mutilaciones de sus extremidades en las vías del tren.

A las mujeres que han sido abusadas sexualmente como requisito indispensable para pasar al otro lado de la frontera.

A quienes han sido víctimas de robo y abandono por parte de los mismos ‘coyotes’ que se comprometieron a hacerlos llegar a feliz destino.
Sana con tu amor el dolor profundo de tantos hondureños azotados por el hambre, la sed y la pobreza, que, desesperados, han tenido que salir de nuestro país a buscar nuevas opciones.

En las peticiones se elevaron plegarias para que Dios sane las heridas de las víctimas de la violencia en nuestro país, para que no se dejen llevar por deseos de venganza, que sepan perdonar y encontrar la mejor opción para encaminar el país por las sendas de la reconciliación y la paz.
Por los jóvenes involucrados en maras, que tomen consciencia del enorme daño que le hacen a la sociedad con su violencia y su deseo de buscar las cosas de manera fácil, para que tengan una profunda conversión y así hacer del país un ejemplo de armonía y paz.

Por que los corruptos sean conscientes de que los cristianos no se cansan de pedir a Dios por su conversión, ya que con sus acciones han azotado más de 70 veces siete a Honduras y la han coronado con las espinas del atraso, el hambre y la pobreza.

Que el poder de Dios los ilumine para reconocer la magnitud de sus faltas y que nunca olviden que un día el Divino Creador les pedirá cuentas por sus actos.

Séptima Estación: Ayúdanos a construir una Honduras verde de esperanza

Jesús carga con la cruz, la lectura del profeta Isaías relata que Jesús no se echó para atrás ni se resistió, ofreció su espalda a los que lo apaleaban, la mejilla a los que arrancaban su barba, no se tapó el rostro a los ultrajes y salivazos.

El Señor me ayuda, por eso no me acobardaba, por eso endureció el rostro como piedra, sabiendo que no quedaría defraudado. “Tengo cerca a mi defensor, quién peleará contra mí, quien tiene algo contra mí que se me acerque, el Señor me ayuda”.

Y es que al igual que Jesús, el planeta también carga con su propia cruz. Su piel abierta por la crueldad y los azotes, el cuerpo herido que derrama sangre y deja huellas en el camino....

Tu humanidad adolorida por torturas tan inhumanas. ¿Acaso no era suficiente la cruel paliza? ¿Qué más se necesita para saciar el sadismo de quienes quieren destruirte?

Allá va el inocente cargado del dolor intenso, de la sangre que se mezcla con su sudor y lágrimas, de escupitajos de quienes lo miran con desprecio, de carcajadas de quienes se ríen de sus desgracias.

De un madero que pesa como su propio cuerpo, de una tarde que se vuelve larga, de sed que seca el alma, de indiferencia ante tal desgracia.

También es muy pesada la cruz que carga nuestra casa, el planeta Tierra. Tan solo en Honduras la explotación de los bosque acaba con ellos, al igual que con las fuentes de agua.

Algunas empresas mineras siguen contaminando ríos y envenenando a nuestros niños, la fauna desaparece y donde había jardines ahora se encuentran chimeneas.

Nuestro planeta se recalienta, los océanos pierden su hábitat. ¿Qué estamos haciendo, Señor, con la tierra que nos diste por morada? ¿Acaso la condenamos a muerte? ¿Acaso queremos quemar nuestra propia casa?

Tan maltratada como Jesús está nuestra agua, las heridas de su piel son la erosión de nuestras montañas. Ayúdanos, Señor, a reconstruir nuestra morada, ayúdanos a no crucificar nuestra propia casa.
Ayúdanos, Señor, a cuidar nuestra casa.

Pedimos por los madereros irresponsables, por los depredadores del bosque de Honduras, para que reconozcan el pecado que cometen, al talar el derecho de tener aire puro y adecuadas fuentes de agua para que apaguen sus motosierras, desocupen ya sus rastras y construyan una Honduras verde y en esperanza. Por los empresarios de las mineras que contaminan nuestras aguas, que envenenan nuestros suelos y acaban nuestro hábitat, para que tengan corazón.

Señor, te pedimos para que no sigan crucificando nuestra tierra amada, que tengan en cuenta que nuestra casa también es su casa. Por los hermanos campesinos y campesinas que queman montes, planicies, montañas a lo largo y ancho de la geografía de Honduras, para que dispuestos a encontrar otras formas de preparar la tierra, contribuyan a mantener más limpio el aire que respiramos y contaminar menos el medio ambiente.

Por quienes no se han preocupado por adoptar medidas de conservación y preservación del medio ambiente, para que, informándonos respecto de formas viables de reciclaje y utilización de productos degradables, contribuyamos a hacer del mundo, de Honduras, un mejor lugar para vivir.

Por los que dirigen los destinos de la nación, para que al mismo tiempo de buscar alternativas de protección y progreso propongan alternativas de protección de nuestras riquezas naturales.

Octava Estación: Hay que orar para convertir a Honduras en un país solidario

El Cirineo ayuda a llevar la Cruz de Jesús. La multitud pedía que crucificaran al Hijo de Dios. El griterío se hacía cada vez más violento... Pilato decretó que se hiciera lo que el pueblo pedía y entregó a Jesús al capricho de ellos.

Las fuerzas del Redentor han caído ya a su más bajo nivel, su cuerpo lastimado parece no responder ya, sería preferible morir a mitad del camino y poner punto final de una vez a tan macabros sufrimientos.

¿Cuántas veces hemos sentido lo mismo? ¿Cuántas ocasiones hemos experimentado que nuestras fuerzas ya no dan más?

Tantas veces hemos querido terminar, pero justo en el momento que las cosas no podrían ser peores, una mano amiga se extiende frente a nosotros y nos hace comprender que vale la pena seguir luchando.

Hemos descansado en el abrazo amoroso que recibimos en la dificultad.
Hemos agradecido la palabra y el sabio consejo pronunciado en el momento más oportuno.

El Cirineo ha aparecido en el camino de Jesús, para cargar momentáneamente con una cruz que no es la suya.

Sus fuerzas ayudarán al redentor del mundo a llevar la cruz para el término de su cometido. Su imposición de ayuda jamás ha sido y será olvidada.
En el camino del Calvario está reflexionar un poco respecto a nuestra propia actitud, con nuestros hermanos desvalidos.

No son pocos los que necesitan ayuda ni somos pocos los que podemos ayudar.
Si hubiéramos construido una Honduras más solidaria, más cirinea, de seguro que seríamos un país diferente.

Pero de todas maneras nunca es tarde para recapacitar, para cambiar, para dejar de ser tan individualistas, egocéntricos y egoístas.

No es tarde para pensar en el bienestar de los otros, no es tarde para ayudar a quienes cargan con la cruz del desamparo, a quienes sufren el frío de vivir sin techo, el hambre de vivir sin pan, la ansiedad de no tener un salario justo, la angustia de carecer de una mano amiga.

Jesús no pasó por el mundo como un hombre indiferente del dolor del prójimo. Seamos como Jesús, trabajemos incansablemente, para vencer la ceguera colectiva frente al dolor de nuestros hermanos.
Por eso hay que orar para convertir a Honduras en un país solidario.

Hay que pedir por todos los hondureños y hondureñas que por medio del voluntariado ayudan a mitigar el dolor que producen las cruces que afectan a nuestra población.
Permite, Señor, a no desfallecer en el camino de seguir trabajando incansablemente a favor de los más necesitados.

Señor, mira aquellos que empeñan sus fuerzas trabajando en favor de los niños desamparados de nuestro país, concede a ellos la sabiduría necesaria para encaminar por las sendas del bien a estos pequeños, en quienes también depositamos las esperanzas para construir una Honduras con un futuro mejor.

Por quienes invierten sus energías y mejor disposición por el cuidado de los enfermos, para que les enseñes a ver en cada uno de ellos el rostro de Cristo sufriente, cólmalos de gracia y bendición.

Por quienes trabajan en favor de los niños especiales, para que en la alegría y en el sentimiento, la actitud de estos pequeños encuentren una valiosa motivación para seguir luchando, para seguir sirviendo y ser solidarios,

Por todos los hermanos hondureños, por las hermanas hondureñas que no son indiferentes frente al dolor ajeno, que desarrollan nuevas ideas y alternativas para consolidar un país más justo y equitativo, dirígelos por la senda de la caridad y acompáñalos siempre en la gracia de tu amor.

Novena Estación: Las mujeres hondureñas también salen a tu encuentro, Jesús

Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén. El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y cada día sígame...

Ahora encuentras en tu camino a aquellas que te han conocido, las mujeres con quienes has compartido, con quienes has reído y has desarrollado una santa y bonita amistad. Las mismas que no dudaron en creer en tu palabra, que tuvieron sus puertas abiertas para que vinieras con la buena noticia del Reino que está cerca.

También las mujeres hondureñas salen a tu encuentro, sin embargo, ahora hay tantos gritos y lamentaciones desgarradoras; las mujeres se conmueven frente a tu dolor, saben que tus minutos están contados, que tu muerte ya es inevitable. Hoy, como si la escena se repitiera, las hondureñas te acompañan, Jesús, en este camino procesional. Mujeres del país, de todas las edades, de toda clase social recuerdan en este Vía Crucis lo doloroso de tu sacrificio. Aquí están las madres que lloran por el abandono de sus esposos y que cargan con toda la responsabilidad económica en sus hogares.

Aquí están las incomprendidas por sus propios hijos que pesar de darles buenos consejos y ejemplos se enfrentan a sus malcriadeces y malas amistades. Salen a tu encuentro las abusadas por sus propias familias, las maltratadas, las que trabajan extenuadas y reciben a cambio un salario injusto.

Décima Estación: “No más impuestos inventados para beneficio de unos pocos”

Junto a Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás, María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y al lado al discípulo amado, dice a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”; después dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”.

Finalmente, el cordero ha llegado al lugar del sacrificio, pero la pesadilla aún no acaba, faltan minutos interminables de indescifrable sufrimiento.

En este preciso momento surge una pregunta en el corazón de todos: ¿hasta cuándo acabará el calvario de los hondureños? Acaben ya con el robo descarado de nuestros recursos, basta ya de asesinatos de inocentes, no más madres desconsoladas llorando sobre los ataúdes de sus hijos, no más hijos perdidos en las filas de las maras y la delincuencia juvenil organizada, no más micro o megatráfico de drogas en nuestra Honduras.

¡No más impuestos inventados para beneficio de unos pocos! ¡No más pseudopastores engañando con falsas predicaciones y lucrándose con aquellos de corazón ingenuo! ¡No crucifiquen más al país, no lo sigan desangrando con los clavos de la avaricia sin límite, por eso pidamos en el nombre de Jesús, no crucifiquen más a nuestra patria!

Decimoprimera Estación: Pedimos por los maestros que de forma mediocre hacen su trabajo

Jesús nos demuestra que nunca es demasiado tarde para arrepentirse, no ha llegado el ocaso que con su oscuridad venza nuestra oportunidad permanente de conversión, sus brazos extendidos entre el cielo y la tierra marcan el signo indeleble de tu alianza. Permítenos, señor, mirarnos y arrepentirnos, escucharte y convertirnos.

Concédenos, señor, la oportunidad de arrepentirnos, por los que tienen la oportunidad de hacer el bien y renunciar a la oportunidad de hacerlo y se dedican a actividades criminales y fraudulentas, por lo catedráticos y profesores de nuestro sistema educativo que realizan de manera mediocre sus actividades y arriesgan a sus estudiantes a no encontrar en el conocimiento y la investigación las herramientas indispensables para su propio desarrollo integral y por ende el desarrollo de Honduras.

Por los estudiantes que hacen trampa en sus evaluaciones y sus exámenes, por aquellos que creen que engañan a sus catedráticos, pero que en realidad se están engañando a ellos mismos, Por los esposos, por las esposas, por los novios y novias infieles para que no vuelvan a atentar contra la confianza que en ellos y ellas han depositado sus parejas.

Decimosegunda Estación: Cómo es posible que digan que aman a Jesús e insultan a María

Jesús es crucificado. Jesús gritó con voz potente: Padre, padre, por qué me has abandonado. Jesús, al lanzar un nuevo grito entregó el espíritu. Estando crucificado el señor Jesús nos deja a su santísima madre, gracias Jesús, por dejarnos a tu madre María.

Gracias discípulo amado por recibirla en tu casa, lo sabemos, madre del cielo, tu corazón está deshecho. Qué madre quisiera ver a su hijo traspasado en carne viva, desconsolada y triste. Recuerda al pie de la cruz cuando alimentabas con tu pecho, cuando cambiabas sus pañales, cuando daba sus primeros pasos, la alegría que rebosaba en tu corazón aquel día en el que pronunció por primera vez la palabra “mamá”.


Ahora entiendes María, aquellas palabras del justo Simeón cuando te dijo: a ti misma una espada de dolor te atravesará el alma”,
tan desgarrado como el cuerpo de tu hijo está tu corazón.

Nosotros no somos ajenos a tu dolor madrecita querida, también hemos sentido que espada nos atraviesa el alma cuando las falsas doctrinas se multiplican en nuestra país, aseguran que eres una mujer como cualquier otra. Si eso fuera verdad, María, que tú eres una mujer como cualquier otra, ojalá que cualquier mujer fuera como tú. Cómo es posible para muchos creyentes decir que aman a Jesús al mismo tiempo que insultan a María.

Decimotercera Estación: El Señor del amor fue derrotado y con él nuestra confianza

La urgencia de amar ha terminado, el Hijo del Hombre quedó como un pedazo de carne colgado en un madero, ya no respira, no ve, no escucha, no siente, es un cadáver.

El cuerpo del que fue inocente está sin vida, en medio de dolor, sangre derramada y olor a muerte, mujeres lloran, hombres se lamentan y los cuervos hacen ruido.
Ya no brilla el sol, todo es tristeza, dolor y lástima.

El Señor del amor ha sido derrotado y con él nuestra confianza, qu