Honduras

Blusas en un pestañear

Doña Alba y sus dos hijas, Nancy y Cándida, logran hacer una prenda de vestir, sin importar la moda, en menos de 15 minutos.

07.04.2014

Comenzaron trazando telas como una fuente de ingresos económicos y con el pasar del tiempo han tejido una empresa familiar.

Se trata de Alba Luz Matute Quiroz, de 49 años de edad, quien junto a sus hijas Nancy y Cándida han conquistado la industria textil de las capitalinas con la fabricación de blusas femeninas.

Cada mañana las emprendedoras damas toman sus herramientas de trabajo, las tijeras y sus respectivas máquinas de costura para darle rienda suelta a su imaginación y así confeccionar los estilos más creativos.

Su centro de negocios está ubicado en el mercado Las Américas de esta capital.

Alba, originaria de Choluteca, debido a la crisis económica, a la edad de siete años tuvo que emigrar junto a sus padres al municipio de El Progreso, donde con el pasar de los años culminó sus estudios de educación media para luego completar uno de sus propósitos: ingresar a una academia de costura.

“Mis primeros pininos en este oficio fueron desde muy pequeña; mi mamá tenía taller de costura y yo le ayudaba, ahí supe que esa era mi pasión”, agregó.

Contando con mil lempiras de capital inicial y con solo una maquina de costura, hace más de tres décadas Alba empezó su negocio y entre sus quehaceres de familia y ayudar a sus hijos en la escuela, inició su negocio con el objetivo de convertirse en una pequeña empresa.

Entrega

Con el pasar de los años, Matute se trasladó a Tegucigalpa, donde conoció a Carlos Varela, se casaron y procrearon cuatro hijos: Nancy Carolina, de 23 años; Cándida Leticia, de 22; Carlitos, de 12, y Josué, de ocho años.

Con sacrificio y entrega, doña Alba logró que Nancy y Cándida terminaran sus estudios en el Instituto Hibueras. Luego de una infructuosa búsqueda de trabajo, estas jóvenes optaron -no de muy buena gana- volver a la labor que su progenitora les había enseñado.
Seleccionar la tela, diseño, corte, costurar y finalizando con la venta de las piezas.

“Este trabajo ha sido una bendición para mí y mis hijos porque los he podido sacar adelante en sus estudios”, agregó.

Herencia

Nancy, hija mayor de doña Alba, recordó que a la edad de siete años comenzó junto a su hermana a pegar botones, y poco a poco se involucraron en las labores. “Mi madre es mi motivación para hacer las cosas con amor”, dijo Nancy.

Hoy en día su tenacidad, entusiasmo y amor por este oficio les ha hecho merecedoras de la costura.

Sus logros las convierten tanto a doña Alba como a sus hijas en reinas de la costura, ya que en menos de 15 minutos logran hacer una blusa sin importar la moda y los detalles que esta lleve. “Cada una de nosotras a diario nos hacemos hasta dos docenas de blusas”.

Este arte las ha llevado a realizar blusas de moda, “mis blusas son iguales a las que se venden en las mejores tiendas del país, con la ventaja que yo las doy más baratas en mi taller”, dijo con una sonrisa doña Alba.

Concluyó diciendo que uno de sus más grandes sueños es llegar a ser una costurera reconocida en el mundo de la confección “para orgullo mío y de los seres que me rodean”.

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