Desde pequeños todos coleccionamos hojas, piedras o figuras de acción, pero hay otras aficiones, un poco más sofisticadas, que se convierten en parte fundamental de la vida de muchos seres humanos.
Así es el aeromodelismo, el arte de construir modelos a escala de aviones, tanques de guerra y hasta soldados que para los apasionados de esta disciplina, lejos de ser un simple rompecabezas, es un giro en la historia de sus vidas.
Carlos Fernando Rosales es uno de los apasionados de este pasatiempo y con un grupo de aficionados ha creado Maquetismo Catracho, donde un equipo de hondureños se reúnen para compartir sus conocimientos sobre estos rompecabezas históricos.
“El maquetismo me ha llevado a transformarme en un historiador de la aviación nacional, he escrito artículos en revistas y comparto mis conocimientos con maquetistas de Latinoamérica”, asegura.
Santuario
El cuarto de Carlos es un reflejo de su afición.
En el cielo raso cuelgan helicópteros y aviones, un estante especial reserva su legión de tanques de guerra y soldados incluyendo al histórico soldadito de plomo.
Pero uno de sus predilectos y que reserva en una mesa especial es la réplica del avión en el que se transportaban los ex presidentes Ramón Villeda Morales y Oswaldo López Arellano que terminó junto a su amigo Eduardo Sosa.
“Sacamos la idea de la foto y decidimos hacerlo presidencial, con la bandera de Honduras y las insignias de esa época”, relata con orgullo.
En un librero atesora libros de referencia sobre las guerras que se libraron alrededor del mundo y donde aparecen imponentes los aviones que surcaron los cielos durante cada batalla.
Y hasta se ha apoderado de un estante en el comedor de su casa para exponer sus piezas, sobre todo aquellas que han marcado su vida por su complejidad o riqueza histórica como un biplano de la Segunda Guerra Mundial.
Detalles
Al ver la exhibición que mantiene Carlos en su hogar, no es imposible imaginarse que hay piezas que le han robado hasta tres meses de su vida en su armado.
En un estuche que parece un maletín médico guarda sus implementos de trabajo, simples agujas, alfileres, palillos de dientes, cortauñas y pinzas que son como el bisturí de un cirujano que moldea una obra de arte.
Y para unir cada detalle utiliza un poco de pegamento plástico, pero al armar la pieza no todo el trabajo está hecho, la pintura de la maqueta es uno de los momentos al que dedica más tiempo.
Pero al final las horas de desvelo valen la pena porque se logró el objetivo de traer al presente a los pájaros de acero que hicieron historia.