A las 11:00 de la noche ya se escucha el ruido del motor del trapiche que acompañará una larga jornada que finaliza a las 10:00 de la noche del siguiente día. Los bueyes llegan a paso lento jalando carretas cargadas de caña, la materia prima con la que producirán el dulce, ingrediente infaltable de las tradicionales torrejas que se preparan para Navidad.
Talanga es un municipio productor de dulce de caña, tanto en la ciudad como en las aldeas circundantes hay aproximadamente 25 moliendas en las que trabajan por turnos de ocho a quince a personas, significando esto que la actividad es el sustento de decenas de familias de la comunidad.
El trabajo no es fácil y el proceso es largo, y ese dulce que tanto se esmeran en producir por lo general es distribuido en Tegucigalpa, Yuscarán y Danlí.
Proceso
En la mayoría de las moliendas funciona un trapiche, una pila donde cae el jugo de caña y otra donde se realiza la cocción para darle punto a la miel, que posteriormente será derramada en los moldes de madera.
Todo este proceso puede tardarse más o menos siete horas, ya que en el trapiche son tres horas, en la cocción igual cantidad de tiempo y en los moldes el dulce permanece aproximadamente media hora, después lo sacan para que se seque durante otra media hora. Posteriormente el proceso vuelve a iniciar con otra cantidad de caña, y así sucesivamente hasta que la jornada finaliza 23 horas después de haber iniciado.
La cantidad de rapaduras de dulce depende de qué tan grande sea la molienda, es así que unas producen dos cargas y otras ocho o más.
Según Fernando Ramírez, trabajador en una de las moliendas ubicadas en la zona de Monte Grande, casi llegando a la ciudad de Talanga, la temporada alta es en noviembre y diciembre, no obstante, ellos producen durante casi todo el año.
En las moliendas de Talanga solo se produce dulce, no otros productos como el batido o la cachaza, esta última la desechan.
Aunque uno de los molenderos de la zona, don Miguel Ángel Medina tiene una visión totalmente diferente y mientras la mayoría usa leña para encender los hornos, él utiliza el bagazo de la caña, lo que permite que la cantidad de leña que podría necesitar sea mínima.
Medina tampoco desecha la cachaza (producto de la destilación del jugo de caña), de ella hace melaza para vendérsela a ganaderos, “aquí no desaprovechamos nada”, dijo don Miguel.
La visión de cada productor es diferente, y como cada molendero es independiente, el no estar agrupados en una asociación de repente les impide compartir ciertas ideas o prácticas que derivan en beneficio de todos; “el gobierno cuesta que le ayude a uno, aunque yo pueda demostrar que mi negocio responde”, expresó nuestro entrevistado, quien agregó que de parte del gobierno nacional no reciben ningún tipo de capacitación y mucho menos facilidades para optar a préstamos que les ayuden a ampliar el negocio o buscar otro mercado fuera del que ya tienen en algunos municipios.
Para el caso, don Miguel fracasó en un proyecto de azúcar de panela, a tal grado que después de unos meses tuvo que desmontar hasta las mesas donde colocaban el producto “el azúcar de panela no se vendió, a la gente no le llama la atención pese a que es mucho más saludable que el azúcar refinada”, comentó.
El molendero tampoco encontró ayuda de nadie para buscarle mercado al producto, “y uno solo a veces no logra mucho cuando se trata de colocar el producto, porque solo yo lo hacía en el municipio”, aunque la capacitación para producir azúcar de panela se la impartió un ingeniero colombiano a un grupo de molenderos talangueños.
La molienda de Medina es una de las más grandes de Talanga, y su visión también es grande sobre lo que quiere lograr con su negocio.
Actualmente tiene un trapiche grande y una pila para el jugo, también tiene otras tres pilas: una para precalentar el jugo de caña, otra para cocserlo y una tercera para darle el punto a la miel, “haciéndolo así el proceso es mucho más rápido, y eso nos permite producir más rapaduras de dulce en un día”.
El proyecto a futuro de don Miguel es tener cuatro hornos “para tener más personas trabajando y así beneficiar a otro grupo de gente”.
De esta manera funcionan las moliendas grandes o pequeñas, y el mismo olor a azúcar y el mismo ruido de los motores acompaña la faena.
Si usted pasa por Talanga visite las moliendas, conozca el trabajo y compre dulce, el valor es de 20 lempiras por rapadura.