En medio del pacto de agresión futbolística hacia el enemigo firmado durante la semana, cansado de dos años y cinco meses de famas pisoteadas, apareció el Ciclón Azul que excita a sus hinchas
y el equipo de Risto Vidakovic
se le ha ido a la yugular a la más pobre versión olimpista del torneo y hoy sale a la calle con la cabeza en alto, con el pecho inflado...
Ha sido un 2-1 elegante, valioso, con la categoría que le imprime Maxi Lombardi en el mediocampo
y con un Rulo Varela que huele sangre en el área contraria y que ha sabido liquidar el derbi justo a tiempo, mucho antes que Olimpia advirtiera que en la cancha estaba jugándose el orgullo de la ciudad, señal apenas entendida por Ramiro Bruschi, el uruguayo que le enseñó a este planchado Olimpia de JC cómo se tiene que jugar
el partido más esperado por el público.
Dos equipos diferentes
Como en los tiempos dorados del Mimado, con una grada mayormente de color azul, en la cancha había un equipo con actitud, que postulaba a sus extranjeros a la categoría de héroes de la tarde, y otro con el agua hasta las rodillas, un tetracampeón que no gozaba de buena salud y que ha salido del Nacional como ha entrado: en crisis, con apenas cuatro puntos ganados de los últimos 21 en disputa. Una pena...
Entonces, el águila entendió que era su tarde. Se bañó en ruda y salió al campo a jugar, sobre todo en una etapa de complemento que ha develado la mejor cara de un Motagua que ya ratos viene jugando bien.
Vidakovic juntó varios buenos pies en el medio y lastimó con un gol de camerino.
Te liquido temprano...
Orlin Peralta probó la fuerza aérea de Georgie Welcome
y el gigante isleño ha predominado en el área para desubicar a la zaga olimpista, con pocas fisuras hasta entonces; Maxi Lombardi merodeaba cerca y engañaba a los ratones que cuidaban el queso.
Toque sutil, delicado, ingenioso, casi debajo del arco. El uruguayo detonaba una bomba en la portería de Donis Escober y la Revo se lo dedicaba a la Ultra...
Sin rebeldía, sin un jugador distinto, a este Olimpia que ahora ya no juega, que apenas “resultea”, que ya no hechiza y que recibía la primera cachetada al 46, se le llenaba el techo de goteras y no le quedaba tiempo ni de llamar a los bomberos.
Entraron mal Bayron Méndez y Rigo Padilla y para entonces el Mimado se empecinaba en condenar sus temores de una vez por todas y atacaba como estampida, por derecha y por izquierda. Así se originó la segunda puñalada.
Al minuto 68 contragolpeó Orlin Peralta, salvó el Pimpollo un derechazo de Maxi, pero un segundo después hundió la daga en la herida y otra pelota que ha quedado en el área chica permitió el 2-0, esta vez del Rulo Varela, que guapeó en las alturas con Irvin Reyna y terminó su obra con otro toque delgado, muy ingenioso, también casi debajo del arco de Donis...
A pesar de la desventaja, el enemigo apenas puso una ficha en la meta de Marlon Licona al minuto 80. Beckeles centró y la Rata Bruschi aumentó su cosecha ante Motagua.
Pero faltaban 10 minutos y Olimpia no puso quinta en la marcha, se diluyó en su displicencia y terminó escuchando la melodía que la grada azul no entonaba hace dos años y medio: “¡Ole, ole, ole!”.
Gozo azul. Mandato motagüense.