SAN PEDRO SULA, HONDURAS.- El núcleo más cerrado de los familiares y las amistades del filósofo Edwin Pavón le han dado el último adiós al Director Técnico y político hondureño que a los 56 años dejó de existir el viernes anterior, víctima de un paro cardiorrespiratorio.
En la icónica parroquia San Vicente de Paúl se escuchó la última misa en honor a la memoria de aquel cipote nacido en La Lima, aficionado del Real España y que rápidamente dejó la pelota y los tacos para estudiar leyes y tácticas de fútbol hasta llegar a ser uno de los cinco mejores entrenadores del país y un proactivo diputado por el izquierdista partido Unificación Democrática.
Adiós, maestro
Cerrado el féretro de madera de caoba por orden de la familia, fueron los brazos de varios de sus mejores amigos los que cargaron el ataúd rumbo al viaje definitivo.
Alberto Chedrani, quien dirigía a Lempira de Hermacasa y enfrentaba al Deportivo Tigres de Edwin Pavón en un verdadero clásico limeño de los años ochenta, y David Aquiles Medina, compañero de profesión en el fútbol y colega del Colegio Nacional de Entrenadores, fueron parte de los voluntarios.
A eso de las 4:15 de la tarde el cortejo fúnebre tomó rumbo al cementerio Jardines del Recuerdo, en donde las lágrimas de Coraima Pavón Talbott se confundían con la cara inconsolable de Yajaira Talbott; hija y exesposa de Edwin Pavón no salían del trance y la adolescente exponía una camisa blanca con la foto de su padre y la leyenda “siempre te recordaremos”.
Hasta que el lugar empezó a tronar. Alguien pidió un minuto de aplausos y la concurrencia retribuyó enrojeciendo sus palmas y derramando lágrimas, una y mil lágrimas. “Fuiste un gran hijo, un niño sobresaliente en la escuela y el colegio... dejas un vacío muy grande, Edwin”, eran las sentidas palabras de su madre Hilda León segundos antes de quebrarse mientras el ataúd iba con dirección a su morada final.
Don Roberto Pavón, padre del Filósofo, se mostraba más fuerte de carácter y prefería llorar en sus adentros mirando cómo sus nietos Coraima, Alejandro y María Denisse (los tres hijos de Edwin Roberto) se derrumbaban. Inmediatamente doña Hilda no soportó la presión y se desmayó. Nunca pensó que iba a despedir así a su hijo.
Un hijo que se ganó el cariño sobre todo de los hinchas del Olimpia al clasificar al León al Mundial de Clubes de 2001 y que supo marcar un ADN en sus equipos hasta dar el salto a la política. En 2009 llega al Congreso, en cuya oficina privada recibía a sus amigos con un fuerte apretón de manos, las palabras justas y una imagen del Che Guevara, su gran ídolo ideológico.
Gracias por todo, Filósofo. Gracias por su dedicación. La pelota también le da un minuto de aplausos...