Con la migración a Estados Unidos, los pueblos de la frontera con El Salvador cada día pierden a sus niños y a sus jóvenes, quienes no abandonan su derecho a soñar.
Cada día, y como pueden, una gran cantidad de jóvenes y niños salen de los pueblos fronterizos hacia Estados Unidos.
En estos pueblos pobres, sin oportunidades y sin esperanza, los jóvenes se las ingenian para sobrevivir.
En esta ola de migrantes, los niños y niñas también dejan sus hogares y sus parientes para reunirse con sus padres en Estados Unidos.
Pese a que las remesas mueven la economía de los pueblos del sector fronterizo, la pobreza aquí todavía sigue siendo asfixiante.