Nada les queda, solo el estremecedor relato de cómo sobrevivieron a la
furia de los torrenciales.
En apenas dos horas decenas de familias capitalinas sufrieron la dramática vulnerabilidad del Distrito Central.
La lluvia que atacó inesperadamente no dejó pérdidas humanas, pero esos minutos de drama fueron suficientes para marcar de por vida a 39 familias capitalinas.
Para unas personas fue un encuentro sorpresivo con las fisuras y debilidades del territorio capitalino.
Al menos esa fue la tétrica situación plasmada en la colonia La Alameda, en el sector de radio América, donde la tormenta dejó atrapados en sus vehículos a dos conductores en una laguna temporal.
Con un caudal que crecía vorazmente y sin oportunidad de respuesta, las personas tuvieron que subirse hasta el techo de los automóviles a la espera de que llegaran los cuerpos de socorro.
La respuesta de la Cruz Roja se convirtió en el delicado hilo para que los rescatados se aferraran a la vida y no cayeran en las garras de la muerte.
En los mercados capitalinos, los vendedores debatían sus decisiones entre salvar sus productos o correr por sus vidas.
Pero quince minutos de agresiva lluvia no permitieron que los mercaderes actuaran, pues el torrencial aguacero ya alcanzaba niveles altos y quedaron casi inmovilizados en sus locales.
Al final, los clamores de misericordia de los mercaderes fueron oídos por la madre naturaleza y cesó con sus embates.
En otros sectores, la intempestiva tormenta solo permitió a las personas rescatar a sus seres queridos, mientras observaban a lo lejos cómo sus enseres quedaban sumergidos en el agua, y junto a estos sus años de trabajo y sacrificio.
Doña Gloria Araujo nunca olvidará cuando el reloj marcó las 4:00 PM, el momento en que la lluvia inició a azotar con inclemencia.
Y más inolvidable será lo que pasó quince minutos después, cuando el agua salía a borbotones por su pequeño cuarto de madera en el sector de Los Jucos del barrio Morazán.
“No tuve tiempo para rescatar mis cosas, se las llevó la lluvia. Ni mudarme hace unos meses a esta zona me salvó”, relató desgarrada la señora, mientras escurría el lodo de sus friolentas manos.