El Barcelona ha conseguido una contundente victoria ante el Levante, 5-0, en una noche fría en la capital catalana que los jugadores de Pep Guardiola se encargaron de calentar a base de goles y buen juego, borrando del césped a unos Granotta que llegaron al feudo blaugrana como equipo revelación y que no ha podido desplegar su juego.
De inicio, el Barça presionó muy arriba con la intención de no dejar respirar a los de Juan Ignacio Martínez y el tempranero gol de Cesc Fábregas puso la victoria en bandeja. Con la portería de un hundido Gustavo Munúa siempre en mente, la máquina blaugrana estuvo siempre bien engrasada y no chirrió más que en alguna jugada aislada en la que los de Jim pudieron haber anotado el gol de la consolación de haber tenido más suerte.
Sin embargo, el coloso Víctor Valdés supo mantener su portería a cero y estuvo providencial en un mano a mano con Koné en la mejor jugada de los visitantes.
Un dominio asfixiante...
Después del gol que abrió la lata, y luego de bastantes ocasiones y dos faltas directas de Messi y Xavi, el Barça consiguió el tanto de la tranquilidad gracias otra vez a Fábregas. El nuevo look del centrocampista le vino bien para recoger la asistencia de Xavi y peinar el esférico a la escuadra izquierda de Munúa, que se quedó inmóvil viendo como le colaban el segundo en poco más de media hora de juego.
La mala noticia llegó con el cambio del capitán, Carles Puyol, que se dio un golpe en la cabeza contra Koné y pidió el relevo al marearse. No obstante, el chaval Cuenca se sumó a la fiesta dos minutos después y restauró la tranquilidad y felicidad en los socios culés.
Después de desbordar por la derecha y volver loco a Juanfran, Guardiola lo envió a la izquierda en un intercambio con Alexis; a pierna cambiada, le costó más irse por desequilibrio, pero supo leer muy bien una jugada del chileno para recibir una excelente asistencia y, con la derecha y de primera, envió un disparo raso, con rosca, al palo largo del guardameta visitante.
Sin dejarlo respirar...
En la reanudación, pese al claro 3-0 que dejaba sentenciado el encuentro y permitía a los locales hacer los deberes, buscaron la excelencia y no pararon de intentar batir al guardameta uruguayo hasta el minuto final. Messi, que no podía perderse la fiesta, sumó un gol más a su cuenta particular. Alves vio entre líneas al argentino y la Pulga consiguió su gol controlando con el exterior y colocando el balón con el interior de su excelso pie izquierdo, que no tuvo igual fortuna en otras ocasiones.
Tampoco se olvidó de marcar Alexis, tras hacerlo ante el Rayo. El chileno finalizó una gran jugada colectiva elevando el balón por encima de Munúa, en un golazo en el que tuvo cierta suerte al dar el balón en un defensa levantina.