Otroversión: qué es y cómo saber si eres otrovertido

Existe un rasgo de personalidad que no encaja ni en la introversión ni en la extroversión: la otroversión

  • Actualizado: 18 de julio de 2026 a las 08:26
Otroversión: qué es y cómo saber si eres otrovertido

Tegucigalpa, Honduras.- La otroversión es “un rasgo de personalidad que se aleja del grupo [...] Simplemente significa que mientras la mayoría de las personas aprenden a desarrollar un sentido de pertenencia a través del condicionamiento social, los otrovertidos no, son sociables pero no comunitarios”.

Es la definición ofrecida por el psiquiatra estadounidense Rami Kaminski, creador del término que etimológicamente combina el español “otro” y el latín “verteré” (girar o dar vuelta).

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Aquellas personas cuya posición es de otredad, aquellas que, aun poseyendo habilidades sociales funcionales y empatía, deciden situarse en la periferia, y aquellas que valoran la independencia por encima de la afiliación, son las que engloba el concepto de otroversión.

De acuerdo con Kaminski, quien plasma sus ideas en su libro ‘El don de no encajar’, la orientación fundamental de los otrovertidos “se define por el hecho de que rara vez es la misma dirección que la de los demás”. Entonces, no consiste en ser más sociable o preferir la soledad, sino en no sentirse incluidos en ningún círculo social, ni en tener interés en formar parte. Porque, en la otroversión, se trata de no encajar, de moverse en el mundo sin ser parte de él.


La otroversión no es el punto medio entre la introversión y la extroversión.

La propuesta de Kaminski reconfigura los esquemas clásicos de la psicología de la personalidad acuñados por Carl Jung: extroversión e introversión; cuya distinción se basa en la fuente de energía y en el umbral de estimulación.

Los extrovertidos “giran hacia fuera”, es decir, requieren estimulaciones externas para recargar energía y se orientan hacia el exterior, la interacción y la socialización. Mientras que los introvertidos “giran hacia dentro”, hacia su soledad, sus pensamientos y reflexiones, agotándose en entornos sociales.

Tanto extrovertidos como introvertidos son comunitarios, definiéndose según su forma de interactuar con los demás. Y ahí radica su diferencia con los otrovertidos. Una persona otrovertida no prefiere la soledad, como una introvertida, como tampoco busca la estimulación social deseada del extrovertido, sino que su diferencia estructural —y su rasgo definitorio— se centra en la autonomía respecto al grupo.

La falta de interés en actividades sociales de los otrovertidos genera la idea equivocada de que son introvertidos. Pero se diferencian en aspectos claves: “Mientras que los introvertidos tienden a ser callados y reservados, los otrovertidos pueden ser sociables. Un introvertido no suele ser el primero en expresarse con firmeza en una reunión de trabajo. Sin embargo, a los otrovertidos no les cuesta levantarse y expresar con seguridad su punto de vista.

A diferencia de los introvertidos, que se agotarían por completo tras pasar horas en un rincón tranquilo de un bar hablando con su mejor amigo, los otrovertidos tienden a recargar energía con este tipo de conversaciones profundas”, desarrolla Kaminski en un artículo firmado en ‘The Guardian’.

Sobre el tiempo en soledad, un elemento compartido entre introvertidos y otrovertidos, especifica el psiquiatra: “Los otrovertidos disfrutan de la soledad al igual que los introvertidos, pero no por la necesidad de desconectar o recargar, sino para evitar la soledad y desconexión que sienten cuando están rodeados de gente”.

El “fenómeno Bluetooth”, clave para entender la otroversión.

A pesar de la ausencia de un impulso hacia la identidad grupal, los otrovertidos son capaces de forjar vínculos profundos con otras personas. Kaminski recurre al “fenómeno Bluetooth” para explicar cómo se relacionan los otrovertidos: la mayoría de la gente sincroniza sus emociones con el ambiente grupal de forma automática, pero el otrovertido tiene esta función apagada y no tiene el impulso de fusionarse con el grupo.

Por ello, el otrovertido es capaz de interactuar eficazmente en un grupo, pero sintiéndose separado de la experiencia colectiva, adoptando la posición de un observador que toma distancia en lugar de participar. Esto significa que sí pueden crear amistades o tener relaciones de pareja estables, pero no sentir apego por estructuras grupales o tradiciones compartidas.

El placer de los márgenes

“Nuestra cultura valora enormemente la pertenencia a un grupo [y], a lo largo de nuestra vida, nuestro condicionamiento social refuerza el principio cultural inmutable de nuestra sociedad: que la pertenencia a un grupo es un requisito indispensable para una vida plena y gratificante”, comienza a desarrollar Kaminski en su texto.

“Esto es cierto para muchas personas, no para los otrovertidos. A los otrovertidos se les considera raros y equivocados por preferir la soledad a la socialización, y son objeto de presión social por parte de personas bienintencionadas que realmente desean su compañía o que lamentarían que se perdieran la diversión. Lo que estas personas no comprenden es que, para los otrovertidos, hay una gran libertad y satisfacción en mantenerse al margen”.

La originalidad, la independencia emocional o la nula necesidad de aprobación externa son algunas características comunes de los otrovertidos: “Al no sentirse obligados a respaldar la postura, opinión o punto de vista colectivo, son personas sumamente independientes, con una mentalidad innovadora que aborda los problemas desde perspectivas novedosas, lo que a menudo conduce a descubrimientos creativos y contribuciones únicas”, explica el psiquiatra en el periódico británico. Añade que suelen ser amables y educados y que, aunque no disfruten de conversaciones triviales ni tengan un círculo social amplio, se relacionan de forma profunda y auténtica.

No es una etiqueta

Kaminski es claro: la otroversión no es una etiqueta —“etiquetar es lo opuesto a ser otrovertido”—, ni un trastorno o patología. Es una manera de ser y estar en el mundo. “No es un diagnóstico, no es una condición psicológica, es un atributo humano similar a ser zurdo”, explicaba en un vídeo en su cuenta de Instagram. “Mi trabajo consiste en darnos a aquellos de nosotros que tenemos dificultades para encajar, la libertad de forjar nuestro propio camino”.

En una sociedad comunitaria como la actual, los otrovertidos sufren un enfrentamiento entre dos fuerzas: un deseo de pertenencia socialmente condicionado y una incapacidad de pertenencia estructural e innata. Un otrovertido vive con el deseo de pertenecer —según Kaminski, surge de su deseo o envidia de la funcionalidad de los gregarios—, sobrevalorando la conexión amplia y, en consecuencia, devaluando su capacidad de conexión profunda.

Para el médico estadounidense, conocer qué es la otroversión ayuda a superar esa dicotomía y a abrazar su forma legítima de personalidad. Kaminski apoda esta aceptación como “El don de no pertenecer”.

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