Tegucigalpa, Honduras.- Su hijo adolescente le pide permiso para ir al centro comercial con sus amigos. De inmediato, su mente activa un complejo sistema de alertas: el tráfico, los desconocidos, las horas de libertad sin tutela. Sin embargo, ese mismo joven ha pasado las últimas tres horas recluido en su habitación, navegando por los meandros de TikTok, consumiendo contenidos que usted jamás ha supervisado y conversando con personas que no conoce.
Nos hemos vuelto centinelas expertos de la ubicación física de nuestros hijos, mientras permanecemos en una estulticia voluntaria frente a los vastos y ajenos territorios digitales que habitan cada día.
Esta paradoja desnuda una realidad incómoda en la paternidad contemporánea... nuestros instintos de protección están desalineados con los peligros reales. Vivimos en una época que en cierta forma es más segura que antaño en muchos sentidos literales, y aún así, la ansiedad nos hace sentir que el peligro acecha a nuestros hijos en cada esquina fuera de casa.
Mientras tanto, amenazas verdaderas y en extremo peligrosas (algoritmos diseñados para la adicción, el acoso cibernético, pornografía, violencia y la manipulación de extraños en plataformas de juego) se despliegan bajo nuestro propio techo ante nuestra mirada indiferente.
La ironía es que, al intentar blindar a sus hijos de cualquier roce o tropiezo en el mundo físico, usted corre el riesgo de no construir seguridad en ellos, sino una fragilidad profunda. Piense detenidamente en esto, por favor.
Diversas investigaciones sugieren que la crianza hipervigilante guarda una relación directa con la ansiedad social. Cuando “sobrevuela” cada paso de su vida, les envía un mensaje implícito; usted les transmite a ellos que no son capaces de gestionar su realidad
Encuentre un equilibrio
Como señala el Dr. Harold Koplewicz, el rol del padre o madre debe transitar, casi sin aviso, de gestor a consultor. Si ignoramos esa transición, les robamos la oportunidad de desarrollar una brújula interna. Al evitarles cualquier angostura emocional, impedimos que sus cerebros construyan las vías neuronales necesarias para la resiliencia. ¿Dónde radica el equilibrio?
Acompañamiento gradual
Ofrezca el apoyo justo para que tengan éxito y luego retírese con discreción. Si su hijo enfrenta un conflicto social, resista la tentación de intervenir por él. Es mejor que le pregunte qué soluciones imagina y escuchar cómo piensa desenvolverse. Sea su consultor, no su escudo. Solo haga ajustes menores donde sea imperativo.
¿Seguridad o comodidad?
El nerviosismo ante una presentación escolar o la frustración por la falta de “likes” no son traumas, sino que simplemente forman parte del crecimiento. Permitir que sientan incomodidad es enseñarles que son capaces de superar situaciones nuevas o que provocan ansiedad y déjeles saber que usted confía en que son capaces de superar dichos escollos.
Independencia escalonada
No espere a que se marchen a la universidad para que aprendan a valerse por sí mismos. Desde resolver una disputa entre hermanos hasta gestionar una red social con supervisión, cada responsabilidad bien lograda construye su autoconfianza.