Comayagüela, Honduras
27 ancianos, 17 caballeros y 10 damas, conviven como una gran familia en el Hogar de Ancianos María Eugenia, ubicado en Comayagüela,Cada uno de los habitantes de este asilo tienen historias por contar, acumuladas durante el largo viaje de sus vidas.
Pues no en vano el tiempo les cubrió con hilos de plata sus cabezas, les dibujó surcos en sus rostros o colocó cansancio en sus pasos.
Tiempo inolvidable
Aquí en este hogar nos encontramos a María Jenny Canales Zúñiga, una de los abuelas del centro.
Con su mente lúcida a sus 96 años, bachiller y maestra de educación primaria, honra siempre la memoria de sus progenitores, el ingeniero Félix Canales Salazar y María Prisca Victoria Zúñiga Huete. “ Ellos fueron mis padres”, expresó con orgullo”, mientras señalaba un retrato que cuelga en una de las paredes de su dormitorio, donde también tiene imágenes religiosas, muestra de que profesa la religión católica.
También a don Virgilio Zelaya, caballero de 77 años, vestido elegante, de profesión arquitecto, con especialidad en urbanismo graduado en Roma, se siente orgulloso de su participación como supervisor en el proyecto de construcción de la Nueva Morolica, en Choluteca, así como obras como parques en varios departamentos del país.
Y qué decir de Celia Flores, originaria de La Ceiba, con eterna sonrisa que le ilumina el rostro. Aún a sus 78 años está a la espera que llegue el chico de sus sueños y no se duerme sin antes dar gracias a Dios por el día vivido. Con 102 años recién cumplidos, el pasado 1 de noviembre, Día todos los Santos, don José Manuel Suazo, de porte aristocrático, es el más veterano, en el hogar de ancianos. Es un albañil de oficio, originario de Yuscarán, El Paraíso, rebosa juventud y energía. Sus años bien vividos, a pesar de sus dolencias, son para él la prueba fiel de que Dios lo ama.
Don Julio César Irías, de 72 años, aún celebra sus días de gloria, cuando fue coronado como campeón centroamericano de motociclismo.
Este hogar de ancianos donde confluyen tantas historias fue fundado el 4 de octubre de 1941, por iniciativa de la señora Sultana L. de Larach (QDDG) con el propósito de brindar asistencia social a los ancianos que, careciendo de protección familiar, necesitan un hogar en el ocaso de sus vidas. En la actualidad, este asilo necesita que los hondureños y capitalinos en particular les brinden ayuda solidaria.
Necesidades
La ayuda consiste en donaciones con productos de la canasta básica, arroz, frijoles, harina de maíz, carnes, leche en polvo, cereales y otros para brindarle una alimentación balanceada y de calidad a los abuelos.
También productos de limpieza, jabones, detergentes, ropa de cama, ropa de vestir, medicinas, entre otras no menos necesarias.
“El hogar se sostiene con las cuotas de las socias de la Cruz Blanca Hondureña, las rentas de una casa que tenemos en alquiler y personas de buena voluntad”, apuntó Gloria Sánchez Ramírez, presidenta de la Asociación.
Se invita a las universidades, organizaciones, centros educativos y demás entidades a brindar su apoyo.
A disposición está la cuenta 1-10004142-3 de Banco Atlántida, a nombre de Asociación Cruz Blanca Hondureña. También pueden hacer llegar a las oficinas de diario EL HERALDO, ubicadas en el bulevar Los Próceres, o llamar al 2236-7877