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Como si la Divina Providencia se mantuviera al tanto de las necesidades del centro de salud que lleva su nombre en la colonia La Hoya, las carencias son cubiertas en tiempo y forma.
Pese al débil sistema sanitario que impera en la ciudad con déficit de insumos, pésima infraestructura y farmacias desabastecidas, existen cesamos donde la calidad es el sello de presentación que los distingue.
Uno de ellos es este recinto de la salud donde 14,500 capitalinos de 13 barrios y colonias aledaños reciben atención médica de lunes a viernes durante 10 horas diarias.
El pequeño -pero completo- edificio alberga cuatro clínicas de medicina general y una de odontología donde laboran cuatro médicos y cinco enfermeras que según los pacientes atienden como familiares a los enfermos con un calor humano indiscutible.
Blanca Enamorado, una anciana de 68 años que asiste periódicamente al Cesamo por sus problemas de hipertensión, aseguró que quiere a las enfermeras como si fueran sus primas por sus finas atenciones.
“Ellas siempre están pendientes que yo siga mi dieta, que tome todos mis medicamentos y que llegue puntual a mis chequeos, si no me regañan”, confiesa entre risas.
Como ella, los al menos 100 pacientes que se atienden a diario se sienten satisfechos con la atención personalizada.
Y uno de los mayores logros del personal es haber sido catalogados como excelentes en la reciente evaluación que realizó la Región Metropolitana de Salud a los 64 centros de salud de la capital que asisten a sus 1.5 millones de habitantes.
Las claves
Dinora Ruiz, jefa del departamento de Enfermería, asegura que durante la evaluación los demás directores les solicitaron la receta mágica para mantener sus centro en buen estado y mantener una estrecha relación con la comunidad.
“En realidad no tenemos una receta mágica, solo tres características que nos mantienen a flote: responsabilidad, trabajo en equipo y entusiasmo”, manifiesta con orgullo.
Al parecer estos tres pilares han bastado para sostener este pequeño santuario de la salud, pues sus instalaciones se mantienen nítidas, la farmacia abastecida y las enfermedades comunes controladas.
En sus 11 años de existencia, el centro ha crecido enormemente. De tener una sola pieza, ahora suple las exigencias de sus pacientes con cinco oficinas, un área de laboratorio y otra de vacunación.
Estos proyectos fueron ejecutados con fondos propios de los empleados, voluntarios y hasta de los habitantes de la comunidad, quienes realizaron rifas y ventas de golosinas para reunir los casi 260 mil lempiras que costó la obra.
“Los voluntarios de salud venden café con pan, panqueques y hasta los estudiantes de medicina que nos apoyan realizan actividades en la universidad para apoyarnos”, relatan los empleados.
Para ampliar su capacidad de respuesta movilizan al menos una vez al mes el 70 por ciento del personal hacia los barrios más desposeídos de sus área de influencia como las colonias Las Palmas, Santa Isabel y la aldea La Hoya.
Durante las jornadas, los servicios de medicina general, vacunación, odontología y educación de planificación familiar se imparten a los habitantes. Incluso se lleva parte del cuadro básico de medicamentos para dejar los correspondientes tratamientos a los pacientes.
El secreto para mantener la farmacia abastecida es la creación de un fondo que permite comprar los fármacos que se agotan.
En lugar de pagar cinco lempiras en farmacia, los usuarios pagan 10. El 50 por ciento de estos recursos pasa a un fondo del Cesamo para compra de medicamentos e insumos.
Las enfermedades más comunes en la zona con las infecciones respiratorias agudas, diarreas y dermatitis, en el caso de la población menor de cinco años, y en los adultos es la hipertensión.
El dengue es una enfermedad controlada gracias a las permanentes abatizaciones y fumigaciones que realiza el equipo de ocho técnicos en salud del centro.
En lo que va del año solo se han presentado dos casos de dengue clásico.