El campo de fútbol a la entrada de la colonia Los Girasoles lucía abarrotado.
Ahí aguardaban al menos 3,700 jóvenes que se despojaron de la comodidad de sus hogares, dejaron atrás sus labores diarias y su quehacer educativo para participar de una experiencia evangelizadora: la VIII Peregrinación juvenil.
“Samaritanos por amor y por una sociedad más justa” es el lema que junto a “Jesucristo el eternamente joven” los llevará al municipio de Talanga, 66 kilómetros de la capital.
En los rostros de quienes participaban por primera vez se advertían el júbilo, la emoción y las ganas inmensas por demostrar al mundo que son agentes de cambio.
Los que ya habían realizado marchas anteriormente buscaban la oportunidad de renovar y compartir nuevas experiencias.
Clara misión
Mochila sobre sus espaldas y por atuendo unos jeans, camisetas con mensajes positivos, gorras y tenis, a los jóvenes organizados en bloques e identificados por colores de protesta, esperanza y fe les llegó el momento de emprender la marcha.
La ruta fue la carretera hacia el pintoresco municipio de Valle de Ángeles, realizando escalas en San Juancito y Cantarranas, hasta llegar a su destino.
Su peregrinación tiene una razón de ser. Además de las metas y propósitos, son firmes peticiones dirigidas a las autoridades gubernamentales.
En su camino abrazan la paz y condenan la violencia, la inseguridad y la criminalidad que enfrenta el país y la capital, cuyos niveles alcanzan más del 70 por ciento.
Según la Pastoral Juvenil, que organiza la caminata, la sociedad necesita cambios urgentes, regular ciertas leyes y dar respuesta a la problemática que somete a un estado de indefensión a los hondureños.
La exigencia más fuerte que llevan los jóvenes es que el gobierno establezca un control en la comercialización de armas y genere un desarme.
“Los jóvenes queremos denunciar y levantar nuestra voz para que se regule la ley sobre la comercialización de armas. El país no está en guerra, queremos paz, es un basta ya a la violencia”, declaró Iris Barrientos, coordinadora general de peregrinación juvenil.
La promotora consideró que no es justo ni moral que las leyes actuales permitan a cada hondureño tener cinco armas, como si el país estuviera en guerra.
De cumplirse estas proyecciones, en Honduras existirían 40 millones de armas.
Es por esta razón que los jóvenes decidieron pronunciarse a favor de un desarme, que propicie la paz como un valor más que necesario.
Los jóvenes manifiestan que para lograr este propósito antes debe darse un desarme moral, capaz de despojar de malos sentimientos y pensamientos que llevan al individuo a matar y cometer actos repudiables.
“Con esta marcha la juventud ha comenzado por evangelizar y promover el desarme moral. Ahora le pedimos al gobierno que realice el desarme, sobre todo de artefactos livianos que son los más peligrosas y las que más se ejecutan”, apuntó Barrientos.
Revisión de la ley
Empero, hay quienes se declaran en contra la petición de desarme que elevan los jóvenes.
El alcalde capitalino Ricardo Álvarez dijo que no está de acuerdo en la medida, ya que aduce que los delincuentes no registran sus armas y por lo general portan aquellas que son prohibidas.
Ejemplificó que si un marero tiene acceso a cinco armas y se asocia con 20 pandilleros más, entre todos pueden conformar un mini ejército con 100 armas.
“Sin embargo, sí creo que habría que revisar la ley, para reducir el número de armas permitidas. Con una o dos armas por persona bastaría', dijo.
Ejemplo significativo
Los peregrinos se agruparon en cinco bloques de seis comunidades cada una.
Las comunidades se definían por el nombre de un santo o santa que sea un ejemplo viviente en sus aspiraciones.
Algunas de los grupos se denominan Beato Juan Pablo II, Santa María Goretti, San Francisco de Asís y Santa Clara de Asís, entre otros.
Durante el trayecto, en el que los participantes verán el amanecer en el municipio de Cantarranas, se reza el santo rosario, se animan con cantos vocacionales y se comparten las experiencias de vida.
A su paso se les unirán más jóvenes de los municipios aledaños, hasta llegar a sus destino en Talanga con un promedio de cinco mil jóvenes.
Los fieles que observan la extensa peregrinación que evoca el Éxodo les aplauden y les desean buen viaje. La carga se hace ligera porque no van solos, los acompaña la gracia divina y las oraciones de quienes creen que los jóvenes son agentes de cambio.
Mañana, 230 alcaldías municipales de varias regiones de Honduras han programado marchas simultáneas a favor de la paz, para exigir al gobierno que garantice la seguridad de la población.
“Quiero ser ejemplo de solidaridad y sacrificio”
Danny Aguilar quiso enviar un mensaje contundente a los jóvenes: que una limitación física no restringe
los sueños, mucho menos cuando lo que se busca es convertirse en un buen samaritano.
Danny, de 16 años, iba en su silla de ruedas que lo llevaría hasta Talanga; en su rostro se advertía la emoción y la felicidad por asistir e a la VIII Peregrinación.
“Danny quiere demostrar y ser un ejemplo de solidaridad para todos los jóvenes. Que nosotros somos los llamados a transformar la nación y pedir que cese tanta violencia.
Un mensaje para aquellos jóvenes que aún teniendo sus pies buenos no se atreven a hacer un esfuerzo”, declaró Lucas Aguilar, ayudante del joven. En sus peticiones, Danny abogará porque en el país impere la justicia.
“La paz es un valor necesario en la sociedad”
A su guitarra le arrancaba las notas más sonoras para elevarlas como una oración a Dios y para animar a su comunidad.
Freddy Herrera aprovechó su período de vacaciones para sumarse a la aventura y experiencia de la VIII Marcha Juvenil.
“Esta es una experiencia muy bonita, pues como iglesia nos unimos en este peregrinar por Cristo, y más cuando se trata de pedir por la paz, que es un valor muy necesario, más en estos tiempos en que el país se encuentra en una crisis, en violencia”, manifestó Herrera.
El joven peregrinó en la comunidad Santa Catalina de Siena, quien se considera un ejemplo a seguir por los jóvenes por su gran amor a Jesucristo y el prójimo, al que siempre tendió la mano.