San Pedro Sula, Honduras.- A bordo de un camión militar y con las manos y tobillos esposados, así llegaron, a eso de las 9:10 am de ayer, Ángel David Alvarado Sierra y Gina Azucena Poveda a los juzgados de El Progreso, Yoro, para su audiencia inicial, tras ser acusados del delito de asesinato en perjuicio de sus amigos y vecinos.
El caso que enfrenta los procesados es por el crimen de los esposos José Darío Caballero Zelaya y Sobeyda Rodríguez García, cuyos cuerpos aparecieron el miércoles 11 de febrero a la orilla de la carretera CA-13, entre la comunidad Quebrada de Yoro y la colonia Núñez de El Progreso, luego de ser ultimados la noche anterior.
Tras el ingreso de la pareja, que se mantuvo en total, uno de sus apoderados legales manifestó que no brindaría declaraciones a los medios de comunicación y que esperaría hasta el silencio final de la audiencia.
Al ser consultado sobre la postura de sus representados ante las acusaciones, afirmó que ellos se declaraban “inocentes toda la vida”.
Aunque la audiencia estaba programada para las 8:00 am, el proceso comenzó alrededor de las 2:00 pm y se extendió hasta la tarde-noche debido a la carga probatoria presentada tanto por la Fiscalía como por la defensa.
Hasta anoche se esperaba la resolución de la jueza que conoció el caso. Dos escenarios eran probables: que se les dictara un sobreseimiento o que se les impusiera prisión preventiva, lo que implicaría su retorno al centro penal de El Progreso, Yoro , donde cumplían detención judicial.
Crimen
Según las primeras investigaciones policiales, la muerte de Darío Caballero Zelaya y Sobeyda Rodríguez se habría producido durante una presunta discusión bajo los efectos del alcohol, cuando partían con los sospechosos en el municipio de Tela.
El reporte indica que los cuatro salieron de sus viviendas en el residencial La Granja, en El Progreso, hacia Tela con el fin de compartir. Sin embargo, cuando regresaban a sus casas, el altercado se escaló y habría provocado que Alvarado Sierra les disparara.
La Policía y el Ministerio Público señalan que entre las pruebas que vinculan a los acusados figuran casquillos de bala hallados en su vivienda, así como rastros de sangre detectados en su camioneta y otras evidencias técnicas.