De padres
desconocidos, yendo de una familia a otra y con un futuro incierto, es como puede describirse parte de la vida de
Brayan
Francisco Guerrero, de 19 años, asesinado la noche del viernes junto a otros dos jóvenes en la colonia La Joya de
Tegucigalpa.
Desde el momento de su
nacimiento, Brayan habría
sido marcado por la desdicha al ser abandonado por sus padres, situación que lo llevó de casa en casa, integrando familias que no conocía y que de cierta forma se encargaron de su cuidado, hasta que un día él
decidió emprender
un nuevo camino.
El
jovencito, cuyo cuerpo
inerte
yace en uno de los
freezeres de la
morgue
judicial de Tegucigalpa, fue inscrito en el Registro Nacional de las Personas (RNP) al cumplir sus 18 años, ya que sus padre nunca dieron parte de su
nacimiento.
El trámite fue realizado por el personal de la organización no gubernamental Casa Alianza, donde fue acogido durante varios años.
Hace tres meses, el joven, junto a Juan
Daniel
Salgado y
Allan
Antonio
Cáceres, abandonaron la ONG que les brindó protección y emprendieron una aventura recorriendo las calles
de la
capital de Honduras.
Durante esos tres meses, los muchachos buscaron dónde dormir, llegando al Centro Ámbar, ubicado en la primera avenida de Comayagüela. Ahí descansaban por la noche y en el día
salían
a las calles, supuestamente
a delinquir.
Como lo relataron los vecinos de la colonia La Joya, donde fueron asesinados, durante el día los
jovencitos
tocaron las puertas de cada una de las casas exigiendo que les pagaran el “impuesto de guerra”. Ese mismo día, a las 9:30 de la noche, ya eran una
estadística
más de los homicidios ocurridos en Honduras.
Debido a que ninguna de las familias de los tres jóvenes se hizo cargo de retirar los cadáveres, personal de Casa Alianza se comunicó a la
morgue
judicial para responsabilizarse de los gastos
fúnebres.
Los cuerpos de los tres muchachos serán retirados en el transcurso de la mañana del lunes, para darles sepultura.