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Viudas hindúes, entre la desidia y el abandono

En India hay 40 millones de mujeres condenadas a ser ciudadanas de tercera en un país en el que conviven, a menudo de manera contradictoria, tradición y modernidad

07.04.2012

Una fila de viudas recorre las calles de Vrindavan, noroeste de la India, con un cuenco en la mano para pedir limosna a las tiendas y puestos callejeros. Algunas caminan tan dobladas que su tronco forma un ángulo de 90 grados con respecto a las piernas.

La mayoría tiene el rostro y el cuerpo surcado de arrugas. Otras se arrastran apoyadas en un bastón. Muchas tienen la mirada perdida.

Con sus ajados saris de color blanco, el cabello rasurado y sin joyas adornando su cuerpo, las viudas acuden a Vrindavan, donde los hindúes consideran que el dios Krishna pasó su infancia.

Las mujeres le dedican sus cánticos a la deidad mañana y tarde en los ashrams (monasterios) a cambio de dos rupias, unos 0,03 céntimos de euros y alguna limosna extra que mendigan a mediodía.

TRISTE REALIDAD. La mayoría de las viudas canturrean durante horas “Hare Krishna, Hare Rama” de un modo mecánico, repetitivo, monótono.

Los rezos suenan como una desesperada llamada a la muerte. Pero, paradójicamente, uno de los mayores temores de estas mujeres,que supuestamente vienen a Vrindavan a morir y escapar de la rueda de la reencarnación, es no haber ahorrado lo suficiente para pagar los ritos funerarios y que sus cenizas no lleguen a ser esparcidas al río Yamuna que recorre la ciudad.

Todos los días decenas de viudas procedentes de toda la India llegan a la estación de trenes de Vrindavan. En algunas ocasiones por deseo propio, pero en la mayoría de los casos porque sus hijos las han echado de casa una vez fallecido el marido.

Alrededor de 15,000 viudas malviven en Vrindavan durante sus últimos años en minúsculos habitáculos de algún ashram u ONG o duermen en la calle. La tradición patriarcal brahmánica establece que una mujer viuda sólo ha de esperar la muerte, vestir de blanco, rasurarse el cabello, quitarse las joyas, ingerir tan sólo una comida al día –prohibida la carne, los dulces, la cebolla y el ajo– y, básicamente, desaparecer de la sociedad. Alrededor de 40 millones de viudas habitan en India, el 10% del total de la población femenina del país asiático.

“Hace seis años que mis hijos me dijeron que no querían saber nada de mí”, cuenta la bengalí Menaka Mukherjee. “Ahora solo deseo morirme”, añade esta anciana de 74 años completamente consumida.
“Si las mujeres en este país son ciudadanas de segunda, las viudas son de tercera categoría”, explica Mohini Giri, fundadora de la ONG Guild of Service.

A pesar de que por ley en India desde 1956, las mujeres tienen los mismos derechos a recibir su parte de la herencia que un hombre, muchas veces los familiares se aprovechan del analfabetismo y vulnerabilidad de estas mujeres para que sean incapaces de reclamar sus derechos. En el septentrional Estado de Rajastán todavía existen ocasionales cazas de brujas.

Del 22% de las viudas indias que tienen derecho a recibir una pensión de 200 rupias al mes (unos 3 euros) por parte del Gobierno, tan sólo un 11% de ellas realmente la cobra. Un 70% son analfabetas.

Tan sólo las mujeres extremadamente pobres con una edad comprendida entre los 40 y 65 pueden solicitar la ayuda gubernamental. Existe un gran desconocimiento entre ellas sobre sus derechos. Además, la corrupción del sistema burocrático indio muchas veces dificulta que las viudas sean capaces de cobrar su subsidio.

En último lugar, el Gobierno no ha hecho el esfuerzo suficiente para desarrollar un único programa destinado a la totalidad de las viudas, que incluya la preparación educativa o vocacional para que las mujeres más jóvenes sean capaces de trabajar.
Propietarios de tierras de la zona las adoptan como amantes y posteriormente las venden a prostíbulos.

La India es conocida por aunar todo tipo de contradicciones. Pero con el desarrollo que experimenta el subcontinente desde que se pusieran en marcha las reformas de liberalización económica en 1991 y que han permitido un crecimiento anual de su economía de alrededor de 8% durante las dos últimas décadas, no han desaparecido una serie de costumbres ancladas en la tradición y que generalmente lastran terriblemente a las mujeres.

“Como afirma el premio Nobel de Economía Amartya Sen no tiene sentido mirar a la pobreza con un estricto sentido económico como la falta de dinero o comida, sino también como la falta de capacidades y posibilidades”, señala Anju Pandey desde la Agencia de Naciones Unidas para la Mujer (ONU Mujeres) en India.

“El sistema patriarcal que permea la sociedad, la cultura y la mentalidad explica por qué es tan difícil para las viudas mejorar su situación y sufrir una discriminación tan brutal. Hay que prestar atención a las dinámicas de poder dentro de los hogares”, añade Pandey.