Buenos Aires, Argentina.- Hay historias que no se cuentan solo con logros, sino con raíces. Y la de Pedro Troglio comienza lejos de los estadios llenos, en una colonia humilde de Luján, que es una ciudad de la provincia de Buenos Aires, Argentina, donde la vida le enseñaba temprano lo que realmente importa.
A sus 60 años de edad, con una trayectoria que lo ha llevado por distintos países y desafíos, Troglio habla desde un lugar más íntimo: el del hombre que nunca se despegó de sus orígenes. Hablar de su niñez es hablar de sacrificio, pero también de amor. De un padre que salía de casa antes de que amaneciera y regresaba cuando el día ya se había apagado, y de una madre que, incluso en medio de las dificultades, encontraba la forma de acompañarlo en cada paso.
“Siempre fui feliz dentro de esa pobreza”, confiesa en entrevista exclusiva en la sección de Tictac de EL HERALDO. Y en esa frase cabe toda una filosofía de vida. Porque si algo define a este argentino —más allá del técnico apasionado que se ve en la cancha— es la lealtad a esos valores que lo formaron: la humildad, el respeto, el esfuerzo. “El verdadero Pedro es el que vive en su casa, con su esposa y sus hijos”, aclara, como queriendo separar al hombre del personaje.
Su infancia no fue sencilla. Una inundación arrasó con todo lo que tenían y obligó a su familia a empezar de nuevo. Pero entre las pérdidas, también nació un sueño: el fútbol. En un club de barrio, entre amigos y tardes interminables detrás de una pelota, empezó a escribirse una historia que cambiaría su destino.
Sin embargo, fuera de la cancha, Troglio es otro. Un hombre que encuentra en lo simple sus mayores alegrías: un mensaje después de un partido, el abrazo de sus hijos, la voz de su esposa al otro lado del teléfono. Alejandra Alonso, su compañera de vida desde hace más de dos décadas, es su refugio. “Es la única persona con la que me siento resguardado”, dice. Y no hace falta más explicación.
También hay heridas que en él nunca terminan de cerrarse por completo. La pérdida de sus padres sigue siendo una de ellas. Cuando habla de ellos, su voz se quiebra y el silencio pesa más que cualquier palabra. No haber podido despedirse de su padre en plena pandemia de covid-19 marcó un antes y un después, una ausencia que todavía hoy le duele en lo más profundo. Y luego, su madre... como si el corazón no resistiera tanto debido a la tristeza, se fue poco tiempo después. En ese instante, más que un recuerdo, lo que aflora es la emoción intacta: los esfuerzos, los abrazos, la vida compartida. Y aún así, entre lágrimas, elige quedarse con el agradecimiento: por lo vivido, por lo aprendido, por ese amor que nunca se va.
Al final, cuando se le pide resumir su vida en una palabra, no duda: “Felicidad”. Y tal vez ahí está la clave de todo: en haber entendido que, más allá de los triunfos y las derrotas, lo verdaderamente importante no se mide en resultados, sino en la forma en que se vive el camino.
Tictac con Pedro Troglio, el DT argentino que nunca olvidó de dónde viene
¿Qué enseñanzas de su infancia siguen acompañándolo hasta hoy?
Vengo de una colonia muy pobre. Luján, una ciudad que queda a unos 80 kilómetros de Buenos Aires, Argentina, una distancia similar a la que separa Tegucigalpa de Comayagua. Vengo de una familia muy humilde. Aunque la vida me sonrió y cambió mi destino, nunca olvido los sacrificios de mis padres ni los valores que me inculcaron. Sigo manteniendo los ideales que me enseñaron mis padres: la humildad, el sacrificio... las cosas importantes de la vida.
¿Qué sacrificios de sus padres comprende y valora hoy más que nunca?
¡Uff! Recuerdo a mi padre levantándose a las 5:00 de la mañana y regresando a casa a las 9:00 de la noche, trabajando sin descanso y sin que el dinero alcanzara para todo lo que hubiera querido darnos. Pero si hay algo que yo siempre le agradecí y le dije es que siempre fui feliz dentro de esa pobreza.
¿Cuáles han sido esos valores aprendidos en casa y que usted considera inquebrantables en su vida?
La humildad. Olvídate del Troglio técnico, que puede ser criticado porque a veces se le ve enojado. Pregúntale a cualquier persona en Honduras que me haya encontrado en la calle o en un supermercado si alguna vez no he saludado (hay algunos técnicos que ni te miran); yo siempre me he parado a saludar. Es imposible que haya perdido la humildad. Hablo desde el lado humano, no solo como director técnico, que a veces ves respondiendo mal en una conferencia de prensa, enojado o contestando en la cancha. El que ven ahí es otra persona; el verdadero Pedro es el que vive día a día en su casa con su esposa y sus hijos, feliz y sin haber cambiado nunca.
Cuando se quita el rol de entrenador, ¿quién es realmente Pedro Troglio?
Una persona totalmente distinta a la que ustedes ven en el fútbol. En la cancha a veces me ven enojado, protestando o declarando de forma impulsiva, pero en mi casa soy diferente. Soy tranquilo, disfruto de la compañía de mi esposa y mis hijos, salimos a comer, paseamos, vamos al teatro y a recitales. En el fútbol sí me transformo, porque me han enseñado que perder no sirve. Eso me llevó a construir una coraza, y a veces muestro una personalidad que no es la real en mi vida.
Su mayor logro no está en la cancha, sino en sus seis hijos. "Son momentos únicos", asegura el entrenador.
Pedro, después de tantos años en el fútbol... ¿qué cosas siguen emocionándolo como la primera vez?
¡Todo! Amo lo que hago. No me veo fuera del fútbol, por eso traté de involucrarme en lo que más me pudiera aproximar a él. Sigo manteniendo la misma desesperación por ganar. Si bien me gusta y me apasiona lo que hago, mi obsesión es ganar. El mundo futbolístico me ha hecho un obsesivo por ganar. Cuando perdés, se genera un vacío enorme y sos el peor de todos.
¿Qué pequeños placeres de la vida lo hacen sonreír sin ningún esfuerzo?
Llegar a casa después de una victoria y ser recibido por mi esposa y mis hijos con alegría. Lo primero que hago al terminar un partido es llamar a mi esposa, gane o pierda. Cuando gano, la llamo de inmediato, porque sé cuánto sufre con las derrotas y las críticas; al final son los familiares quienes más las sienten.
¿Cuándo fue la última vez que algo lo conmovió de forma inesperada?
Lo que más me conmueve todavía hoy es la pérdida de mis padres. A mi padre lo perdí en la pandemia del covid-19; yo estaba en Honduras y no pude venir a Argentina. Eso fue lo que más me conmovió, porque cuando se van los padres afloran los recuerdos: todo lo vivido, los esfuerzos... y yo no pude estar cuando mi papá falleció, no pude estar a su lado ni despedirlo. En cambio, cuando regresé a Argentina pude despedirme de mi mamá. Creo que terminó yéndose detrás de él (su papá), porque aunque estaba impecable, la tristeza pudo más. Despedir a un padre o a una madre es una de las cosas más duras de la vida.
¿Cuál es el recuerdo más presente que tiene de sus padres, Pedro?
El esfuerzo. El ser feliz en la pobreza. Mi vieja yendo a buscarme al colegio para dejarme el sándwich con una bebida, para irme a los entrenamientos. Mi papá llevándome a los entrenamientos o al fútbol. Tengo recuerdos de los esfuerzos de ellos conmigo, así que es lógico que mi llegada al fútbol tenga mucho que ver con ellos.
¿Qué lugar ocupa el amor en la vida de Pedro Troglio en este momento?
Para mí es preponderante. Mi esposa Alejandra, con quien llevo 22 años, me ha dado más de lo que merezco y vive por y para mí y nuestros hijos. El amor es querer llegar a casa, y yo soy feliz cuando termino un entrenamiento porque tengo deseos de querer llegar a mi casa y eso tiene que ver con lo bien que me siento. Trato de no fallarles, de hacerlos sentir bien. Mi esposa y mis hijos son lo que más amo.
¿El amor lo ha hecho más fuerte o más vulnerable?
Dependen las experiencias, sean tristes o alegres. Pero me parece que siempre vulnerable, porque cuando uno se apoya en los demás, siempre se está más débil, no se está fuerte. Entonces, si no tenés gente al lado y ese amor no es fuerte, pasás a ser vulnerable; y si el amor es fuerte, te pueden sostener. Los seres humanos no siempre estamos bien y tenemos que tener gente que nos sostenga, y eso también es mucho amor.
¿Qué le ha enseñado el dolor cuando ha tocado su vida?
He tenido momentos dolorosos. La he pasado muy mal, pero nunca me he bajoneado. Tengo una entereza fuerte, por eso me he podido dedicar a ser entrenador. Siempre he tenido la posibilidad de salir adelante. No he visitado casi nunca a un psicólogo.
¿Quién ha sido su refugio en los momentos en los que no se siente fuerte?
Siempre es Alejandra, siempre es mi esposa. Mis momentos malos en el fútbol, lamentablemente, los deposito en casa.
El recorrido de Troglio incluye nueve años como jugador en Italia y trece en Japón. Como entrenador, ha dirigido en Paraguay, Perú y durante un largo periodo en Honduras. Para él, "han sido experiencias fantásticas".
¿Qué le ha enseñado la vida que el fútbol no podía enseñarle?
Para mí el fútbol tiene mucho que ver con la vida. Lo peor que te enseña la vida, y que me ha pasado mucho, es que la traición nunca viene de un enemigo. La traición siempre viene de un amigo. La vida me enseñó que no hay que confiar siempre, pero la vida también me enseñó que siempre hay que confiar en alguien, y eso es terriblemente difícil. La vida me enseñó que hay que volver a confiar en alguien.
¿Cuál considera su mayor logro fuera de la cancha?
Mi mejor logro son mis hijos, no hay nada que se compare con tener un hijo. Son momentos únicos; no hay nada mejor que tener un hijo. Yo tengo seis hijos.
¿En qué momento sintió que Honduras dejó de ser solo un país y se volvió parte de su vida?
Yo creo que en la segunda renovación de mi contrato con Olimpia. Cuando yo llego a Honduras y ganamos dos torneos seguidos, el club me renueva y empiezo a darme cuenta de que iba a ir para largo.
Encima, armamos un equipo terriblemente fuerte; hoy todavía los veo y me siguen emocionando los chicos. Edwin Rodríguez, Jorge Álvarez, los Pinto, los Pineda, Benguché, Bengtson, Arboleda, Menjívar... Cuando nosotros llegamos, ellos eran chicos de 18, 19, 20, 21 años de edad. Verlos hoy crecidos en el tiempo y siendo la base del equipo, sin duda, ha sido una generación de fútbol fantástica que todavía hoy sigue dándole mérito a Olimpia. Va a ser difícil volver a encontrar un grupo tan fuerte como el que encontré yo.
¿Qué significa para usted el cariño de la afición hondureña?
La gente de Olimpia conmigo ha sido impresionante, con su cariño y afecto. Todavía hoy, la gente me sigue escribiendo. Yo resalto mucho más cuando fue la pandemia del coronavirus, porque me quedé solo, mi familia se había ido, falleció mi papá... Me acuerdo de que la gente de Olimpia empezó a alentarme a través de las redes sociales; la relación que tengo con ellos es impresionante. Una hinchada fiel que te sigue a todos lados.
Si tuviera que describir a los hondureños en tres palabras, ¿cuáles serían?
Leales, afectuosos y divertidos. La pasé muy bien, los hondureños me hicieron reír mucho y he hecho muchos amigos.
Al final del camino, ¿qué cree que realmente importa?
Al final del camino, ya no me importa nada. Me duele el alma pensar que hay que llegar a ese final, porque la vida es tan linda. Quisiera vivir eternamente, pero sé que, lamentablemente, no es así.
Si este capítulo de su vida terminara hoy en estas páginas, en esta entrevista... ¿qué palabra lo resumiría?
¡Felicidad! Sería un final feliz: he vivido momentos malos, pero han sido más los lindos