Tegucigalpa, Honduras
La vida formó a Jimmy Dacarett Yuja como una persona multifacética. Ha sido vendedor, carnicero, deportista, panadero, empresario e ingeniero mecánico. Igualmente, el atrevimiento, la rebeldía y la sinceridad son características que lo han acompañado a lo largo de un camino que no le ha sido fácil, sobre todo en un país donde cada día crece la injusticia.
¿Cómo se define usted?
La vida me obligó a no ser especialista en nada, pero sí a tener el conocimiento y la destreza para muchas cosas. Puedo decir que he sido rebelde, por ejemplo, me fui de la casa cuando tenía 17 años a una aventura por Estados Unidos a buscar lo que quería ser. Lo otro significativo es que soy bastante amigable, creo en la amistad y en la sinceridad. A pesar de ser géminis, no tengo doble cara. Soy muy recto, muy franco para decir las cosas, por eso puedo caer bien cómo puedo caer mal. Yo no puedo asimilar la hipocresía, no la comparto y me revienta. No soy fácilmente mutable, no me acomodo por un interés o algo por el estilo.
¿Tímido o extrovertido?
Depende. En la mayoría de tiempo bastante introvertido, pero en momentos críticos si me convierto en extrovertido. Es más, yo no tengo facilidad de palabras, pero la vida me ha obligado a ir aclarando la forma de presentar mis ideas y lo he ido afinando, he mejorando, pero realmente mi naturaleza más bien es una dificultad de tartamudez y esas son cosas que por necesidad uno hace: el esfuerzo para cambiar.
¿Cuál es el momento más feliz que recuerda con sus padres?
A nosotros nos enseñaban a trabajar desde muy temprano. Me acuerdo que mi padre Salomón tenía una tienda que se llamaba La Dalia, ubicada en el centro de Tegucigalpa, y había una bodega llena de juguetes y un día nos dijo a mi hermano (Teddy) y a mí, teníamos unos ocho o diez años, que emprendiéramos la venta de esos juguetes. Entonces abrimos un espacio de venta tanto dentro de la tienda como en la calle, donde nos relacionábamos con otras personas con quienes no había diferencias.
¿Y vendieron los juguetes?
Sí, nos deshicimos de ellos, los vendimos todos, pero el dinero no era nuestro, era de la familia.
¿Hoy son otras circunstancias?
Uno ha vivido muchas etapas y una de las razones por las que a veces me he inmiscuido en la parte pública es por el sentido de lo que uno vivió en la niñez y juventud. Cuando éramos simples cipotes había una gran libertad, no había tanta separación de clases sociales. Había libertad, mucha seguridad. Aparte de aprender en la casa, en la escuela, también aprendíamos de la calle. Eso es lo que lamento que mis hijos nunca pudieron tener y también alguna parte de mi siguiente generación no va a gozar esta oportunidad: va a tener el aprendizaje de casa, de la escuela, pero no va a tener el aprendizaje de calle, por los miedos, por la inseguridad y porque cada vez mucha gente influye para fomentar la separación de las diferentes clases sociales.
¿En qué ha trabajado don Jimmy?
Desde cipote con mi padre era conserje, vendía en la tienda, la hacía de cajero y cuando estuve en Michigan, Estados Unidos, tuve la oportunidad de trabajar en un supermercado, como carnicero, pasé después a una discoteca de barténder, luego fui descargador de tráiler en la UPS y terminé trabajando en una línea de carros de la General Motors.
¿Cuándo regresó al país?
En 1978 vine y seguí estudiando, como a los dos años me casé. Luego fui a sacar una especialidad en panadería, al regresar emprendí varios negocios. Iniciamos en la actividad de la porcicultura y con una carpintería. Con la porcicultura llegamos a tener unos 200 vientres, pero cerramos por las malas prácticas del gobierno.
¿Dónde conoció a su esposa?
A Soraya (Mitri) la conocí en la universidad, ella estudiaba administración de empresas y yo ingeniería mecánica, como a los dos años nos casamos, ahora tenemos 33 años de casados, con tres hijos: Melisa, Daniel y Jimmy.
¿Y ese joven tímido cómo se las arregló para conquistar a doña Soraya?
Son cosas que cuando pegan, pegan. En esa parte creo que nos casamos muy jóvenes, ella tenía 20 años y yo 21.
¿Qué pasó con la carpintería?
Creo que ese fue el negocio más rentable que he tenido.En el término de dos años ya había logrado pagar todo el equipo y no le debía a nadie, pero estaba muy cipote, muy joven. Una vez llegué a la empresa, porque trabaja en la Bambino, y encontré a la gente robando. Eso me frustró tanto que la cerré de la cólera por considerar que no había lealtad. El equipo lo cambie por un camión. Ahora me arrepiento, en ese tiempo no había madurado, cometí un error grave, lo que debí haber hecho era cambiar a la gente, no cerrar el negocio.
¿También tenía un restaurante?
Sí, cuando teníamos los cerdos creamos una granja avícola, luego abrí un restaurante, el Jimmy West BBQ, en la colonia Palmira; fuimos los primeros en introducir lo que es la costilla en barbacoa. Todo iba saliendo de los mismos negocios, o sea, tenía los cerdos, puse el restaurante con la especialidad y al lado coloqué una carnicería. El restaurante lo cerré porque el dueño no me permitió botar un muro para parqueo. Luego abrí una gasolinera, en Las Torres, pero como la construcción de la calle Los Alcaldes tardó más de un año, eso nos debilitó económicamente y la terminé vendiendo. Ahora solo estamos aquí en la Bambino y tenemos el restaurante Lumiere en el centro comercial Multiplaza.
Como carnicero ¿cuál es su corte preferido?
Depende, es que también soy carnivoro, ja, ja, ja... Soy muy habitual de los cortes de las carnes, pero también cocino. Hay diferentes cortes que me gustan. En la carnicería uno va dando lo que el cliente pide. Los cortes preferidos en Estados Unidos son diferentes a los cortes de acá. Uno ha ido aprendiendo en esa parte.
¿Usted ha hecho pan?
Sí, es que soy panadero, la mayor parte de las fórmulas dentro de la Bambino fueron creadas por mí. A esto me dedico y esto es lo que me gusta.
¿Cuál es la fórmula más exquisita que ha creado?
No te puedo decir con claridad cuál, ja, ja, ja... es que depende de lo que le gusta a la gente, puede ser dulce, simple, hay una gama de variedades en ese sentido. No te puedo especificar un producto. Si es dulce, una semita, una ojaldra, una galleta o algo por el estilo; si es lo simple, un integral o un pan blanco, que es lo que podés comer solo. ¿Qué es lo que podes comer acompañado? un pan francés.
¿Se ha quemado haciendo pan?
De plano, siendo cocinero o panadero las quemaduras están a la orden del día, pero ninguna me ha dejado marca.
¿En su vida ha practicado algún deporte?
He sido siempre bastante amigable, hemos practicado la amistad y el deporte. Mis tres años en el Instituto San Francisco fui el portero titular del equipo de fútbol, también pertenecí a la selección de básquetbol, en la juvenil y en la mayor, y formé parte del equipo de la universidad. Por ser multifacético, hasta en el Estadio Nacional practiqué varias ramas del atletismo, también jugué boliche.
¿Si le gusta el fútbol debe sufrir mucho por la selección?
La verdad que sí. Yo tenía mis equipos de fútbol y básquetbol. Aquí en la Bambino tuve equipos de fútbol en todas las categorías, incluso formé los equipos femeninos. Fuimos el primer equipo de mujeres campeón a nivel nacional, pero por las mandraqueadas me retiré. Honduras no avanza en lo futbolístico porque desde las ligas de formación hay gente corrupta que realmente solo anda buscando beneficios. Nosotros lo vivimos en la categoría de varones y mujeres. Esas son las consecuencias por las que a las selecciones nunca llegan los que deberían llegar, por la mandraqueada que existe desde los niveles bajos hasta los más altos.
Se ha preguntado ¿por qué está en esta vida?
En mi diálogo con Dios le digo que me indique a qué he venido y que me muestre el camino y me proteja en lo que debo hacer. Mi razón de ser solo me la da Dios. Uno tiene un destino y una razón para haber venido a este mundo