Tegucigalpa, Honduras.- El cantautor hondureño Federico Ramírez, miembro fundador de Voces Universitarias, murió este viernes 6 de noviembre a los 84 años.
En su mensaje, Voces Universitarias despidió a Ramírez como autor, compositor, actor, cantante y miembro fundador, y habló de seis décadas de música y canto que se cierran con su partida.
El grupo se comprometió además a impulsar el sueño de su compañero, que definió como “restaurar y edificar la identidad nacional de Honduras”.
José Coello Barahona, conocido artísticamente como Federico Ramírez, nació en Tegucigalpa el 8 de junio de 1942. Desde niño sus tías lo llamaban Federico, mientras que el apellido Ramírez lo adoptó de su abuela materna, Desideria Ramírez, y su infancia transcurrió en lo que hoy es el Barrio Morazán.
Su primera aparición ante el público llegó a los 10 años. Cursaba tercer grado en la Escuela Francisco Morazán cuando su maestra, Lila Margarita Tercero, lo llevó de la mano hasta un escenario, según relató él mismo a EL HERALDO en 2013.
Más tarde se graduó de perito mercantil en el Instituto Central Vicente Cáceres, aunque jamás trabajó en esa carrera. La música ganó la partida.
Los años sesenta lo encontraron entre tablas y grupos. Bailó en el Cuadro Nacional de Danzas Folclóricas, que dirigía Rafael Manzanares, pasó por el Teatro Infantil de Mercedes Agurcia y en 1966 participó en la fundación de Voces Universitarias, agrupación que difundió canciones hondureñas dentro y fuera del país.
Con las décadas, su nombre quedó atado a la grabación del repertorio nacional. Sus reseñas biográficas le atribuyen más de 300 canciones hondureñas registradas.
Una de ellas es “Corazón”, de Rodolfo Bonilla, que interpretó como solista junto a Los Cuatro Románticos en el disco “Música Hondureña Vol. 1”, de principios de los setenta. Su discografía incluye además “Hablando con Dios”, grabado en México en 1982, “Pesca de sirenas” y “Homenaje a Serafina de Milla”, también recopilaciones como “Estampas musicales hondureñas” y “Alforja musical hondureña”.
Siguió activo ya entrado el siglo. En 2009 clasificó a la final del Festival de Los Zorzales con “Rompe el arado... rompe”, una canción de corte social inspirada, según contó a La Prensa, en el trabajo de los campesinos hondureños. Su reseña biográfica añade que, a los 70 años, cantaba su repertorio junto a la Orquesta Filarmónica de Honduras.
Se va un hombre que pintó cuadros para sostenerse mientras seguía cantando lo suyo, y que al hacer cuentas habló de viajes y de aplausos. Lo que deja pesa más que esa suma. Sus canciones siguen en los discos y en los festivales, y su sueño de reconstruir la identidad hondureña queda ahora en manos del grupo que ayudó a fundar.