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Federico Ramírez: 'Nadie me ha apoyado, nunca me han dado nada”

A los artistas hondureños les cuesta mucho sobresalir, espero vengan tiempos mejores, dice el entrevistado.

13.12.2013

Como artista le ha dado brindado múltiples beneficios al país y a cambio no ha recibido nada.

Aún así, Federico Ramírez, cuyo nombre verdadero es José Coello Barahona, no deja de luchar por lo que él siente y ama, la música, el teatro, la pintura y la danza.

Contrariando al padre, las tías le llamaron Federico y la teatrista Mercedes Agurcia le colocó el Ramírez. Así nace un nombre artístico que llevará toda su vida.

A los diez años, cuando está en tercer grado en la Escuela Francisco Morazán, su maestra Lila Margarita Tercero lo tomó de la mano y lo subió por primera vez a un escenario.

Era el comienzo de una carrera que le llevaría por el laberinto de la satisfacción y de la ingratitud.

Fundador de Voces Universitarias, miembro del Teatro Infantil que dirigió Mercedes Agurcia, integrante del Cuadro Nacional de Danzas Folclóricas que creó y dirigió Rafael Manzanares, hoy José Coello o Federico Ramírez vive de un salario mínimo que le pagan por su trabajo en la Secretaría de Obras Públicas, Transporte y Vivienda (Soptravi), y de lo poco que gana por algunas presentaciones musicales.

A sus 71 años, y unos 50 años de su debut en el mundo artístico, Ramírez nunca ha recibido un reconocimiento por su extraordinaria labor.

Con el ánimo de un soñador, lo encontramos en uno de los rincones de Soptravi listo para hablarnos de su vida y de su actividad como cantante de música hondureña y como pintor para subsistir.

¿Cuál es su nombre verdadero? José Coello Barahona, es mi nombre verdadero.

¿Y el Federico Ramírez de dónde salió? A mí desde niño mis tías me comenzaron a llamar Federico. El no ponerme Federico al momento de asentarme fue un capricho de mi papá. Solo me puso José, no me puso Federico, por un hermano que se fue de la casa y no volvió nunca. Mi papá, por un resentimiento, no me puso Federico, pero mis tías, llevándole la contraria, me llamaron José Federico, incluso en la Escuela Francisco Morazán, donde estudie, aparezco como José Federico Coello, pero mi partida de nacimiento dice José Coello Barahona, solo tengo un nombre.

¿Y el Ramírez de donde viene? Mi abuela por parte de madre se llamaba Desideria Ramírez, entonces, cuando trabajaba en el teatro infantil con Merceditas Agurcia, allá por 1965, ella me preguntó una vez: “Oíme ¿no tenés otro apellido que no sea Coello?”, le contesté: “mi abuela es de apellido Ramírez”.

Entonces me dijo: “de ahora en adelante te vas a llamar Federico Ramírez”, y en todos los programas que hacíamos así me presentaba.

¿Cuándo y dónde nació? Nací en Tegucigalpa, el 8 de junio de 1942, tengo 71 años de juventud. Mi papá era don Miguel Antonio Coello y mi madre doña Camila Ramírez.

¿Dónde realizó sus estudios primarios? En la Escuela Francisco Morazán, quedaba ahí por el barrio la Ronda. El plan básico lo hice en el Instituto Central Vicente Cáceres cuando quedaba en el Parque la Merced. Ahí me gradué de Perito Mercantil pero nunca ejercí, me gustó más la música.

¿Cuándo se sube por primera vez a un escenario? La primera vez que subí a un escenario estaba en tercer grado, tenía diez años. Mi maestra, Lila Margarita Tercero, me tomó de la mano y me subió. Con el tiempo, con ella llegamos a ser compañeros de actuación en Emisoras Unidas, en los programas “Cuentos y Leyendas de Honduras”, “La escuelita alegre”, “El correo de la risa”, “La prensa dramatizada”, “Juzgue usted”, un programa que yo lo dirigía y producía y que llegó a los primeros lugares en HRN, esto en los años del 77 al 80.

¿Cuándo le entra a la música? Comencé en el Instituto Central Vicente Cáceres, en la banda. A pesar de graduarme en este colegio de perito mercantil continué en la banda, ahí aprendí a tocar la tuba. No solo tocábamos marchas, sino también boleros. El maestro era Toribio Bustillo.

¿Pero cómo hacía para vivir únicamente formando parte de la banda del Central? No solo estaba ahí, desde 1962 me metí al Cuadro Nacional de Danzas Folclóricas, que dirigía el maestro Rafael Manzanares, director y fundador. Después estuve con Merceditas Agurcia en el Teatro Infantil, luego fundamos Voces Universitarias en 1966.

¿Aparte de la banda, en la parte musical que más hacía? En los 60 conformamos el primer grupo de rock que hubo en Honduras. Lo formamos con Miguel Zúniga, Roberto Bográn, Alberto Valladares; yo era el solista y un guanaco cantaba los merengues.

¿En 1963 usted tenía un dueto? Sí, lo tenía con Belisario Romero y se llamaba Los Herederos

¿Heredaron alguna fortuna? Heredamos la música del trío Los Fenicios, que en ese tiempo se deshizo, porque unos se fueron a estudiar. Ese trío estaba integrado por Salvador Lara, que era la primera voz, Ramón Barrientos Tercera y el requinto Hernán Quezada de la Torre, y por un locutor salvadoreño que estuvo trabajando en Radio América, que hacía el programa “Crisantemo Siempre Viva”, un personaje humorístico. Él se fue con el problema de la guerra con El Salvador.

¿Con quién más fundó Voces Universitarias? Eramos 16 miembros, el director en ese entonces era Carlos Fortín, después se deshizo el grupo y se volvió a formar. Empezamos, Carlos Fortín, su esposa Sonia Fortín, Rodolfo Bonilla, su esposa Julieta Bonilla, que acaba de fallecer; Neco Bustillo, que era el que tocaba el contrabajo; Ramón Zúniga; Samuel Tenorio; Toño Torres; Arnaldo Villanueva Chinchilla; Víctor Vásquez; Belisario Romero y Manuel Castillo.

¿De quién fue la iniciativa? El grupo nace por una iniciativa de Manuel Castillo, que era tesorero de la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras (FEUH). Él quiere hacer una actividad cultural de la FEUH y como conocía a Belisario y a mí que cantábamos música hondureña, recuerdo que con un requinto andábamos para arriba y para abajo cantando, nos llama y nos dice que quiere grabar un disco con nosotros y que tiene dinero de la federación, entonces yo me opuse y le dije que no podía grabar un disco con una guitarrita, que necesitábamos un acompañamiento más grande, comenzamos a buscar gente y empieza a nacer Voces Universitarias con duetos, tríos, cuartetos y grupos que nosotros conocíamos.

¿Qué canciones cantaban al principio? La canción que más pegó, que gustó mucho fue “Corazón”, con ella fui al Primer Festival de la Canción Latina en México. Esta era una canción compuesta por Rodolfo Bonilla, yo la interpretaba con el cuarteto Los Románticos, que era parte del grupo.

¿El primer grupo de Voces Universitarias cuánto tiempo estuvo unido? Yo estuve hasta el 69, luego no se por qué Carlos Fortín hace cosas contra mí. Hay un viaje a México con Oswaldo López Arellano, quien va a una visita presidencial y llevan a Voces Universitarias, pero yo no voy porque vengo llegando de Nueva Orleans con el Cuadro Nacional de Danzas Folclóricas y tengo que irme para México con el cuatro de teatro infantil, era una cosa que cada dos o tres meses viajábamos a representar a nuestro país, entonces Carlos Fortín quería exclusividad y yo no podía hacer eso.

Después vino una ruptura por cuestiones personales en el grupo. Un grupo de siete que estaban por un lado me llamaron para formar otra vez Voces Universitarias, ya teníamos personería jurídica y armamos nuevamente el grupo, pero ya sin Carlos. Voces Universitarias comenzó a funcionar, grabamos un long play, grabamos otro… grabamos siete long play.

¿Voces Universitarias llegó a manejar mucho dinero? Uhhh, sí, pero la administración fue muy oscura. Yo siempre quise que compráramos la sede que teníamos en el Guanacaste, porque el que nos alquilaba la casa nos la daba en 35 mil lempiras, era un regalo, pero no quisieron. El que realmente amaba al grupo era yo, los otros siempre estaban pensando en su desarrollo personal, poner su negocio.

¿Aparte de Voces Universitarias, que le ha dado el mundo artístico? Solo satisfacciones, viajes, pero reconocimientos no, el único reconocimiento que he recibido en mi vida dentro del arte han sido los aplausos y ver que la gente tiene gusto por lo nuestro.

¿Usted también es pintor? Yo siempre he pensado que aquí se necesita un centro de cultura popular donde vayan los niños que no tienen recursos para aprender a pintar, a tocar un instrumento, a hacer teatro...

¿Cómo descubrió esa habilidad de pintor? En 1963 íbamos con Belisario y mi primo Rodolfo caminando por la Calle Real y dijimos porqué no vamos a la Escuela Nacional de Bellas Artes. Vamos a ver si podemos aprender, y llegamos a la puerta. En una mesita rústica estaba don Mario Castillo. ¿Usted es el director?. Sí. Fíjese que queremos aprender a dibujar.

Inmediatamente nos dijo, ¡ahhh!, ¿eso quieren?, entonces vengan. Y nos subió al segundo piso en una sala donde había un montón de bustos, nos puso un papel estraza, nos dio un carboncillo y nos dijo, usted va a dibujar este busto, usted el otro. Como a las dos horas subió y nos preguntó ¿cómo va eso?. Vio y se fue. A la hora volvió a subir y después de ver dijo: bueno, ya es suficiente. A mi primo le dijo practique seis meses más y vuelva. Belisario y yo nos quedamos, Belisario se retiró pero yo seguí, por eso es que yo dibujo más que todo bustos, no logré pasar hacia abajo.

¿Y qué piensa hacer con esas pinturas?

Llevo pintando unos once años. De estos óleos y acrílicos, tengo 38 y lo que quiero hacer es un recital de canto y una exposición.

¿Quiénes lo apoyan en este proyecto? A mí nadie me ha apoyado, nunca me han dado nada. Tengo 50 años solo cantando música hondureña, esa es mi especialidad, y nunca alguien me ha reconocido algo.

¿Sobrevive solo con su salario mínimo y lo que le da lo artístico? Sí, a veces recibo cuatro mil lempiras por una presentación, fuera de todos los gastos, pero eso no es todos los días, es de vez en cuando. Yo tengo 38 cuadros y quiero ponerle el bastidor de unos cien lempiras a cada uno de ellos, entonces para mis 38 cuadros necesito unos cuatro mil 500 lempiras y no los tengo. Esto es primordial para realizar la exposición de los cuadros.

¿Y de su vida familiar que nos puede contar? Yo tuve tres matrimonios. El primero con Delia Guillén, con quien tengo a mi hijo mayor, Miguel Antonio Coello. El segundo con María Elena Lagos, con quien tengo a mi hijo José Federico Coello; y el tercero con Martha Leticia Landa, quien era maestra y teatrista, ella murió en el 2001. Con ella tengo dos hijas: Vannia José y Zafiro Isbela María.


¿El artista no es muy considerado en Honduras?

Los políticos lo ven de menos, pero el artista tiene más cosas en su haber cultural que un político. Los políticos, se creen que son los non plus ultra y siempre necesitan de nosotros, principalmente en las campañas.

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