El tiempo ha pasado tan rápido y aunque sientes que apenas fue ayer que tenías a tu consentido en tus brazos amamantándolo, hoy ya te encuentras leyendo temas como este para acostumbrarte a la idea de que tu pequeño pronto entrará al kinder. El nudo que tienes en la garganta es totalmente normal y aunque por dentro te sientas desconsolada,
ponte en el lugar de ellos que tras haber estado por tres años en su “nido” familiar, sintiéndose seguros y teniendo toda la atención del mundo, ahora tendrán que convivir con personas diferentes y con una figura de autoridad distinta, la maestra.
“La ansiedad de separación que sufren tanto hijos como padres
es totalmente normal; de parte de los niños, es un miedo a lo desconocido, y para los papás es difícil soltar a los hijos por primera vez en un ambiente desconocido,” indica la psicóloga especialista en educación especial, Fanny Flores. Pueden tener sentimientos de inseguridad o incertidumbre al no saber cómo van a tratar a sus hijos, especialmente si tienen la idea de que sólo ellos los pueden cuidar y entender bien. Por otro lado, el separarse de papá y mamá es una oportunidad para que el niño desarrolle un sentido independiente de sí mismo. Por primera vez tendrá que pedir las cosas sin que esté mamá para adivinar su pensamiento y para decirle todo lo que tiene que querer y hacer.
Sin embargo, si los papás no ayudan a los niños a superar este proceso, el evento puede marcar el resto de sus vidas, por eso se deben de tener en cuenta varios factores al momento de enfrentar este momento.
1) Estar seguros que están listos
“No hay un indicador que determine si tu hijo está listo para ir al kinder. Las necesidades de desarrollo del niño deben ser evaluadas en diferentes áreas, para determinar sus habilidades y decidir si es hora de empezar,” señala Flores. Algunas escuelas usan objetos, etc. Pero se aconseja a los padres no tomar una decisión basada solamente en estas pruebas, sino también considerar sus propias observaciones y la de los pediatras. Nunca es demasiado tarde, ni demasiado temprano. Todo depende de tu situación. De hecho, algunos especialistas indican que quienes asisten desde pequeños a la guardería vivirán menos angustiados el ingreso tanto a preescolar como a la primaria. A partir de los 8 meses de edad el proceso de separación se torna más difícil, porque para entonces los bebés ya reconocen bien a las personas, notan las diferencias y sienten angustia al no estar cerca de quienes les producen confianza, por eso, si puedes, trata de integrarlo al “day care” antes de esa edad.
2) Empieza con tiempo
Toma en cuenta que el proceso lleva tiempo
Es muy importante acudir al período de adaptación diseñado en las guarderías, en los que la mamá está un rato con ellos durante los primeros tres días. Por lo menos una semana antes del inicio de clases, realiza la rutina que se seguirá una vez entrando a la escuela: levantarse a la hora, bañarse y desayunar.
“Antes de comenzar la escuela, lleva a tu hijo para que visite el aula y conozca al maestro; que juegue un rato en las instalaciones para que las vaya reconociendo. Sería excelente si pudieras organizar una tarde de juegos con otro de los compañeros de preescolar, porque entonces los niños ya se conocerían para cuando empiecen las clases,” sugiere la licenciada Fanny. Pero el período de adaptación no debe pasar de tres semanas. Si ves que sus berrinches o enojo se prolonga, busca un especialista, porque se puede tratar de un trastorno de comportamiento.
Factores a tomar en cuenta
Señales de que sufre de ansiedad por separación
Situaciones a las que debes estar alerta y pueden indicar más que un sencillo malestar:
1 Tiene dificultad para expresar lo que siente.
2 Está abrumado por un cúmulo de emociones, y le cuesta trabajo identificar el origen específico de su malestar.
3 Demanda atención, especialmente la tuya.
4 Hace berrinches, trata de golpear a los hermanitos, y todo en tu presencia.
5 Esta ansiedad llega a ser un “desorden de ansiedad de separación” cuando deja de comer o dormir en la forma acostumbrada,
cuando no participa en sus actividades diarias y le cuesta respirar.
Medidas para superar la ansiedad:
1.Establece en casa reglas y límites fijos, que no cambien.
Es una forma de ser coherentes y de dar a los niños la seguridad de un ambiente predecible. Si tu hijo está acostumbrado a reglas claras y bien definidas, le puedes ayudar a superar su miedo de entrar a la escuela estableciendo una rutina predecible. “Siempre te voy a llevar a la escuela, te voy a dar un beso y te vas a bajar del carro y a la X hora en punto voy a tu salón a recogerte.” Saber lo que va a pasar, y que no cambie, le dará a tu hijo tranquilidad.
2.El primer día de clases procura no retrasarte para evitar que el niño se tense más de lo natural.
Tampoco le des instrucciones tipo: “no hables”, “no pelees” o “no grites”, porque además de aumentar su ansiedad, creerá que lo dejas en un lugar donde siempre estará limitado. Intenta dejarle algo tuyo muy valioso y dile: “cuídamelo y me lo das cuando regrese por ti”.
3.Si hace berrinche para conmoverte y así evitar que lo dejes,
no te dejes convencer, en especial ese primer día, pues si el niño ve que su táctica no funciona, desistirá. Recuerda que siempre debes despedirte, no salgas corriendo o a escondidas, si lo haces el pequeño se sentirá engañado y abandonado por ti.
Bases de aprendizaje
Consejos adicionales
Es mucho mejor dejar que tu hijo esté listo antes de forzarlo a empezar el kinder demasiado pronto.
Hay que darle el tiempo necesario para que madure y tenga las herramientas para tener éxito. No te dejes presionar por las personas que te presuman maravillas:
“Mi hija tiene tres años y ya sabe leer.”
“¿Qué? ¿Tu hijo todavía no multiplica?
El mío ya sabe dividir.”
El aprendizaje debe tener una secuencia lógica basada en el desarrollo natural del cerebro. No puedes cocinar los conocimientos en el microondas, tienes que dar a tu hijo el tiempo para disfrutar cada paso de su propio crecimiento. Él tendrá mucha seguridad personal cuando se enfrente a los retos con las herramientas necesarias para el éxito.
Cuando llegue el momento, si sientes que te afecta mucho la separación debes de buscar actividades que te ayuden a distraerte y que transmitas a tu hijo esa seguridad que necesita. Para ayudarle a él prepara un juego en el que algo desaparece de la vista, pero tu hijo lo encuentra. Coloca una pelota debajo del sillón y dile: “No la vemos.¿Crees que sigue allí? Veamos.” Cuando tu hijo encuentra la pelota, puedes decirle: “¿Ves? Aunque no podíamos ver la pelota, sigue allí, como cuando Mamá va trabajar”. Lo que haces es reforzar la “permanencia de los objetos”, un concepto que aparece antes (al final del primer año de vida), pero que se ve amenazado por el desafío emocional que trae aparejada la separación.
La voz experta
Fanny Flores
Licenciada en
Psicología
Centro de Rehabilitación
Psicopedagógico/Social “Paso a Paso”,
San Pedro Sula