VISITA. Es un hombre nervioso, aunque no ha perdido la huella que deja en los militares de las Fuerzas Especiales su formación de “hombres de guerra”. No es muy alto, es musculoso, de piel canela, ojos claros y pelo siempre casi al rape. Mira constantemente hacia todas partes, como si supiera que lo están siguiendo o vigilando y habla en voz baja. Viste con elegancia y siempre va armado.“Sé que me van a caer tarde o temprano -dijo, como para justificarse-; y si me dan tiempo me voy a llevar a más de uno”.“¿A quiénes se refiere?” -le preguntó el oficial que estaba con él.“A los manes de mis jefes -respondió-. Ellos saben que yo sé muchas cosas y esa señora me expuso con sus declaraciones, y como nadie le manda la boca”.“¿Cómo va lo de su asilo?”“Ahí va, caminando. Tal vez tenga tiempo”.El oficial dejó aquel tema bruscamente y dijo:“Bueno, cuéntenos la historia como usted la sabe y como la vio”.“¿Cómo se la dije a los fiscales?”“Sin detalles que puedan comprometerlo más”.“Me ofrecieron protección y nada. Si no fuera por mi hermana que está en Suiza, ya me hubiera muerto de hambre. Y los ahorros que tengo, los necesito para empezar una nueva vida, si es que me dan el asilo a tiempo”.“¿Cree que lo buscan?”“Estoy seguro”.“¿Qué fue lo que vio?”
TESTIGO
El hombre, joven todavía, hizo una pausa, ordenó sus pensamientos, bebió un poco de café y después dijo, sin dejar de ver hacia todos lados:“Mire, nosotros siempre estamos alertas en la isla, por si vemos una chava bonita, hermosa, que parezca educada y fina. No son muchas las hondureñas que llegan de vacaciones a Roatán con esos detalles, pero llegan extranjeras jóvenes, bonitas, unas italianas y otras colombianas, que son las más apetecidas y que se... pagan mejor”.“Está hablando del rapto de mujeres para venderlas en burdeles, ¿verdad?”El hombre tosió.“Sí -dijo-, las más bonitas y hermosas. Pero no son para dejarlas aquí. Aunque hay hondureños de billete que llegan a la isla para divertirse con chavalas bonitas, extranjeras, sobre todo. Uno tiene el perfil, las busca, encuentra una, dos o tres, y las lleva. Les guste o no, quieran o no... Las pagan bien. Después se les dice que se callen o que las vamos a matar. Y muchas mejor se van de Honduras, marcadas para siempre. Una chavala de Italia quiso ir a denunciar que la habían raptado y llevado a una isla privada y que la obligaron a tener relaciones con dos hombres ricachones. Pero gente de nosotros estaba en la Policía y se le advirtió que, si decía algo, no saldría viva de Honduras. Y se fue. Nosotros la vimos subiendo al avión. Claro que no ha sido la única”.“¿Les dijiste eso a los fiscales?”“Allí están mis declaraciones”.“La gente que está detrás de este tráfico de mujeres es poderosa”.“Como todo en el crimen organizado. Un delito es eso, un delito, y da mucho billete. No hay por qué asustarse de eso... Pero la chavala esa, la que siguen esperando y las otras...”“¿Qué?”
HISTORIA
“Mire -dijo el hombre-, aquí le traigo unos papeles de los que me dieron en la fiscalía, y unas copias de los que yo les entregué... Aquí van a ver que no es la primera chavala que desaparece en la isla. Ellos dicen que son tantas y tantas, pero, en verdad, son muchas más. Lo que pasa es que nadie denuncia o las denuncias se pierden en el camino y nadie investiga. Otras, que solo son ‘cazadas’ para una noche de parranda de millonarios, de Honduras y de otras partes, se conforman con salvar la vida, y algunas se llevan unos dólares que a nadie le caen mal. Otras, claro está, son sacadas del país. Las llevan lejos, muy lejos. En especial, las colombianas, que son hermosas, bonitas y de trato agradable, y si son jóvenes y altas, mucho mejor. Bueno, una vez nos llevamos a una muchacha muy linda. Era de Colombia. Alta, delgada, firme su cuerpo y bonita, pero bonita... Andaba con un grupo, pero se subió a una moto acuática y la seguimos cuando se alejó en el mar. La llevamos a una casa y quiso resistirse. Un doctor le puso una inyección y se apaciguó. Hicieron con ella lo que se les antojó y la dejamos dormida cerca de un manglar. Después nos dimos cuenta que era oficial de la Policía, o que había sido policía. Los compañeros se la llevaron, denunciaron, y nadie abrió la boca en Honduras, porque hay gente de cuello en estos gustos”.
“¿Y las otras?”
“Bueno, son muchas las turistas que se divierten en motos de agua. Van en grupos o con los guías. Más de alguna se pierde, pero regresa a la playa. Otras, a las que ya les echaron el ojo, se agarran para el rato de las fiestas, y otras, no vuelven nunca”.
“¿Y el gringo que tienen detenido por el asunto de Angie Peña?”
El hombre hizo otra pausa, como si dudara. Luego dijo:
“Mire, señor, en la isla todos nos conocemos, especialmente los que andamos en el agite... De ese señor no voy a decir nada. Si tiene sus líos, dicen que es porque estaba con una menor de edad y un arito que hallaron en la casa, es como mil aritos más. Si esa muchacha estuvo allí, pues que lo digan las autoridades. Yo declaré lo que tenía que decir. La que habla de más de ese caso es esa señora, y ella sabe por qué dice esas cosas”.
“¿Ella habló con usted?”
“Mire...”
Nueva pausa.
“Esa mañana, una chavala bien linda fue a alquilar una moto de agua para ir a dar un paseo. No había muchas en aquel momento porque estaban alquiladas, pero ella dijo que iba a regresar. Entonces, un chavo, un mulato bien tipo, le ofreció una. No sé si ya se conocían, porque ella se fue con él. Para mí, que a ella la impresionó el man ese. Era un colombiano alto, fornido y tipazo. La llevó a una casa, cerca de la playa. Allí, las casas están en alto, levantadas sobre pilotes, con palmeras alrededor. El man le dijo que lo esperara, pero ella se metió en la casa detrás de él. Andaba en traje de baño y sandalias y se veía linda, la verdad. El man no se dio cuenta que ella venía detrás de él. Entró a uno de los cuartos, cerró, y la chavala entró después. Y lo que vio la hizo gritar y salir corriendo. A dos manes les dijeron que la agarraran. Allí estaban contando billete, del verde, y lo juntaban con hules, y estaban pesando coca, para la venta. Eso no podía dejarse pasar. Así es que alguien llamó al jefe de todos esos, y este llamó al man, al colombiano. Y yo sé que él le dio la orden de darle luz verde a la chava. Y, como el man había metido las patas llevándola hasta allí, supuestamente para prestarle una moto, y con ganas de conseguírsela a ella, pues, sé que también lo apartaron”.
“¿Usted conoció a la muchacha?”
“Sí, yo la vi bien... estaba de guardia ese día en la casa y tenía que bajar a la playa para ver a las chavas que podían servirles a los señores... Ese era mi trabajo...”
“¿Supo cómo se llamaba?”
“No”.
“¿Era ella?
”El hombre miró hacia otra parte, apartando la vista de la fotografía.
“Mire -dijo-, esta ha salido en la tele miles de veces. Y faltan muchas más. No se sabe de todas las que se pierden en la isla. Yo vine a contarle esto porque quiero descargar mi conciencia. Ya dije lo que tenía que decir en la Fiscalía. Usted me dijo que esta historia no iba a tener tantos detalles. Lo que sí me gustaría, es que se detenga de una vez el secuestro de mujeres en las islas. No me gustaría que a mis hermanas o a una de mis hijas les pase lo mismo. Pero como es un súper negocio, ¿quién lo va a detener? Por mi parte, yo me salí de eso, y pedí asilo. Los del Ministerio Público me están ayudando; eso es lo que dicen. Y lo de esta muchacha, es algo que se va a saber pronto. La moto la fueron a dejar lejos, y solo Dios sabe a dónde se la llevaron a ella, o dónde está”.
“¿La vio usted alguna vez?”
El hombre se puso de pie, nervioso y viendo en todas direcciones. Y dijo, con acento medroso:
“Mire, señor, ya tengo que irme... Creo que ya hablé demasiado”.
NOTA FINAL. Hay más preguntas que respuestas. La trata de mujeres es un mal viejo y que genera millones y millones. Miles de muchachas desaparecen. Algunas son engañadas y llevadas lejos, muy lejos. Otras, son raptadas y vendidas... Y muchos se benefician de este negocio siniestro, como todos los del crimen organizado.