Cuando niña, Nora Urbina era una fanática de las aguas termales que brotan de los abundantes manantiales en su natal Lempira.
Con una palabra describe su infancia: feliz. Los amorosos recuerdos de su crianza hacen que su compromiso con su trabajo, la protección de los niños, sea más sólido, asegura.
En los primeros meses a cargo de la Fiscalía Especial de Protección a la Niñez lloró al ver tantos casos de abusos, pero reflexionó que las lágrimas no eran solución para ese drama y redobló el esfuerzo para atacar este flagelo. De carácter firme, de decir las cosas por su nombre y desafiante frente a la injusticia, así es Nora Urbina. En la siguiente entrevista con EL HERALDO conocemos parte de su historia:
¿Cómo son sus inicios en el mundo legal?
Tengo 17 años de laborar en el Ministerio Público, yo venía del Poder Judicial. Desde que estudiaba trabajé en los juzgados de Tegucigalpa y luego, siendo escribiente, hice examen de oposición, pasé a ser defensora pública del Poder Judicial cuando iniciaba el programa de la Defensa Pública en el año 89. En 1994, cuando se aperturó en el Ministerio Público, hice examen también por oposición y llegué a trabajar en el Ministerio Público.
He sido rotada por diferentes fiscalías y desde 2004 me desempeño como fiscal especial de la niñez.
¿Cuál fue su primer cargo en la Fiscalía?
Fiscal auxiliar contra la Corrupción, luego pasé a la Fiscalía de Derechos Humanos, fue la época en donde esa fiscalía estaba haciendo todo un trabajo en el tema de desapariciones forzadas; luego pasé a la Fiscalía del Consumidor, después a la unidad de asesoría técnica y capacitación. También fui asistente del abogado Humberto Palacios Moya cuando fue director de Fiscalías. Desde ahí fui rotada como fiscal de la niñez.
El estar en la Fiscalía de la Niñez ha marcado una diferencia en mi vida como fiscal.
¿Qué es lo que más la ha impactado?
Tengo que confesar que los primeros casos que yo miraba de abusos, fuertes, muy fuertes, yo lloraba y decía: ‘¡Dios mío, cómo puede estar pasando esto!’, pero después fui viendo que llorando no se resuelve el problema, lo que tenemos que ver es que en esta fiscalía se dé una respuesta inmediata, de hecho, cuando yo llegué a esta fiscalía en 2004, no se trabajaba con detenciones in fraganti, con detenciones con orden fiscal, todo iba a la fiscalía de turno, desde 2004 estamos trabajando como una fiscalía de turno, es decir, el caso llega, inmediatamente se toman las declaraciones, las evaluaciones y de ser posible ese mismo día se ordenan las detenciones de los agresores.
¿Estar en la Fiscalía de la Niñez cambió la forma de ver a sus hijos?
Bueno, yo he sido una madre muy protectora, porque vengo de un hogar muy integrado en donde mi mamá y mi papá nos dedicaron todo su tiempo, ellos han sido unos excelentes padres, todavía están juntos y hemos sido una familia muy unida; nos hemos protegido unos a otros y esa es la misma línea de formación junto a mi esposo y mis hijos, pero el hecho de ver tantos casos me ha hecho ser más cuidadosa y cada vez que puedo les digo a mis amigos que siempre sepan dónde están sus hijos, que hablen con sus hijos. Una cosa que he visto y sentido en la Fiscalía y lo he llevado a la casa, y en los lugares donde voy, es que se debe hablar con los hijos.
No es posible que un niño se suicide porque sacó malas notas en la escuela y no se lo quiere decir a su papá, no es posible que una niña se suicide porque está embarazada y tiene temor de decírselo a su papá o a su mamá. Estoy convencida de que tener una buena comunicación con los hijos evita el castigo corporal, los golpes...
¿Le ha pegado a sus hijos?
A mis hijos mayores sí, porque todavía no tenía esa conciencia, todavía no era fiscal de la niñez, pero a mi hijo menor nunca, nunca le he pegado.
¿Qué diferencia hubo en el resultado?
El resultado es el mismo y eso es lo más cruel, castigamos a nuestros hijos corporalmente, les pegamos con faja, les pegamos... hay muchas formas de castigar corporalmente a nuestros hijos y lo hemos vivido en el pasado con nuestros padres, los castigos eran corporales; sin embargo, he podido establecer la diferencia como madre de familia con mis hijos mayores, a quienes castigué corporalmente, y con mi hijo menor, a quien nunca he castigado.
A los hijos se les puede disciplinar quitándoles un juego de video, un celular, no dejándolos ir al cine o impidiendo que vayan a divertirse el fin de semana.
Mis tres hijos hacen un gran equilibrio en mi vida porque después de que yo llego de la oficina, si bien tengo encendido mi celular las 24 horas, pendiente de cualquier emergencia por mi trabajo, trato de darles calidad de tiempo, de hablar con ellos, salimos los fines de semana.
¿A su esposo, cómo lo conoció?
Bueno, fuimos compañeros toda la carrera de derecho , fuimos buenos amigos durante los años de estudio, es de San Pedro y yo de Gracias, Lempira, y en esas horas de estudio y en el compartir de clases, al salir de la carrera nos hicimos novios, eso fue desde el año 1984, llevamos 22 años casados y creo que es una de las mejores bendiciones que Dios me ha dado. Mi esposo es laboralista, especialista en materia laboral y administrativa y en este momento trabaja en la Corte Suprema de Justicia.
¿Cómo es un matrimonio entre dos abogados?
Es un matrimonio genial, podemos hablar mucho, mucho tiempo, yo hablo del área penal, del tema de familia, niñez... Él comparte conmigo mis frustraciones porque he llevado niños a mi casa para poderlos bañar y atender para enviarlos a un centro.
¿Cuándo ha llevado niños a su casa?
Cuando me dicen que un niño anda demasiado sucio y que lo vamos a llevar a un centro, me dicen las muchachas que lo han ido a recoger que vea cómo está el niño, y por lo menos dos veces hemos llevado niños porque han andado demasiado sucios. Se baña, la muchacha lo cambia, le pone ropa de mis hijos y después lo llevamos a un centro.
Si mi esposo y mis hijos no me comprendieran y apoyaran creo que no pudiera estar en este cargo.
Este es un trabajo que demanda mucho tiempo, muchas veces llego tarde, tengo que salir. Mi familia ha visto la diferencia cuando estaba en otras fiscalías en donde se puede apagar el celular, despreocupado de la oficina, contrario a la actual.
Con la ex primeda dama, Aguas Ocaña, se le vio haciendo mucho trabajo, haciendo operativos. ¿Qué ha pasado con las esposas de otros mandatarios?
Bueno, estos trabajos que hacíamos con doña Aguas es un trabajo que seguimos haciendo en la calle de recuperar niños en riesgo, solo que doña Aguas, como Primera Dama, se involucró en los operativos de rescate; bueno, no ha sido una forma de trabajo de otras Primeras Damas, cada una tiene su propia forma de trabajar.
Hablando de niñez, cuénteme de la suya
Yo tuve una niñez muy bonita, soy originaria de Gracias, Lempira, mi mami es maestra, mi padre es telegrafista, se jubiló en Hondutel, donde trabajó toda su vida. Mi madre y mi padre estuvieron asignados en varios municipios de Lempira; donde mi mamá iba de profesora, mi papá iba de telegrafista, por estar juntos. De pequeños siempre estuvimos juntos, yo nací en Santa Cruz, un municipio lenca, porque mis papás estaban ahí.
Estudié en Gracias, me gradué en el instituto Ramón Rosa, tuve la dicha de tener excelentes maestros.
Siempre fui buena estudiante, siempre tuve diplomas de excelencia académica, y cuando me gradué de bachiller mis padres me mandaron a Tegucigalpa, en donde estaban estudiando dos de mis hermanos. Vine a la Universidad Autónoma, saqué mi título de abogada y en los últimos años saqué una maestría en derechos humanos en la Universidad Autónoma.
Subiéndonos a lo árboles, bañándonos en los ríos, así fue nuestra niñez, en un ambiente muy sano, quizás con algunas limitaciones económicas, pero con mucho amor.