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'El trabajo es un regalo de Dios a los hombres”

El fundador del Opus Dei predicó hasta el final de sus días que cualquier trabajo honesto puede convertirse en la obra de Dios. Y llamó a los cristianos a no verlo como un castigo
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29.06.2013

El 2 de octubre de 1928, en Madrid, Dios le deja ver a San Josemaría Escrivá lo que desea de él, y funda el Opus Dei, que significa Obra de Dios. Desde 1928 hasta el 26 de junio de 1975, trabaja incansablemente en el desarrollo de la fundación que Dios le ha pedido.

San Josemaría solía hablar de la vieja novedad del mensaje que recibió de Dios: viejo como el Evangelio y como el Evangelio nuevo. Viejo, pues el espíritu del Opus Dei es el que han vivido los primeros cristianos, que se sabían llamados a la santidad y al apostolado sin salirse del mundo, en sus ocupaciones y tareas diarias. Por eso, la manera más fácil de entender el Opus Dei es pensar en la vida de los primeros cristianos. Ellos vivían a fondo su vocación cristiana; buscaban seriamente la perfección a la que estaban llamados por el hecho, sencillo y sublime, del bautismo.

El mensaje central del Opus Dei es sobre el trabajo. Ese trabajo que realiza cada cristiano puede ser, efectivamente, trabajo de Dios porque somos hijos adoptivos de Dios y formamos una sola cosa con Cristo. El Hijo Unigénito se ha hecho Hombre para unirnos a Sí —como los miembros de un cuerpo están unidos a la cabeza— y obrar a través de nosotros. Verdaderamente, somos de Cristo como Cristo es de Dios. Él vive y obra en el cristiano por la gracia.

EJEMPLO.
San Josemaría predicó incansablemente que cualquier trabajo honesto puede santificarse —hacerse santo—, convertirse en obra de Dios. Y que el trabajo así santificado nos identifica con Cristo —perfecto Dios y perfecto Hombre—, nos santifica y perfecciona, haciéndonos imagen suya. Es hora de que los cristianos digamos muy alto que el trabajo es un don de Dios: no un castigo o maldición, sino una realidad querida y bendecida por el Creador antes del pecado original, una realidad que el Hijo de Dios encarnado asumió en Nazaret, donde llevó una vida de largos años de trabajo cotidiano en compañía de Santa María y San José, sin brillo humano pero con esplendor divino. En manos de Jesús el trabajo, y un trabajo profesional similar al que desarrollan millones de hombres en el mundo, se convierte en tarea divina, en labor redentora, en camino de salvación.

El mismo esfuerzo que exige el trabajo ha sido elevado por Cristo a instrumento de liberación del pecado, de redención y santificación.

En nuestras manos, como en las de Cristo, el trabajo ha de convertirse en oración a Dios y en servicio a los hombres para corredención de la humanidad entera. El Creador había formado al hombre del barro de la tierra y le había hecho partícipe de su poder creador para que perfeccionara la creación, transformándola con su ingenio. Sin embargo, después del pecado, en vez de elevar las realidades de esta tierra a la gloria de Dios por medio del trabajo, frecuentemente el hombre se ciega y se degrada. Pero Jesús ha convertido el barro en colirio para curar nuestra ceguera.

Cuando descubrimos que es posible santificar el trabajo, todo se ilumina con un nuevo sentido, y empezamos a ver y amar a Dios —a ser contemplativos— en las situaciones que antes parecían monótonas y vulgares o se desplegaban sobre un horizonte sólo terreno, sin alcance eterno y sobrenatural.

EL MENSAJE.
El fundador del Opus Dei explicaba que un espléndido panorama se presenta ante nosotros: santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar con el trabajo. Cada cristiano está llamado a ser protagonista de poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas.

El 17 de mayo de 1992, Juan Pablo II beatifica a Josemaría Escrivá de Balaguer. Lo proclama santo diez años después, el 6 de octubre de 2002, en la plaza de San Pedro, en Roma, ante una gran multitud. “Siguiendo sus huellas”, dijo en esa ocasión el Papa en su homilía, “difundid en la sociedad, sin distinción de raza, clase, cultura o edad, la conciencia de que todos estamos llamados a la santidad”.