Celebramos hoy el Día del Indio en honor a la memoria de Lempira, el líder lenca cuyo valor y determinación lo convirtieron en un símbolo de resistencia y libertad durante la época de la conquista española.
De 1537 a 1539, nuestros antepasados lencas opusieron una heroica y tenaz resistencia, sabiendo que un resultado adverso resultaría en el despojo y la sumisión -material e ideológica- por parte de hombres venidos de tierras lejanas.
Dos etnias, dos culturas y dos cosmovisiones de la vida y el cosmos -una con afán de conquista, sometimiento y apropiación; la otra en defensa de su libertad y patrimonio- se enfrentaron en los campos de batalla combatiendo con tecnologías bélicas desiguales.
Tanto Lempira -como Cicumba- se han convertido, con justicia, en los primeros héroes y mártires de nuestra historia. Ambos se perpetúan en la memoria colectiva de sus descendientes, quienes los honran y evocan por sus gestas y sacrificios.
Sus epopeyas no fueron inútiles; por el contrario, ofrecieron un noble ejemplo de dignidad y entrega total a la causa libertaria. Es por ello que perduran para siempre en los anales del civismo. La historia de nuestros héroes y sus luchas no debe ser olvidadas; al contrario, deben ser recordadas y estudiadas a profundidad para aprender de sus valores, los cuales debemos seguir promoviendo para el fortalecimiento del amor patrio.
Honrar la memoria de Lempira y Cicumba no es solo mirar al pasado con orgullo, sino asumir un compromiso con el futuro, compromiso que debe empezar en nuestras aulas y hogares, sembrando en el corazón de cada niño y joven los mismos valores de dignidad, valentía y amor por nuestra tierra que guiaron a nuestros primeros héroes. Solo a través de una educación rica en valores cívicos y morales garantizaremos que las nuevas generaciones mantengan viva la llama de la libertad y la defensa de la soberanía e identidad nacional.