La situación de la seguridad vial en Honduras es crítica. Según las cifras de 2026, se ha consolidado como la segunda causa de muerte externa en el país, superada únicamente por los homicidios. De hecho, mientras la tasa de homicidios ha mostrado una tendencia a la baja, las muertes por siniestros de tránsito se mantienen en niveles alarmantes.El fin de semana anterior, la sociedad hondureña fue impactada por la tragedia ocurrida en Potrerillos, Cortés, donde perdieron la vida Hilda Esther Gutiérrez y su hijo de seis años, Kimber Leandro Pineda Gutiérrez; además, nueve personas resultaron heridas. La Policía confirmó que el conductor del autobús en que se transportaban conducía bajo los efectos del alcohol.
Que el conductor fuera “bolo” -como se dice popularmente- no sorprende, pues esta es una de las principales causas de fatalidades en el territorio nacional. Lo que sí causa indignación es que tanto las autoridades de tránsito como los dueños de las unidades sigan permitiendo que personas irresponsables tomen el volante, especialmente en el transporte urbano.A esto se suman otras causas identificadas por las autoridades: la imprudencia, el uso del celular y el exceso de velocidad.
Conociendo el origen del problema, es urgente tomar medidas para frenar estos eventos que, más allá del luto, dejan cicatrices profundas: lesiones permanentes, discapacidades y un severo impacto psicológico. Asimismo, las implicaciones económicas para las familias y el Estado -por gastos en hospitalización, cirugías y rehabilitación- son incalculables.Ante esta problemática, no podemos quedarnos de brazos cruzados limitándonos a lamentar la pérdida de vidas valiosas. Se debe actuar, y con urgencia.