En medio de la actual conflictividad política, las autoridades sanitarias han activado los protocolos de vigilancia epidemiológica a nivel nacional tras el reporte de brotes de sarampión en Guatemala y El Salvador.
La situación sanitaria es de alarma luego de confirmarse la participación de un grupo de hondureños en una actividad religiosa en Guatemala, foco donde se detectaron los primeros casos de la enfermedad. Este evento obligó a poner en cuarentena a por lo menos 90 personas procedentes de Sabá (Colón), Puerto Cortés, San Pedro Sula, Taulabé, Siguatepeque y el Distrito Central.
Actualmente, Guatemala ya reporta más de una docena de casos, mientras que El Salvador registra contagios positivos, aunque la cifra exacta aún no ha sido detallada.
Es imperativo señalar que Honduras -gracias a intensos programas de vacunación sostenidos por décadas- no registra casos autóctonos desde 1997. Asimismo, cabe recordar que el 27 de septiembre de 2016, la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) declaró a nuestro país oficialmente libre de sarampión.
Sin embargo, no debe olvidarse que esta es una enfermedad viral altamente contagiosa que puede derivar en consecuencias graves o incluso la muerte, especialmente en la población infantil, y que la vacuna es la herramienta fundamental de prevención, por lo que el llamado urgente es que toda persona no inmunizada, prioritariamente los niños, acuda a los centros de salud de inmediato.
No debemos olvidar que las vacunas no solo previenen brotes y epidemias, sino que son vitales para el sostenimiento de los precarios sistemas de salud de países como el nuestro, cuyas capacidades de atención se ven constantemente rebasadas por enfermedades que son, por definición, fácilmente prevenibles