El anuncio de la muerte de cuatro niños a causa de la tuberculosis es -además de doloroso- una noticia que debe llamarnos a la reflexión, tanto a nivel personal como de sociedad, por tratarse de una enfermedad prevenible con vacunas.
Es urgente identificar qué hemos hecho bien y qué estamos haciendo mal para que los padres de familia no estén vacunando a los más pequeños y vulnerables de su núcleo familiar, y, del otro lado, qué hacen o qué están dejando de hacer las autoridades sanitarias para llegar con el respectivo mensaje de la importancia de la vacunación y para acercar las vacunas a las comunidades.
Antes de la pandemia del covid-19, Honduras se encontraba en la lista de los países con mejores tasas de vacunación en el continente americano. Incluso, fuimos reconocidos por lograr la erradicación de nuestro territorio de enfermedades como la poliomielitis y el sarampión, que por estos días nos amenaza de nuevo.
Sin duda que el camino para desmontar el mensaje de los antivacunas que viene creciendo tras la pandemia del covid-19 no será fácil, pero se tiene que arreciar los mensajes sobre la importancia de la vacunación en la prevención de enfermedades.
Las vacunas son -sin duda- la herramienta más efectiva contra enfermedades como la tuberculosis, por eso todos los esfuerzos deben estar encaminados a volver a elevar los índices de vacunación en el territorio nacional, asegurando el acceso a las vacunas de la población elegible, principalmente la de los niños y niñas menores de cinco años, y haciendo conciencia en los padres y madres de familia, en la población adulta, sobre la importancia de estos procesos, que contribuyen significativamente a mejorar la salud pública y el bienestar de las comunidades.
No olvidar el mensaje de los médicos: vacunarse es elegir la vida, la ciencia y el bienestar de los que más queremos