La semana pasada, la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) denunció una serie de irregularidades en el manejo de más de L6,000 millones del Bono Tecnológico Productivo (BTP), fondos millonarios ejecutados durante la administración de la presidenta Castro. Actualmente, no existen documentos que respalden la liquidación de dichos recursos. Tampoco se cuenta con un registro claro que permita identificar a los beneficiarios del programa de apoyo agrícola, lo que impide verificar si los insumos llegaron efectivamente a los productores del país, dijeron autoridades de la dependencia.
La denuncia ha sido avalada por algunos productores que dicen tener conocimiento de que parte de los bonos no fueron entregados a sus destinatarios originales; por el contrario, afirman que muchos se otorgaron a personas ajenas a la actividad agrícola, quienes posteriormente vendían los productos recibidos.
El caso ya se encuentra en manos de los órganos contralores competentes e incluso del Ministerio Público. Se espera que estas instituciones realicen las investigaciones correspondientes y procedan legalmente contra los responsables, si los hay, una vez que concluyan las indagaciones.
Casos similares han sido comunes en distintas administraciones del Estado sin que históricamente hayan sido debidamente documentados, investigados o denunciados.
La impunidad ha campeado en el país, permitiendo que estos atropellos se sigan cometiendo bajo el entendido de que los implicados nunca enfrentarán a la justicia, perpetuando así la comisión de estos delitos.
Las redes de corrupción estatal solo lograrán ser desmanteladas cuando se aplique la ley con rigor a quienes la incumplen y a quienes llegan a los cargos públicos con el único fin de favorecer sus intereses personales y los de sus allegados. Cada centavo desviado a los bolsillos de particulares va en detrimento del acceso a la salud, la educación y otros derechos fundamentales de los ciudadanos más desposeídos.