Honduras tiene en marcha el Censo Nacional de Población y Vivienda 2026, una herramienta de altísima importancia para la planificación del país.
Este proceso pretende actualizar la información sobre cuántos hondureños hay, dónde viven y cuáles son sus condiciones demográficas, sociales, económicas y habitacionales. El último censo se realizó en 2013, lo que solo significa que el país ha trabajado durante años con proyecciones que ya no reflejan adecuadamente las transformaciones en materia de población, migración, urbanización, composición de los hogares y vivienda. De ahí la urgencia de contar con estadísticas actualizadas que permitan enfocar con precisión sus políticas públicas.
Sin embargo, la desconfianza y la politización han marcado el proceso. El Instituto Nacional de Estadística (INE) reconoce que han enfrentado rechazos e incidentes en el trabajo de campo. Sus autoridades informaron que algunos censistas han sido expulsados de determinadas zonas, les han lanzado agua e incluso han usado perros o machetes para impedirles cumplir su labor.
A esto se suma la desinformación en redes sociales, donde se difunden falsedades que incitan a los hogares a no recibir al personal.Es fundamental comprender que el censo es un instrumento clave para atender las necesidades colectivas y que la negativa a brindar datos afecta la calidad y representatividad del resultado final.Vencer la desconfianza y la desinformación es hoy el reto principal de las autoridades para lograr que la ciudadanía abra las puertas de sus hogares y entregue la información necesaria para planificar el futuro del país.
Contar con estadísticas demográficas modernas es una prioridad de Estado, ya que sirve como la base indispensable para la creación de políticas públicas efectivas y la toma de decisiones estratégicas en todos los sectores de Honduras.