El presidente Nasry Asfura sorprendió ayer con el anuncio que personalmente asume la dirección de la Secretaría de Salud (Sesal) con un equipo conformado por sus designados presidenciales.
Asfura ha definido la atención en salud como uno de los pilares de su administración de cuatro años, un reto, ciertamente, monumental, dado las condiciones de precariedad del sistema.
Lo cierto es que la dotación de servicios de salud dignos es una aspiración que no han logrado concretar todos y cada uno de los gobiernos anteriores al actual y en algunos de los cuales, más bien, tales servicios se han deteriorado.
Es así que la administración de Asfura encuentra un sistema sanitario que arrastra una deuda histórica y problemas estructurales como la intermitente dotación de medicamentos e insumos; cuestionados procesos de adquisiciones y uso de los presupuestos, equipos médicos obsoletos y en mal estado, infraestructura de hospitales y centros de salud deteriorados, sobrecarga de pacientes, falta de camas y alta mora quirúrgica.
La carencia de personal médico especializado y la falta de calidez en el trato a los pacientes de parte del personal empleado, son otros problemas que no se deben olvidar.Tampoco, que este es un sector altamente complejo en la relación del personal de la secretaría con sus patronos, el Gobierno de turno. Se estima que en este ambiente coexisten más de una docena de sindicatos de base y organizaciones de profesionales que a la hora de un conflicto o una negociación salarial, cumplen la misma función.
Si bien en su discurso inaugural, Asfura ha dejado clara su intención de atacar de frente la problemática en salud, también lo es que no será una tarea fácil ni rápida y que deberá contar con el apoyo no solo de su equipo, sino de la sociedad en general para alcanzar los objetivos propuestos.