Esta semana se hizo viral un vídeo en el que se observa al alcalde de Yuscarán, El Paraíso, Johny Alejandro Carrasco, ingiriendo bebidas alcohólicas y fumando dentro del Salón Municipal. En la misma grabación se escucha a uno de los participantes de la reunión decir: “Cada vez que venga una transferencia nos vamos a repartir un millón de pesos para seguir la parranda”.
Las críticas hacia el edil no han cesado y, si bien ya ha pedido disculpas públicas por lo sucedido, son muchas las voces que exigen que esta acción no quede impune y sea debidamente sancionada conforme a las leyes nacionales.
El Código de Conducta Ética del Servidor Público de Honduras (Decreto No. 36-2007), en su Artículo 15, establece claramente que [...] “en los lugares de trabajo queda prohibida toda actividad ajena a las funciones públicas”. En ese sentido, la conducta del jefe municipal resulta a todas luces irrespetuosa de la alta investidura que la comunidad le otorgó en las urnas para administrar sus bienes.
“La corrupción va más allá de robar o cometer actos ilícitos; también representa las acciones que van en contra de los mandatos estipulados a los servidores públicos”, expuso sobre el tema Cristian Nolasco, experto en auditoría social del Consejo Nacional Anticorrupción, ente desde el cual se solicita una investigación exhaustiva del hecho y la aplicación de las sanciones correspondientes.
Este lamentable episodio no debe reducirse a un escándalo pasajero de redes sociales. Es una oportunidad crucial para que la institucionalidad hondureña demuestre que la ética pública no es tan solo un enunciado.
La ciudadanía de Yuscarán, y del país entero, merece gobernantes a la altura de su confianza, capaces de entender que los recursos y espacios públicos pertenecen al pueblo, no a la parranda.