Violencia, recurso de incapaces

La violencia verbal, las amenazas (...) para amedrentar la opinión pública o para reprimir voces internas disidentes, fue instrumento de uso diario”

  • Actualizado: 10 de enero de 2026 a las 00:00

En el libro de la historia de estos últimos cuatro años, las páginas que recogen los acontecimientos cotidianos de esta nuestra Honduras, no estarán llenas de luz. Los nubarrones más oscuros que suelen opacar el sol del desarrollo se posesionaron de los cielos hondureños impidiendo que encontrásemos el camino hacia la nueva Honduras que todos hemos anhelado durante muchísimas décadas.

De nada sirvieron los miles de millones extraídos de las bolsas de los contribuyentes, supuestamente, para fortalecer nuestros instrumentos de seguridad, muchos de esos miles de millones fueron derrochados sin misericordia para cubrir gastos que no tenían nada que ver con el equipamiento, modernización y reclutamiento de personal calificado para el mejor desempeño de las responsabilidades de asegurar la vida y los bienes de los hondureños.

El alquiler de vehículos de lujo blindados fue escandaloso. De esta manera se disfrazó la promesa de no adquirir más vehículos para funcionarios hasta de segunda y tercera categoría o de su personal doméstico, quien se les miraba en los mercados con sus guardias de seguridad, acarreando las bolsas de verduras para el consumo privado hasta de oscuros personajes que no tenían nada que ver con la administración oficial del Estado. En otras palabras, no se compraron, pero se alquilaron a un mayor costo.

Los actos de violencia que llenaron de sangre nuestras calles, las invasiones a unidades agrícolas productivas por delincuentes o vividores profesionales de la usurpación de tierras, fue noticia de todos los días; la violación, tortura y hasta asesinato de nuestras jóvenes mujeres, se convirtió en acontecimientos rutinarios.

Sin embargo, la violencia verbal, las amenazas, la utilización de las instituciones operadoras de la justicia para amedrentar la opinión pública o para reprimir voces internas disidentes, fue instrumento de uso diario, la incapacidad manifiesta de una enorme cantidad de funcionarios y empleados públicos, se oculto con el despilfarro de recursos públicos en campañas publicitarias improductivas que, por su pésima calidad de producción, no lograron convencer a nadie. La utilización de los medios públicos, de radio y televisión para la transmisión de eventos políticos del partido de gobierno, fue vergonzosa y ofensiva. El pago de otros cientos de millones en concentraciones políticas de Libre, que implicaron el acarreo de ciudadanos residentes en localidades ubicadas a cientos de kilómetros de los puntos de reunión, constituyó una bofetada en el rostro de un pueblo empobrecido, altamente necesitado de medicamentos, atenciones médicas, de centros de educación, de maestros, de textos, etc.

Todos estos acontecimientos, a vista y paciencia de un pueblo contemplativo de su desgracia, que vio a su verdugo inferir la puñalada en el costado de una Honduras merecedora de un mejor destino. La violencia que ejerció un gobierno de incapaces sobre un pueblo inerme es imperdonable, la próxima administración deberá hacer suya la investigación, enjuiciamiento y condena de esos verdugos del país que han pretendido seguir estrangulando sin misericordia alguna a nuestro pueblo hondureño.

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