Este mes, cuando Honduras celebra a la mujer hondureña, es necesario recordar que, detrás de las conmemoraciones, muchas mujeres siguen enfrentando situaciones de violencia que vulneran sus derechos más fundamentales. La violencia contra la mujer es una expresión brutal de desigualdad y abuso de poder que atraviesa todos los espacios de la vida cotidiana. Se manifiesta en agresiones físicas, sexuales y psicológicas, amenazas, coacción o privación de libertad, y afecta tanto la esfera privada como la pública. La ONU la define como todo acto basado en el sexo femenino que cause o pueda causar daño, subrayando que estas violencias no son incidentes aislados, sino una problemática estructural que exige atención inmediata.
Con el desarrollo de las tecnologías digitales han surgido nuevas formas de violencia. La ciberviolencia afecta especialmente a mujeres y niñas a través de redes sociales, plataformas digitales e internet.
Entre sus formas más comunes se encuentran el ciberbullying y el hostigamiento mediante insultos sexistas y misóginos -es decir, que muestran desprecio o rechazo hacia las mujeres-; la difusión no consentida de imágenes íntimas, como el sexting privado divulgado sin permiso, el shaming para avergonzar públicamente y el doxing, que expone datos personales con fines de intimidación. También se presenta el discurso de odio por razones de género, el control y chantaje digital de parejas o exparejas, el acecho en línea y la violencia política digital contra mujeres en la esfera pública.
El impacto de la violencia de género digital es profundo: provoca ansiedad, depresión, miedo y daños emocionales duraderos. Restringe la libertad de las mujeres, quienes dejan de expresarse o de participar en espacios digitales por temor, y genera efectos reales en su vida cotidiana. Además, constituye un obstáculo serio para la igualdad, al intentar frenar los avances de las mujeres en la vida pública y privada.
En Honduras, esta realidad se ve agravada por un vacío legal. No existe una ley específica que tipifique la violencia de género digital o ciberviolencia como delito autónomo. Esto favorece la impunidad y envía un mensaje de tolerancia frente a agresiones que vulneran derechos humanos. Por ello, es urgente que el nuevo gobierno cree una ley que tipifique estas conductas, establezca sanciones proporcionales, mecanismos de denuncia accesibles y medidas de prevención, y garantice su efectiva aplicación.
Frente a discursos que minimizan estas agresiones -“qué escándalo por una simple foto”- es necesario educar desde el hogar, la escuela y la infancia en respeto y dignidad, reforzar la ciberseguridad y asegurar el compromiso del Estado para prevenir la violencia digital.
Conmemorar el Día de la Mujer Hondureña es también celebrar la fuerza, la valentía y la resiliencia de todas las mujeres del país, que cada día enfrentan desafíos y construyen un futuro mejor. Ser mujer no es fácil, y su lucha merece reconocimiento, apoyo y respeto. Que este día sirva para reafirmar su derecho a vivir, expresarse y participar plenamente, también en el mundo digital